19 de enero 2004 - 00:00

Klotz: una arquitectura que recupera lo social

Klotz: una arquitectura que recupera lo social
H ace varios años, la editorial Phaidon invitó al autor de esta nota para participar en el libro «10 x 10= 100», donde diez críticos elegían, cada uno, obras de diez arquitectos emergentes. Se propuso, entre los diez profesionales, a Mathías Klotz, receptor de múltiples distinciones, entre ellas, el Premio Borromini al arquitecto menor de 40 años, otorgado en Roma en 2001.

Klotz
(1965), graduado en la Universidad Católica de Chile en 1991, ha desempeñado la docencia en su país y en el exterior y, desde 2001, es director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Diego Portales en Santiago. Sobre esta actividad académica ha señalado que su objetivo principal es recordar que el arquitecto debe estar al servicio de la sociedad. Por ello en la escuela que dirige orienta la formación hacia «las materias que el arquitecto debe dominar: urbanismo, construcción, estructuras y teoría. Con ellas, el profesional debe ser capaz de realizar observaciones reales y presentar un producto sensible».

Aunque se formó en los años ochenta, en una escuela que estaba muy cerca del posmodernismo, Klotz reconoce ya en aquellos años su interés por el movimiento moderno, especialmente por los arquitectos y artistas alemanes de la gran escuela de diseño, la Bauhaus, cerrada por Hitler. Pero, como observó Stan Allen -decano de la Escuela de Arquitectura de Princeton, «nunca se podría llamar sentimental a Klotz, pues su uso de las estrategias del movimiento moderno no es nostálgico. En su obra hay una frescura que procede de examinar objetivamente cada problema en sus propios términos».

«No tengo grandes explicaciones que dar; eso sí, he conocido a algunas personas, algunas obras y he leído algunos libros que, queriendo o sin querer, están presentes en mis obras y me han servido para reafirmar algunas cosas y descubrir otras».
Dada la fuerza del paisaje natural chileno, Klotz ha reflexionado sobre su incidencia en la arquitectura. Sus obras tienen en cuenta en primer lugar la topografía, para luego considerar los materiales y las texturas.

«Todo está allí: calvicie geológica, selva dura, largos vergeles, nieves y témpanos últimos»,
decía Gabriela Mistral en el prólogo a «Chile o una loca geografía». Tomando como punto de partida su ciudad y su país, Klotz ha pasado a ser un exitoso diseñador latinoamericano.Selecciona los nuevos elementos y tecnologías, ligándolos al proyecto de la estructura, nunca de modo disociado.

«En un proyecto, nunca me sucede que piense posteriormentecon qué material lo construiré o qué piel va a tener. Trato de evitar el así llamado interiorismo o fachadismo».
En un polígono industrial de Santiago, casi como una isla, surge el edificio «Pizarras Ibéricas» (Huechuraba, 1997), al que se ingresa por un puente ya que está rodeado de un espejo de agua.

La imagen exterior es la de dos grandes bloques de piedra. La primera planta comprende el área de atención al público, la segunda incluye las oficinas y la tercera el sector destinado al desarrollo de los proyectos de la empresa ligados a la venta de piedra. El conjunto no se vincula con el exterior en las primeras plantas sino en la tercera, desde donde se aprecian la costa y la cordillera.

En la Casa Reutter ( Cantagua, 1998), residencia de verano ubicada en la ladera de un bosque de pinos en la playa de Cachagua, transformó los árboles existentes en un jardín con vistas diferentes desde cada nivel de la casa. La obra se caracteriza por su materialidad, ya que sobre un muro de hormigón armado, se encuentra una losa y dos volúmenes en voladizo con estructura metálica, revestidos uno con cobre y otro con madera.

Ubicada en la costa del litoral central, a 160 km. al norte de Santiago, la idea fundamental en la Casa Muchnick (Cantagua, 2001-2002), es su concepción como terraza habitable frente al mar. Una broma frecuente en su estudio es que «Klotz» en alemán significa «bloque», y este joven arquitecto tiene predilección por los cubos y las cajas como puntos de partida de sus elegantes casas geométricas.

Klotz
se identifica con la famosa definición del gran maestro de la arquitectura vienesa Adolf Loos: «La obra de arte es revolucionaria, la casa piensa en el presente». La planta principal se organiza en torno a dos circulaciones, una exterior y otra interior, y todo el conjunto está pensado como un espacio continuo. La estructura es mixta, de acero y hormigón a la vista, con revestimientos exteriores de madera.

Entre sus trabajos de arquitectura institucional, se destaca el Colegio Altamira (Santiago, 2000). Es el resultado de un concurso para una escuela de 10.000 m2, para 1400 alumnos, en las faldas de los Andes. Su propuesta partió de la conjunción de tres factores: el terreno con un plano inclinado y dos vistas increíbles, una hacia la cordillera y otra hacia la ciudad.

Las fachadas este y oeste son de hormigón, la sur es de madera y la norte, de aluminio, vidrio y paneles de colores, un recurso singular con el que buscó evitar la sucesión monótona de puertas y ventanas. Desarrolló un sistema de puertas, creando una textura, con un ritmo y una lógica. Los colores favorecen que estos elementos puedan pasar desapercibidos.

•En la Argentina

Su proyecto para la Casa Ponce (Buenos Aires, 2001-2002) se relaciona con el terreno en pendiente de cara al río. Su planteo en esta obra porteña es destacar una sucesión de miradores sobre el agua. El solar se caracteriza por su aspecto de barranco, ya que tiene una marcada pendiente hacia el río, es angosto y largo. Para preservar la perspectiva al río, Klotz desarrollóla casa a partir de dos cuerpos flotantes y un zócalo semienterrado. La planta principal es un volumen vidriado que se vincula con todo el entorno.

Aunque se trata de un trabajo más convencional, la
Casa Lería (Cantagua, 2002), se distingue por ubicar la masa sobre la fragilidad, ya que se trata de dos volúmenes de piedra sobre uno de vidrio. La disposición en «L» favorece las vistas y protege la casa de los vientos del sur.

En relación con el lugar en la arquitectura, ha respondido
«No tengo idea si he encontrado un lugar, pero pienso que hay algunos proyectos que sí lo tienen. La Casa Reutter, al trepar a los árboles; la Bodega Las Niñas, al iluminar el espacio industrial con luz natural; la Casa Muchnick, al construir una terraza habitable; y finalmente, la Casa Ponce, en el Río de la Plata».

Klotz
vino a Buenos Aires hace pocas semanas invitado por la Universidad de Palermo para el Coloquio sobre Arquitectura del Futuro, que se llevó a cabo en el Museo Bellas Artes. En una entrevista a raíz de su proyecto como decano de una Facultad de Arquitectura, le contestó al crítico Hernán Garfias, director de la revista «Diseño»: «Mi interés es hacer una escuela que se preocupe por educar arquitectos sensatos. Esto, que puede parecer obvio, no lo es tanto. Creo que, en este momento, y no sólo en Chile sino en el mundo entero, las escuelas de arquitectura están bastante alejadas de las necesidades reales. No se debe olvidar que la arquitectura es un servicio y el arquitecto está al servicio de la sociedad. Creo que no tiene que ser una escuela que forme prima donnas, y menos aún en nuestro contexto. En este momento, la arquitectura tiene que preocuparse por la ciudad, un problema dramático en toda América latina, desde México hasta la Patagonia. Debemos preocuparnos por cuidar este paisaje sublime y por estar al servicio de una porción mayoritaria de la población, a la que no se le presta ningún servicio en este momento».

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