Esta copia de una obra de Rafael se vendió la semana pasada
en insólitos 56.000 dólares, por la sencilla razón de que
en algún momento perteneció a Juan Perón, de quien el
nuevo dueño es gran admirador.
El mercado de arte en la Argentina es uno de los pocos que no sufre la crisis energética. Al contrario, le sobra energía, pese a que las casas de subastas hacen todo lo posible por entrar en crisis, la demanda es tan fuerte que hasta pueden sostener la oferta desmesurada que los ha llevado a realizar cinco remates en un mismo día, como sucedió hace una semana, cuando hubo subastas en Saráchaga, Roldán, Bullrich, Breuer e Hijos de Martín Saráchaga.
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Más de dos mil lotes en una semana parece mucho para un mercado tan chico como el de Buenos Aires. Se diría que las casas de remate estiman que todos se van de vacaciones de invierno y no queda nadie para comprar. Sin duda deben sentarse y coordinar las fechas de sus ventas futuras.
En el remate de Hijos de Martín Saráchaga sorprendía la cantidad y variedad de pinturas, esculturas y platería. Se ve que es gente muy activa: se estima que visitan cerca de tres mil casas por año para tasar y recibir obras en consignación para su venta. Allí se vendió una de las primeras obras que pintara Fernando Fader en su patria por adopción que fue Mendoza. La misma tiene problemas de perspectiva, ya que el joven Fader aún no había estudiado arte, por lo que los 18.000 dólares pagados parecen una buena venta y también una correcta compra por parte de un coleccionista.
El precio mayor, que duplicó la base, fue un Emilio Pettoruti de pequeñas dimensiones (22x28 cm), realizado en 1939 y expuesto en galería Muller en su momento. Se vendió en muy buenos 67.000l dólares. También duplicó su base una típica obra de Horacio Butler que perteneciera a uno de sus mejores amigos y que incluso está retratado en este cuadro titulado «El picnic», y que alcanzó los 35.000 dólares.
Buen precio fueron los 32.000 dólares por una característica figura del maestro marplatense Carlos Castagnino. Por una obra de la década del '60 de Quinquela Martín -que sigue siendo el artista más demandado de nuestro mercado- se pagaron más de 50.000 dólares. Precio récord alcanzó, por su parte, un cuadro de Kazuya Sakai de su época neoyorquina que alcanzó los 54.000 dólares. Mucha demanda y oferta variada que llevó cuatro días de subasta.
Saráchaga
Juan Antonio Saráchaga en su petit-hotel de la calle Juncal también necesitó cuatro días para vender más de 600 lotes de pinturas, esculturas, alfombras y, sobre todo, una colección de muebles y objetos franceses que son muy demandados en todo el mundo, aunque el público local no sea hoy afecto a ellos. Por ejemplo, por una mesa en bronce y esmalte de 80 cm. de diámetro se pagaron más de 30.000 dólares; por una consola de estilo imperio se cuadruplicó la base vendiéndose en 29.000 dólares; por un torchere de bronce (un candelabro de pie grande) se triplicó la base al pagarse por él 76.000 dólares.
Un atractivo retrato de Emilio Centurión alcanzó los 20.000 dólares. y el gran precio fue para un tapiz de Flandes del siglo XVI que superó los 80.000 dólares. Se repitió la tendencia y todo fue pujado aunque fuera de diverso origen y estilos.
Roldán
En Roldán, la sorpresa fueron los 56.000 dólares pagados por una copia de una Virgen de Rafael realizada en el Palacio Pitti de Florencia en 1915 por encargo de los Medici al autor. Ese precio, que es como mínimo diez veces mayor al valor lógico de una copia que ni siquiera es antigua (menos de cien años), tiene un solo justificativo y es la pasión de su comprador por Juan Domingo Perón, quien fue durante algunos años propietario de esa obra. Por eso es importante destacar siempre la procedencia de las obras, ya que en muchos casos hace que se multiplique geométricamente su valor, como ocurrió, también la semana pasada, con la venta de algunas de las pertenencias de la actriz mexicana María Félix en Nueva York.
Se vendió también una linda obra de Raúl Russo de mediano tamaño (50x60 cm) en 11.000 dólares; un Malanca que nos recordaba a Fader en más de 12.500 dólares y una bailarina en bronce y marfil de pequeño tamaño (36 cm.) alcanzó los 32.500 dólares.
Mucha energía, variedad de oferta, pero desgraciadamente todo al mismo tiempo. No son tantas las casas de subastas para que no se puedan poner de acuerdo con su calendario. Si se organizan, lograrán mayores precios y porcentajes de venta y los compradores tendrán mas posibilidades de estudiar sus compras.
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