«La boda» («Monsoon wedding», EE.UU.-India, 2001, habl. en inglés e hindi). Dir.: M. Nair. Guión: S. Dhawan. Int.: N. Shah, V. Raaz, L. Dubey, S. Shetty.
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C on esta obra -la quinta de su filmografía la directora india residente en EE.UU., Mira Nair, se propuso tres cosas. Una, volver a su país para mostrar una postal diferente a la que ella misma dio en «Salaam Bombay». Esta vez retrata a una familia de clase media alta de Nueva Delhi, durante los preparativos del casamiento arreglado de la única hija mujer. Dos, rendir homenaje a los musicales de Bollywood, la industria cinematográfica que, con sede en Bombay, produce anualmente alrededor de mil películas caracterizadas por convenciones tales como un romanticismo de culebrón, máximo respeto a las tradiciones familiares, canciones y bailes en cualquier momento y sin razón argumental que lo amerite, etc. Por último, probar algunas reglas del dogma danés.
Aparte de coincidir con «La celebración» centrándose en una multitudinaria y accidentada reunión familiar -pedófilo incluido, algo que jamás admitiría Bollywood-, Nair toma del Dogma la zigzagueante cámara en mano, sobre todo para los exteriores, que aunque sólo paisajísticos en su mayoría, son útiles para ilustrar a los ajenos sobre los contrastes de la sociedad india.
En cuanto al homenaje, tranquilícese lector, que si alguien canta o baila lo hace con un sentido dentro de la trama. Sin embargo, el mayor riesgo que corre la directora es trasplantar, sin precipitarse definitivamente al híbrido, las inocentadas románticas de Bollywood a una clase que, a la vez, critica cariñosamente (el film está dedicado a su familia) por su occidentalización, entre otras cosas. La mayoría de los invitados viene de o quiere irse a los Estados Unidos y todos hablan preferentemente en inglés.
Por eso, frente a la endeble problemática de los novios protagónicos se impone el romance entre una sirvienta de la casa y el pintoresco solterón contratado para organizar los festejos. Cierra como historia, combina perfectamente con los cánones bollywoodenses, es creíble en cualquier sitio. Y, claro, conmueve.
De ese cóctel salió, de todos modos, un film agradable que destila vitalidad, alegría, colorido y belleza por todos lados: hombres, mujeres, saris, adornos, ritos. Pero, de ahí a merecer el León de Oro concedido por el jurado de Venecia 2001, hay un trecho.
Curiosamente, lo que la hizo ganar ese prestigioso premio y el arrobamiento de públicos occidentales -léase pretenciones de film de arte más exotismo-distancian «La boda» del modelo Bollywood y, cabe presumir, de los varios millones de espectadores que lo consumen, allá, en la India.
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