Un director que es un artesano de la industria, sin pretensiones pero conocedor, hace de
la tercera «X Men» un logrado film fantástico con imágenes espectaculares y buen elenco.
«X Men, La batalla final» (X Men, The Last Stand, EE.UU., 2006, habl. en inglés). Dir.: B. Ratner. Int.: P. Stewart, H. Jackman, I. McKellen, H. Berry, F. Janssen, A. Paquin, K. Grammer, B. Duke, M. Murphy, R. Romijn.
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En un momento culminante de esta tercera parte de «X Men», el villano Magneto mueve el Puente Golden Gate para que un ejército de mutantes pueda atacar la isla de Alcatraz. La imagen es grandiosa, justamente por combinar todo tipo de efectos especiales -digitales y convencionales, incluyendo un trabajo de maquetas antológico- con el talento de un actor como Ian McKellen que brilla y se divierte como nunca al volver al interpretar al líder de los mutantes belicosos.
A diferencia del director de los dos films anteriores, Bryan Singer, que es una especie de autor del cine fantástico, el realizador de «X Men, La Batalla Final» es un artesano de la industria, conocido por «Rush Tour» y entretenimientos sin demasiadas pretensiones. Su estilo, sin muchas vueltas, le hace realmente bien a esta nueva entrega del comic de Marvel sobre un futuro cercano en donde personas con mutaciones diversas deben aprender a convivir con los seres humanos.
La historia comienza con los mutantes rebeldes liderados por Magneto ocultos sin molestar al establishment democrático que los mutantes civilizados liderados por Patrick Stewart han logrado con el gobierno de los Estados Unidos. Pero la tranquilidad se rompe en seguida con la aparición de una cura para todo tipo de mutación, tratamiento que se asegura será vountario, pero que como bien señala McKellen, «dicen que es voluntario pero lo tienen puesto en pistolas automáticas antimutantes».
Para que explote la guerra deben pasar cosas extraordinarias, incluyendo raras resurrecciones, muertes impensadas, curaciones inimaginables y enfrentamientos entre mutantes y humanos y entre ellos mismos como para entretener al público sin pausa.
Diferenciándose de otros comics adaptados al cine, la serie «X Men» siempre cuidó el factor humano tanto o más que los efectos especiales, y esta tercera entrega vuelve a exhibir un muestrario de buenos intérpretes, cuidando hasta el último papel secundario.
Las escenas más intensas tienen que ver con los superpoderes de la mutante Famke Janssen, que se vuelve más peligrosa que el mismo Magneto, quien obviamente no puede competir con la energía sexual de esta actriz de culto. Hay casas que vuelan al estilo del Mago de Oz, y una fuga de convictos peligrosos que supera todo lo conocido. La fotografia de Dante Spinotti da lugar a imágenes muy atractivas, pero es la música de John Powell lo que le da un clima especial a cada escena de este formidable film fantástico que ningún fan del género puede dejar de ver.
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