28 de marzo 2007 - 00:00
"La política no es el eje central de mi obra"
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Auster:
«Cuando era
joven pensaba
que la lucha
por
determinados
derechos y
valores
democráticos
era
generacional
que las
generaciones
futuras
tendrían que
librar otras
batallas, pero
no ésta. Me
equivocaba».
P.: Usted es vicepresidente del PEN americano, que ha denunciado de forma muy activa la política de la Administración Bush. Sin embargo, afirma que prefiere mantener sus novelas al margen de la actualidad política.
P.A.: Mis libros tienen contenido político; eso es indudable, pero la política no es el eje central de mi obra. Me interesa mucho más escribir sobre historias corrientes de personas comunes. Los personajes de «Brooklyn follies», por ejemplo, discuten sobre política y tienen opiniones sobre los candidatos presidenciales, pero la novela nada tiene que ver con las elecciones.
P.: Y en «Viajes por el Scriptorium», Mister Blank afirma lo siguiente: «¿Qué mejor manera de unir a la gente que inventar un enemigo común y empezar una guerra?» Esta afirmación no es ajena a la política internacional de Estados Unidos.
P.A.: Para los que no tenemos creencias religiosas, la democracia es nuestra religión.
P.: No es un sentimiento muy común en un país tan religioso.
P.A.: Más de lo que cree. Somos bastantes los que compartimos este sentimiento. Cuando era joven pensaba que la lucha a favor de determinados derechos y valores democráticos era generacional y que las generaciones futuras tendrían que librar otras batallas, pero no ésta. Me equivocaba. El poder tiende a menoscabar la democracia y a desconfiar del otro. Cada generación tiene que luchar para recuperar los valores y libertades individuales. Todos somos iguales ante la ley. Y es por este motivo que mis libros hablan de historias humanas, de sentimientos de personas corrientes. Me gusta pensar que estos sentimientos lograrán conectarse con los sentimientos más íntimos de muchas otras personas, y esto nos hará iguales. En el fondo no somos tan diferentes.
P.: En estos días estrena «The inner life of Martin Frost», que tiene algunos puntos de contacto con otra de sus novelas, «El libro de las ilusiones».
P.A.: Comparte algunos elementos con «El libro de las Ilusiones» pero no es una adaptación y, de hecho, es muy anterior a la novela. Cuando terminé de escribir «Lulu on the bridge» recibí una llamada de una productora alemana. Me contó que quería producir doce cortos eróticos y que contaba conmigo para uno de ellos. Me pareció una idea interesante y me puse a trabajar en un primer borrador de «The inner life of Martin Frost». Luego me mandaron una propuesta de contrato y empezaron los problemasporque no me convencieronlas condiciones de pago y consideré que no ofrecían suficientes garantías a mi equipo. Aconsejado por un amigo que, casualmente, también había trabajado con la productora alemana decidí no seguir. El borrador quedó en un cajón de mi escritorio pero nunca me olvidé de él. Recuerdo que cuando escribía «La noche del oráculo», a veces pensaba en el borrador y siempre llegaba a la misma conclusión: quiero hacer el film.
P.: Y finalmente lo recuperó.
P.A.: En «El libro de las ilusiones» recuperé algunos de los elementos del guión pero seguí pensando que debía hacer una película. Y al final he tenido la posibilidad de hacerla. He contado con un presupuesto escaso, con cuatro actores y un equipo portugués. Hemos rodado todas las escenas en tan sólo tres escenarios: una casa, una ruta y un estudio de Lisboa. Utilizamos el estudio tres días para rodar los sueños del protagonista.
P.: Hablando de películas. Usted es un gran admirador de Pedro Almodóvar y ambos fueron distinguidos con el premio Príncipe de Asturias. ¿Ha visto «Volver»?
P.A.: Sí. Pedro es mi amigo. Y hablando de coincidencias, cuando Siri termine su conferencia sobre Goya en el Prado, se va a cenar con él.



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