10 de agosto 2007 - 00:00
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Guido De
Benedetti:
«Chaplin era
un gran
bailarín.
Venía del
vaudeville y
había visto
ese tipo de
espectáculos
durante toda
su infancia».
P.: ¿Y «Giselle»?
G.D.B.: Fue la primera obra que bailé como bailarín y me pareció importante volver a ponerla en escena para esta celebración. Respeté toda la música y el argumento. Utilicé elementos multimedia para tratar de solucionar problemas de ambientación en el escenario del Avenida, que no es el Colón, naturalmente. El público va a ver una «Giselle» aggiornada, pero a la vez tradicional.
P.: Usted trabajó en el Teatro Colón en distintos rubros. Fue bailarín, coreógrafo y hasta director de la compañía en una oportunidad, ¿cómo ve su actual situación, su repertorio?
G.D.B.: Todo sigue igual. Hay que hacer grandes cambios, recuperar la mística y el espacio que realmente merece el Colón. En este momento la compañía del Colón es como si fueran tres compañías. Tres generaciones muy diferentes ( mayores de 45, de 35 y de 20 años) que habría que equilibrar. Debería ser una compañía de 80 o 100 bailarines donde la gente que ya no esté en condiciones de bailar, pudiera hacer otras cosas. La gente grande y con experiencia debe ser aprovechada como hacen los otros grandes teatros del mundo. Esa gente debe ser utilizada para otras tareas que la danza demanda. Con veinte o treinta años de profesión tiene un conocimiento profundo que hay que buscar en la danza y cómo canalizar esa búsqueda. El Colón es el mayor productor de espectáculos de ballet de Sudamérica y debe contar con una voluntad política firme para que ese potencial sea aprovechado al máximo. Este es un muy buen momento para cambiar, reacomodar la institución. La limpieza de su aspecto exterior debe dar lugar a un reacomodamiento interno, lo que está «dentro» de la institución. El Colón va quedar muy bonito pero la belleza del edificio debe venir aparejada con un renacer de todas las áreas del teatro. Hay muchos artistas que se van y terminan siendo primeros bailarines en otros teatros y deberían ser aprovechados aquí. El sello del Colón debe estar ya en la escuela que genera los bailarines de hoy y los del futuro. Su escuela también merece un recambio y dar mejores resultados de los que da hoy. Hay que crear no sólo bailarines, sino artistas completos. Eso todavía es una carencia.
P.: ¿Y en cuanto a las funciones?
G.D.B.: El Ballet Estable debería pasar de las cincuenta funciones anuales a cien, o más. Creo que en algún momento se va a llegar a esa cantidad. No es fácil manejarlo. Cuando fui director de la compañía tuve apoyo de la direccióndel teatro -Juan Carlos Montero, en ese momento-y creo haber hecho algunas cosas interesantes, al respecto.
P.: ¿Puede puntualizar sus grandes momentos en 30 años con la danza?
G.D.B.: Creo que he tenido una vida pródiga en la danza. Lo primero es haber bailado en el Teatro Colón. Haber participado en obras como «Giselle», «Don Quijote» o «La fierecilla domada» y trabajado con grandes como Liliana Belfiore, Maia Plissetskaia, Alexandra Ferri, Ludmila Semeniaka, Anita Botafogo, Sandra Rodríguez... También pude trabajar con grandes maestros como Chabukiani y con los que me formaron en la Argentina, como Olga Ferri, Enrique Lommi, Antonio Truyol.
Entrevista de Eduardo Giorello

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