(24/12/01) E n los últimos meses del año, los libretistas de TV han dado este año un curioso giro conservador al diseño de los personajes femeninos, quizá porque, como sostienen sociólogos y psicólogos, en tiempos de crisis las sociedades se aferran a «los valores tradicionales», o simplemente porque la figura de la mujer autosuficiente que se venía imponiendo en la ficción televisiva terminó por convertirse en un estereotipo más. Como sea, lo cierto es que aún los personajes femeninos más contestatarios de tiras y miniseries locales, se volvieron repentinamente más maternales y familiares.
Hace ya algunos años que la ficción vernácula propone personajes «a la page» de fin y principio de siglo. Desde el grupo de amigos de «Verdad-Consecuencia» hasta los pacientes psicoanalizados del doctor Segura en «Vulnerables», la caracterización de los personajes buscó alejarse de la previsibilidad de los de las telenovelas. Y, en el caso de las mujeres, aquellas que pasaron por «Okupas», «Por ese palpitar» o «Cuatro amigas», distaron mucho de ser damitas convencionales.
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Pasaron por la pantalla durante los últimos años, corredoras de autos, mujeres-policía, verduleras, empresarias y periodistas, entre otras. Todas independientes (en mayor o menor medida) y seguras de sí mismas. Sin embargo, a diferencia de esas construcciones de mujeres solas, sin hijos ni voluntad de sacrificio por el hogar, en varios de los programas de este año más de una se cansó de tanta independencia y abrazó algún rol tradicional, obviamente sin llegar a los extremos de abnegación de «Pobre diabla» o «Rosa de lejos».
En «Cuatro amigas», Inés Estévez se encargó de dejar bien en claro que su deseo de ser madre era más importante que su preocupación por la firma de un contrato; el desamorado personaje de Valeria Bertuccelli experimentó una metamorfosis que la llevó a reconciliarse con toda su familia; Mirtha Busnelli entabló una relación con su ex marido y Paola Krum derramó almíbar sobre las dos pequeñas hijas de su amante. En diálogo con este diario, Busnelli se refirió al tema explicando que «Esa vuelta a lo maternal puede deberse a que se está hablando de mujeres de treinta y pico o más, que vivieron con el modelo de mujer independiente y llegaron casi al límite de la edad biológica para tener hijos. Entonces en esa generación puede aparecer el deseo de la maternidad y eso la ficción lo toma y lo problematiza».
«Canal 7» emitió durante todo el año «Un cortado», otro programa que ofreció varios ejemplos de este viraje: estuvieron la mujer a quien dejaron plantada en el altar, la que rechazó una cita a ciegas, la madre abandonadora arrepentida, etc. Leonardo Bechini, autor de «Un cortado» y «El 22» dijo a este dario: «Cuando construyo a una mujer la imagino en función del hombre, pienso qué clase de mujer podría enamorarlo. Ya desde la Biblia la mujer es vista como un desprendimiento del hombre y creo que pese a la liberación, la mayoría de las mujeres busca realizarse teniendo un hijo y formando una familia. Si bien en los últimos años la ficción mostró a mujeres que se fueron masculinizando y hombres que se fueron feminizando, no creo que pueda bastarle a una mujer ni conformarle al público una ficción sólo con personajes femeninos profesionales y defensores del sexo libre».
Más pasatista y menos compleja, la serie «El 22», centrada en una brigada policial, exhibió en las mujeres-policía no sólo obsesión por atrapar ladrones sino que, a algunas también les llegó la preocupación por la maternidad. Confusiones de por medio, los personajes de Leticia Brédice y Nancy Dupláa pasaron por la inquietud del embarazo.
Bechini atribuye el conflicto, además, a las condiciones de producción de los productos televisivos: «La televisión está alejada de lo que efectivamente pasa en la vida real porque los golpes bajos alejan a la masa de televidentes. Un programa como 'Vulnerables' no pasaba de los 13 puntos de rating porque el público masivo busca lo pasatista; por eso los más vistos son los 'vivos' y no los más inteligentes».
En «Culpables» se abordó el conflicto de una mujer madura (Mercedes Morán) que quería ser madre a pesar de no tener pareja. A lo largo de los últimos meses el ciclo giró en torno a su ferviente deseo de maternidad y a la imposibilidad de otra mujer ( Soledad Villamil) de quedar embarazada. Tratamientos de fertilidad, posibilidades de adopción e inseminación artificial fueron las obsesiones centrales de estas mujeres, preocupadas por «cumplir con el mandato». «La figura de la mujer varía según el público al que se dirija el producto: las telenovelas latinoamericanas que se ven a la tarde siguen presenando una mujer ingenua o pobre o fea que finalmente triunfa. Y la estructura en que está contada al estilo folletín mantiene la forma del melodrama, donde las historias se construyen a partir de los grandes amores», según interpretación de Mirtha Busnelli.
Pero, un Bechini a prueba de feministas, remata: «Aunque 'Cuatro amigas' muestre a mujeres desesperadas tras la bragueta y obsesivas con su carrera profesional, no creo que sea el tipo de mujer predominante. La mayoría de las mujeres necesita encontrar una pareja para realizarse, fundada en la ternura y el amor, además del sexo, por eso hacia el final del ciclo mostraron el costado más 'tradicional', si se quiere, de estas mujeres construidas en un principio como 'fatales'.
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