17 de junio 2008 - 00:00

La calidad sin edades: Decker y Lavandera

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dir.: Franz-Paul Decker. Sol.: H. Lavandera. Obras de Bach-Elgar, Hindemith, Ginastera y Gershwin. (Teatro Coliseo.)

La Orquesta Folarmónica de Buenos Aires ofreció un nuevo concierto de su ciclo anual y lo repitió al día siguiente para la Asociación Festivales Musicales de Buenos Aires dentro de su «Festival 2008, Bach y el Siglo XX». El concierto tuvo brillo por la presencia de dos destacados músicos, de generaciones distintas, pero ambos con gran calidad musical: el director Franz-Paul Decker y el pianista Horacio Lavandera, separados por sesenta años pero con un entendimiento artístico absoluto. Se unieron en el energético «Concierto en Fa», de George Gershwin, que cerró ambas presentaciones.

El sentido del ritmo y del color de los intérpretes logró una versión regocijante. El virtuosismo de Lavandera, logrado con una técnica excepcional, allanó cualquier dificultad y se elevó con un y swing imparable. El experimentado Decker lo siguió con la riqueza de la Filarmónica, a pesar de los tortuosos caminos que debe recorrer el organismo para la preparación de sus obras, sin salas adecuadas y con el Colón eternamente inhabilitado. Un milagro argentino, sin dudas.

Los otros autores visitados fueron Bach-Elgar Fantasía y Fuga en Do menor»), Hindemith («Sinfonía Matías el pintor») y Ginastera (Obertura para el «Fausto» criollo), donde los filarmónicos demostraron su valía en un repertorio poco habitual, si exceptuamos a Ginastera. La rimbombante orquestación de Elgar de la Fantasía y Fuga de Bach (BWV 537) y la aséptica «Matías el pintor», creada en los albores del nazismo, contaron con la calidad instrumental de la orquesta, dirigida por Decker con su estilo tradicional, casi en extinción. Aunque el jueves faltó un corno (el cornista quedó atrapado por los piquetes y no logró llegar a tiempo), la obra de Elgar se oyó con esplendor. «Total como ustedes no la conocen, no van a notar la ausencia del corno» dijo Decker al público. Y tenía razón. Es una obra a la que no le importa un corno.

Dejá tu comentario

Te puede interesar