23 de agosto 2002 - 00:00

"La nuestra es una música de batalla"

Gregory Hopkins
Gregory Hopkins
Gregory Hopkins & The Great Voices of Gospel están nuevamente en nuestro país -ésta es su quinta visitapara presentarse hoy y mañana el Luna Park. Dialogamos con el director de uno de los coros gospel más reconocidos de los varios que, salidos de las iglesias de Harlem, hoy recorren el mundo. Para Hopkins, «la verdadera esencia de la música gospel está en la experiencia personal y en la relación con Dios. Uno puede aprender la teoría, el estilo, sin un contexto religioso; pero no se llegará a la esencia».

Periodista: ¿Cree que el público que va a escucharlos a los teatros capta esa esencia?


Gregory Hopkins: La mayor parte de las veces, cantamos esta música para las congregaciones, en la iglesia. Esto genera una relación muy especial entre nosotros y quienes nos escuchan; como una familia extendida. En cuanto al público de un teatro, lo asociaría a lo que puede suceder, por ejemplo, con una representación de «Madama Butterfly». No todos son ítalo-parlantes y, por lo tanto, no todos entienden todo lo que se dice. Seguramente, hay mucho público que logra conectarse con nuestro sentimiento más profundo; otros disfrutarán del concierto como un espectáculo.

P.: La realidad argentina ha cambiado mucho desde su primera visita hasta el presente.


G.H.:
Es cierto. Pero la música gospel es una música de batalla. Argentina está en un momento complicado y no sería lógico ni coherente con nuestro sentimiento dejar de venir en un momento así. Es una forma de dar nuestro apoyo también.

•Asociaciones

P.: Mucha gente relaciona al gospel con el jazz. ¿Es una asociación correcta?

G.H.:
Sí, lo es. Desafortunadamente, tenemos solamente una parte del amplio panorama que abarca la música gospel. Por su origen, se asoció a la música de jazz. Pero existe gospel en rythm and blues, soul, hip hop o rap. Gospel define a toda música evangélica. De modo que puede asociarse con distintos géneros musicales. Lo habitual es asociarla a la tradición del jazz, pero eso seguramente irá cambiando con el tiempo.

P.: ¿Es aceptado por los tradicionalistas ese cambio hacia otros géneros en el gospel?


G.H.:
Como le dije, el gospel es música de batalla. No es fácilmente aceptado, como tampoco lo fue en un principio esta música que conocemos ahora; no se consideraba adecuado cantar estos repertorios en las iglesias. Seguramente, muchas de esas cosas que hoy pueden parecer extrañas -gospel con rap o con hip hop-serán tradicionales en el futuro.

P.: ¿Quiere decir que podría hacerse gospel con cualquier música?


G.H.:
Absolutamente. Y es natural, tratándose de una manera de acercarse a Dios, que cualquiera puda expresarse desde su propio repertorio musical, de acuerdo a sus propias experiencias culturales. Hasta podríamos pensar en un gospel hecho sobre el tango, por ejemplo.

P.: ¿Le interesa particularmente el tango?


G.H.:
Sí, mucho. He hecho varios intentos para aprender a bailarlo y hasta puedo animarme a hacerlo. Me interesa en su gran complejidad, musical, coreográfica, sentimental. Me siento muy atraído por el tango también como músico, por su gran elaboración.

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