7 de julio 2008 - 00:00
La diversidad, una marca del arte latinoamericano actual
-
La infravalorada serie policial de HBO Max que te sorprenderá y podés terminar en una sola tarde
-
Una familia muy turbia: la joya escondida de Disney + que te dejará con la boca abierta
Por su textura, «Pintura blanda negra y blanca», de Eduardo
Costa, invita a ser tocada para corroborar la elasticidad
del material.
En el subsuelo de la galería Ruth Benzacar, el talentoso conceptualista Eduardo Costa exhibe una obra que oscila entre la escultura y la pintura. A partir de las posibilidades que ofrece el empaste pictórico, el artista trabaja el volumen de la pintura, le brinda generosas formas y un inusitado relieve que transforma sus obras en esculturas. Sus elaborados manierismos surgen de la idea de explorar los límites de la materia y, así, la pintura deja de ser el medio que ayuda a representar un fruto, un lienzo o un plano, para convertirse en el propio objeto que se pretende reproducir.
Es decir, con sus habilidosas manos, Costa construye las formas de un fruto acumulando capa sobre capa la pintura de adentro hacia fuera, primero le brinda forma a las semillas, y cuando éstas tienen el volumen esperado le agrega la pulpa, luego, reviste todo con la cáscara, hasta alcanzar la reproducción exacta del original. De este modo, si se hiciera un corte transversal, el interior del fruto construido con el empaste pictórico, quedaría a la vista tal cual es en la realidad. En una memorable performance, el artistarompió un huevo de avestruzque había realizado con este procedimiento, derramó sobre un plato la clara de pintura acrílica transparente y gelatinosa que rodeaba la yema, y que poco a poco se solidificó al tomar contacto con el aire.
En la muestra, Costa presenta «Pintura blanda negra y blanca», que por su textura invita a ser tocada para corroborarla elasticidad del material. La obra imita un cuadro que cuelga de la pared, pero desde la base se despega e invade el espacio, convirtiéndose en una forma escultórica. ¿Por qué no modelar las obras con resinas sintéticas si el efecto final puede ser similar?
«Cuando comencé, hace 14 años a rescatar la pintura del aburrimiento estructural en que se encontraba -señala Costa-, tuve que continuar las innovaciones geniales (y autóctonas) que me habían inspirado, desde Madí hasta -y principalmente- Fontana, cuya manera de pensar nos entregó un mundo pictórico renovado a fuerza de profundidad y sentido», dice. La muestra se completa con dos aparatos complejos e imperdibles, la «Rueda» y la «Bicicleta Duchamp-Costa», realizados entre 1977 y 1980.
La brillante trayectoria de Costa se remonta a los tiempos del Instituto Di Tella, cuando con Roberto Jacoby y Raúl Escari presentó el manifiesto «Un arte de los medios de comunicación». Costa es un artista al que ninguna institución le ha dedicado la exposición antológica que merece, durante muchos años vivió en Nueva York y Buenos Aires parece haberlo olvidado.
La sala principal de Ruth Benzacar está dedicada a Alberto Goldenstein, un fotógrafo con oficio y un ojo privilegiado,que en esta extensa exposición demuestra que es capaz de hallar la magia de lo visual y de disfrutarla sin reparos. La exhibición aborda temas tan variados como la vegetación, el paisaje o, entre otros, el retrato. Entre centenares de fotos que nunca habían llegado a la copia en papel, la curadora Eva Grinstein y Goldenstein realizaron la selección.
A pesar de la división temática, la muestra tiene una frescura que sin duda proviene de la libre elección de las imágenes. Nada cuesta imaginar al artista y la curadora dándose el gusto de reunir las fotos más bellas y, a la vez, como si quisieran armar un album familiar, recuperando instantáneas y retratos de los personajes más queridos del mundo del arte.
De esta suerte de selección placentera, provienen los inolvidables retratos de Fernanda Laguna y Pablo Suárez, las imágenes de unas tardes de playas, el brillo del agua que resbala por los cuerpos de unos chicos que juegan sobre un muelle, la cerrada foresta que encierra un universo de formas y matices color verde, y la perfecta geometría que dibuja la sombra de una ventana.
En suma, se trata de una exhibición donde Goldenstein se muestra expansivo, y acaso sin proponérselo, comparte su placer con el espectador.


Dejá tu comentario