El Grosso Concerto. Concierto de Les Luthiers y la Camerata Bariloche. Programa: Obras de G.Bottesini, Bártok y Les Luthiers, entre otros (Teatro Argentino de La Plata).
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Muy agradable resultó el fin de semana en el Teatro Argentino de La Plata gracias al espectáculo de Les Luthiers con la Camerata Bariloche, titulado «El Grosso Concerto». Sin embargo, y aun pese a su respetable extensión, dejó con ganas de algo más.
No es común que ambos organismos -de lo mejor que se ha hecho en Argentina para distracción y deleite con altura-actúen juntos (antes sólo lo hicieron, ocasionalmente, en el Colón y el Luna Park), y la sola idea de su reunión ya parecía equivaler a potenciación, de modo que la gran sala Alberto Ginastera estuvo prácticamente llena en todas las funciones, desde la platea hasta el fondo del gallinero. Sin dudas algo similar ocurrirá cuando se presenten el próximo verano en Mar del Plata y Punta del Este -con las variantes de cada sala, ya que algunas carecen de pullman.
En la primera parte, la Camerata propone el Gran Dúo Concertante, de Giovanni Botessini, con su hipnótico balanceo de violín y contrabajo (respectivamente, Fernando Hasaj y Oscar Carnero), y las Danzas Folklóricas Rumanas, de Béla Bartók, dos números excelentes, aunque sin mayor relación con lo que sigue: seis piezas cómicas, cada una de distinto género, y todas con sus respectivos y jocundos prólogos, a cargo de Les Luthiers. Y aunque ninguna sea nueva, ni suficientemente vieja como para parecer nueva, el mecanismo sigue funcionando. Pero lo mejor, y lo más esperado de la noche, viene tras un intervalo de veinte minutos: al fin, todos juntos.
Ahí se suceden un fragmento de la opera de Mastropiero «La hija de Escipión», el breve Concierto para Piano y Orquesta de Serguei Dimitri Mpkstroff, interpretado un poco a la manera de los Hermanos Marx, y el celebrado episodio de la zarzuela náutica «Las majas del bergantín», placentera página que ya es un clásico, y que en este caso se enriquece con un cuerpo de vientos invitados por la Camerata, muy en espíritu, como corresponde. Se nota que varios músicos, y el propio Hasaj, director del conjunto, disfrutan a gusto de esta parte. Surge burlonamente un compás de «Hava Naguila», cuando Daniel Rabinovich confiesa su origen judío en «La hija de Escipión», y todos se prestan a la broma, un poco más tarde, a propósito de una conocida convención en el saludo orquestal. Pero cabe sospechar que la Camerata todavía podría soltarse un poco más. Ojalá ello ocurra en sucesivas ediciones. De regalo, va el auténtico «Concerto Grosso a la Rustica», para orquesta e instrumentos autóctonos, otra joya.
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