Venecia (enviada especial) -Las obras de los argentinos Erlich y Sacco, seleccionadas por Teresa Anchorena, comisaria de la muestra y la curadora Irma Arestizábal, ambas de la Cancillería, se exhiben en el Fondaco dei Tedeschi, frente al Puente Rialto. Lugar que cedió gratuitamente el Correo de Italia, posibilitando la presencia de nuestro país en un lugar digno, dado que durante la década del setenta se perdió el espacio en los Jardines.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Pero más allá de la superficie del Fondaco, las imágenes de los ojos en tamaño casi natural que realizó Sacco han invadido casi toda Venecia. Se trata de una intervención en la ciudad, y esa mirada intranquilizadora se descubre incrustada en las columnas de San Marco, en las escalinatas del Rialto y también en los muros de piedra de los palazzos.
El mensaje es ambiguo, pero puede interpretarse como una referencia a la exclusión social y económica que se acentúa en el mundo. «La mirada es lo único que puede atravesar las barreras creadas para segregar a los excluidos», observa Sacco. Lo cierto es que la obra de la rosarina se articula de un modo muy especial con la ciudad y sus visitantes. Junto a los ojos, Sacco coloca en algunas oportunidades un espejo donde el espectador se encuentra con sus propios ojos.
Tan intensa como la obra de Sacco, «La pileta», de Erlich, una auténtica piscina, se levanta como un enorme cubo blanco en medio del patio central del Fondaco, ejerciendo también una acción desestabilizadora. Erlich cuestiona las diferencias entre las áridas cualidades del espacio exterior y el deleite que provoca ingresar en el interior, permanecer y pertenecer a ese espacio interior.
Se trata de una pileta de natación que, vista desde arriba, desde los balcones del Fondaco, simula estar llena; el agua está contenida sobre un techo transparente. Pero el interior está vacío y permite el acceso del espectador, que se encuentra en un territorio fantástico invadido por brillos y reflejos. El agua, carente de profundidad, funciona como un espejo ilusorio creando un luminoso abismo artificial que provoca sensaciones placenteras.
En todo caso, en medio de esta marea de artistas plásticos donde no faltan quienes, como Plessi, la británica Cunningham, el francés Pierre Huyghe o la española María Laura Aláes, que presentó una mágica araña de cristal, una bella metáfora veneciana, ceden a la fascinación de los tiempos, los dos argentinos no han pasado inadvertidos ni mucho menos.
La presencia del secretario de Cultura de la Ciudad, Jorge Telerman; de los agregados culturales Sergio Baur, Raúl Rodríguez Macchi; la galerista Diana Lowestein; el director del Museo de Bellas Artes, Jorge Glusberg; los coleccionistas Inés y Edmundo Tonconogui, Lily Sieleky y Graciela Crivelli; y las operadoras culturales Frances Reynods Marinho y Teresa Bulgheroni, les brindó a los artistas un soporte institucional poco frecuente.
Dejá tu comentario