2 de enero 2003 - 00:00

"LAS DOS TORRES" (01/01/03)

«El señor de los anillos-Las dos torres» («Lord of the Rings-The Two Towers», EE.UU., 2002, habl. en inglés) Dir.: P. Jackson. Int.: E. Wood, I. McKellen, V. Mortenssen, Ch. Lee,A. Serkis, L. Tyler.

En la trilogía de «El señor de los anillos», el segundo volumen es el más intenso. En medio de batallas de dimensiones épicas, la peor lucha es la de un único individuo contra el lado más oscuro de su personalidad. Mucho más que en el caso de los otros dos volúmenes, intentar filmar «Las dos torres» es un trabajo imposible.

De todos modos, una vez que se enfrenta la tarea, tendría cierta lógica concentrarse en las situaciones escritas por Tolkien y no sustituirlas con escenas marketineras como en este caso (básicamente, inventar detalles románticos, y acentuar las escenas de acción). Eso es lo que resta puntería a una película que tiene muchísimos momentos formidables, incluyendo algunas composiciones digitales magníficas.

• Arte

Hay mucho para ver, incluyendo el sitio de Helm's Deep, la inundación del imperio de Saruman (un desaprovechado Christopher Lee), dragones voladores, arboles gigantes que caminan y por sobre todo, el espantoso Gollum, ese personaje, reflejo horrible de lo que alguna vez fue una persona -es decir un hobbit-pasado por años de sumisión al poder del anillo que ahora carga Frodo, personificado por Elijah Wood, en una actuación histérica y despareja pero con apariciones muy relegadas frente al resto del elenco (algo raro teniendo en cuenta que es el protagonista de la historia).

Frente a los altibajos de distintos aspectos de esta super-producción y el desviado foco sobre conflictos y personajes, con Gollum, Peter Jackson logra los momentos más cercanos a la obra de Tolkien, no sólo de «Las dos torres» sino también del film anterior. El arte digital permite un persona-je único, desagradable en extremo y a la vez dueño de extrañas emociones. Animado por la adecuada voz de Andy Serkis, Gollum sirve para romper esa absurda tensión erótica que parece animar la relación de Frodo con su fiel amigo Sam ( Sean Astin).

Gracias a Gollum, las escenas con este trío finalmente funcionan mejor que otros momentos más espectaculares: de hecho, más allá de lo impresionante de la larga secuencia del sitio de Helm's Deep, Jackson interrumpe ese fresco infernal con situaciones que cortan el clima por completo. Recurre a decisiones de montaje realmente pobres, en especial la que lleva a interrumpir una batalla para concentrarse en los primeros planos de dos hobbits subidos a un árbol ambulante, o el montaje paralelo entre tres combates simultáneos, habiendo definido claramente las bases de uno solo de esos tres conflictos, con la esperable confusión de imágenes que por algún motivo nunca pasaba en clásicos épicos como «Alejandro Nevsky» de Eisenstein o «Ivanhoe» de Richard Thorpe.

Estas referencias no son gratuitas en
«Las dos torres», ni tampoco agunos momentos que recuerdan a la subestimada «Conan el bárbaro» de John Millius -de hecho, la música de Howard Shore, igual que en «La comunidad del anillo», tiene muchos puntos en común con aquella partitura de Basil Poleuduris inspirada en «Carmina Burana».

Al final, los grandes protagonistas de
«Las dos torres» son, por un lado, Aragorn ( Viggo Mortensen) y Legolas ( Orlando Bloom) y, por otro, Gollum y las demoníacas hordas digitales de Saruman. Para tanta batalla, falta la crueldad gráfica que describió Tolkien y sobran insulsas disquisiciones amorosas con personajes que ni siquiera estaban originalmente en los libros. De todos modos, no hay muchos films que incluyan tantas maravillas visuales y un clima tan tenso durante 179 minutos. Pedirle que además se acerque realmente a Tolkien, quizá sería demasiado.

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