Que Woody Allen es incomprendido por la mayor parte del público norteamericano no es nada nuevo. Pero, con su nueva película, «Hollywood Ending», se acaba de ganar también el más sonado de los menosprecios por parte de la crítica nacional, incluida la de su amada Nueva York.
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La comedia, sobre un oscarizado cineasta en decadencia cuya última oportunidad de resurrección es truncada por una ceguera psicosomática, ha despertado escasas carcajadas, y sí una abierta sensación de hastío, entre otras cosas, por «la tendencia de Woody Allen a interpretarse eternamente a sí mismo». En plena fiebre arácnida de fin de semana (el estreno de «El hombre araña» batió récords), sólo un puñado de incondicionales acudían el viernes, en Nueva York, a las sesiones tempranas para contemplar, con tristeza, la historia de Val Waxman, que parece una envejecida versión del papel que Allen ya interpretó en «Recuerdos». La trama de la historia de un director falto de visión física abocado a un estrepitoso despropósito se lo ha puesto a los críticos realmente a pedir de boca. «Una vez que se difumina la energía de las bromas, nos quedamos con un proyecto tan rancio que dan ganas de abrir las ventanas para tomar algo de aire». Así se despachaba en el primer párrafo el crítico cinematográfico de «The New York Times», Elvis Mitchell. «Allen ha estado reflexionando sobre la mortalidad desde joven, pero su película número 31 lo enfrenta finalmente con la amenaza de la falta de propósito (en la vida)», escribía esta semana Dennis Lim, en el popular semanario alternativo «The Village Voice». Hasta su grupo más afín lo vapuleó. «Con casi dos horas de duración, la película «Hollywood Ending» es larga para lo normal en Woody Allen. Y además innecesariamente larga, dado los largos minutos dedicados a chistes repetitivos y faltos de gracia...», escribe el especialista de cine de la agencia «Associated Press», David Germain.
A lo más que llega la amabilidad de la prensa es a describir la película como «otra obra ligera y menor», acorde con la última fase de producciones escasamente trascendentales del director neoyorquino. La revista nacional «Entertainment Weekly», la ha comparado en superficialidad con «Celebrity». Joe Morgenstern, de «The Wall Street Journal», hablaba el viernes del «sentido de falsedad de toda la película». Para Morgenstern, el final clásico en el director neoyorquino es la culminación del desastre: «No es un desenlace típico de Hollywood, sino de Woody Allen. Se queda otra vez con una mujer maravillosa, que es demasiado joven para él. Esa es la verdadera ceguera, y no resulta graciosa».
La mayor parte de los comentarios subrayan los achaques del sexagenario Allen. «Su personaje cinematográfico no está envejeciendo bien», asegura Kenneth Turan, en «Los Angeles Times», donde llega a decir que «Allen se ha convertido en su peor enemigo». «Un final de Hollywood, evoca, de forma espantosa, el 'Eyes Wide Shut' (Ojos bien cerrados) de Stanley Kubrick, que parecía una película hecha por un individuo que no había salido de sus casa en 30 años», apostilla «The New York Times».
La crítica le reprocha que ha perdido su mordacidad y parece haberse reconciliado incluso con Hollywood (antes de que el 11 de septiembre lo llevase finalmente a los Oscar) y no saca partido a la sátira de la industria. En el elenco se salvan pocos. Tan sólo la actriz Téa Leoni, que interpreta a su ex mujer, recibe algún que otro comentario positivo, aunque la sitúan lejos de otros personajes fememinos de películas recientes.
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