20 de agosto 2001 - 00:00
"La magia es hacer cantar a Liza, no a un hombre disfrazado"
Imitando estrellas famosas, llevan 28 años de carrera y acaban de triunfar en Las Vegas, Los Angeles y Miami, donde viven. Volvieron a Buenos Aires, donde faltaban desde 1993, con un homenaje al género musical y en particular a Liza Minnelli. Los cubanos Frankie Kein y Manuel Arte se transforman, respectivamente, en la diva de "Cabaret" y en el maestro de ceremonias Joel Grey para sumergir al público en "Forever Liza" en el teatro El Nacional. Pasado mañana se realizará una función exclusiva para los lectores de Ambito Financiero. Dialogamos con Kein y Arte sobre su espectáculo, sus impresiones de Cuba, su vida en los Estados Unidos y sobre los argentinos.
-
La Justicia desestimó la demanda de Blake Lively contra Justin Baldoni por acoso
-
Tini Stoessel habló de las causas de su pelea con Emilia Mernes: "No tiene que ver con un embarazo que perdí"
Kein y Arte.
Manuel Arte: Las confusiones con el travestismo y la transexualidad han sido siempre un obstáculo, al punto de que hasta que no se nos ve trabajar no se ven las diferencias. Los únicos que hemos llegado a trabajar en escenarios legítimos, y no en gay clubs, hemos sido Frankie y yo, muchos otros quedan en el camino.
Transformación
P.: ¿Cómo definen el tipo de espectáculo que ustedes hacen?
M.A.: El transformismo que realizamos no es el del hombre vestido de mujer sino que somos imitadores de estrellas famosas, no es sólo la peluquita y salir a bailar.
F.K.: Lo que precisamente fascina al público es que no está viendo a dos hombres vestidos de mujer sino a Liza Minnelli o a Marilyn Monroe. El público hasta se olvida de que está frente a una imitación y sueña con estar viendo a la real.
P.: ¿Cómo encuentran la Argentina, desde su última visita?
M.A.: Tengo dos álbumes de cartas del público argentino, la gente es muy calurosa, pero la situación del país es dura.
F.K.: Incluso ahora en Miami estamos notando que hay muchos argentinos escapando de la crisis económica. Estuvimos de paseo hace poco tiempo y observamos que la situación ha empeorado. Las calles están más solas, más peligrosas.
M.A.: Pero nuestra función como artistas es entretener, aliviar, hacer olvidar los problemas y brindar un momento de paz, regocijo y armonía.
P.: ¿Y cómo ven a su país natal como cubanos exiliados?
M.A.: Hace 43 años que no he vuelto a mi país y he sufrido porque, al ser un país comunista, el señor Fidel Castro ha vetado la posibilidad de que regresemos libremente. Allí tengo a mi hermano, un gran cirujano que cobra 20 dólares al mes. El ha hecho un video que muestra su vida y, cuando lo ves, lloras. Lleva los zapatos rotos, vive en una casa con paredes descascaradas, con muebles de hace 50 años, con un equipo de televisión del año de la escarapela. Si no fuera por cuestiones políticas, iría a Cuba a hacer mi espectáculo.
F.K.: Allá, por más que te esfuerces, tengas estudios y trabajes duro, ganarás igual que todo el mundo. Los hoteles que ven los turistas, las playas con arenas blancas, las comidas sabrosas y el trato ameno que ofrece cualquier cubano es lo que maravilla a los que viajan. Los hoteles están hechos sólo para que ellos se lleven una linda imagen, pero aunque un cubano quiera, no puede acceder a ellos, por más plata que tenga. Invito a cualquiera que diga que Cuba está bien que se vaya a vivir ahí.
P.: En sus shows han privilegiado a las figuras norteamericanas. ¿Nunca pensaron en incluir personajes cubanos?
M.A.: No se acercaría a lo que verdaderamente nosotros podemos encarar como un reto. He hecho a Sara Montiel, a María Félix, y no me niego a hacerlo pero deben ser estrellas muy, muy famosas para que el público lo aprecie.
F.K.: Además nos desarrollamos dentro de los Estados Unidos, con lo que la mayoría provienen de ese país y deben ser reconocidas a nivel inter-nacional. Una vez en la Argentina hice a Cher, cuando acá la conocían sólo como actriz, y me preguntaban ¿pero cómo, Cher canta? Yo la hice cuando ni se conocía aquí pero en Estados Unidos era una vedette.
P.: ¿Qué otra ventaja les dio Estados Unidos?
M.A.: Hay muchas oportunidades allí, lo que estudié se lo debo a ese país. Soy graduado en artes dramáticas y no tuve que pagar un centavo. Frank fue becado en una escuela de Ballet y se desarrolló gracias a eso.
F.K.: Yo salí de Cuba con mi padre con cinco pesos cubanos. Mi padre era mecánico de aviación en Cuba y tuvo que dejar su oficio porque no sabía el idioma. Tuvimos que atravesar por el fuerte racismo que había en Estados Unidos en los '60. Miami no era lo que es ahora, que todo el mundo habla español, más bien era como la película «West side Story», americanos contra latinos.
M.A.: Yo salí sólo de Cuba y tuve que atravesar muchos obstáculos. Con sólo cinco dólares, sin hablar inglés, bajando de un barco que te tira en Nueva York, sin una amistad, sin saber qué pasará, miras a tu alrededor y dices ¿ahora dónde coño me meto? Pasé hambre, incertidumbre, hasta descubrir que el ser humano puede ser muy malo y ocultarte que «allí puedes conseguir un trabajito». Pero todo lo viví con buena onda, me di tiempo y sabía que lo tenía que atravesar. Era la beca nacional de piano de Cuba, y todo eso lo perdí en esta lucha. Cuando trabajaba en una fábrica con una tijera y cortaba 2.500 pares de cortinas diarios para poder comer, estudiaba dos horitas a la noche, me llevé un tercer premio en el Carnegie Hall.
P.: ¿Hay un «boom» del musical en el mundo?
M.A.: En Nueva York están teniendo su mejor temporada, y en la Argentina me han comentado que igual. Acá hemos visto «Chicago», «Mi bella dama», «Los miserables» y al mismo nivel de Broadway.




Dejá tu comentario