21 de junio 2001 - 00:00

"Las estafadoras"

Las estafadoras
"Las estafadoras"
Junto a los títulos de apertura, basta ver a Sigourney Weaver dentro de un vestido de novia -y sobre todo verla despojarse de él-, para comprender que este personaje estará a años luz de la androginia de la teniente de «Alien» de la que la actriz tanto insiste en despegarse, de preferencia, por medio de comedias. «Las estafadoras» lo es.

En ella, Weaver (de 51 admirables años) es una experta en seducir a hombres ricos, con pronunciados escotes, pero también, negándose al sexo hasta casarse con ellos, sólo para dormirse la noche de bodas. Allí es donde entra en escena su no menos sensual hija ( Jennifer Love Hewitt), quien, a su vez, seduce al marido despechado; Weaver los «descubre» y pronto se está llevando una buena indemnización de esposa engañada casi al pie del altar.

Al director, David Mirkin -productor de los Simpson que ya dirigió otro film aún no estrenado en la Argentina-, le lleva 123 minutos repetir el modus operandis del dúo en diferentes sitios y con desparejo humor. Probablemente, esto último se deba a la cantidad de guionistas (tres; dos de ellos, autores de «Mentiroso, mentiroso», con Jim Carrey, para ir dándose una idea) que trataron de enriquecer el núcleo de la anécdota con una serie de subtramas no siempre eficaces: el choque generacional e ideológico entre madre e hija y, en especial, el despertar romántico de la chica que hasta choca con la atmósfera de «picaresca» de todo el resto. Por momentos, pareciera también que cada uno de los autores se hubiese inspirado en antecedentes dispares, desde alguna comedia de Preston Sturges de los '40 a «Ambiciones prohibidas», de Stephen Frears.

Pero, tal vez, lo peor sea no haber puesto antes al formidable Gene Hackman y haberlo sacado cuando todavía falta bastante para la redención de la villana y el final feliz. Hackman parece haberse divertido a lo grande componiendo a ese viejo magnate atrabiliario hasta el delirio y fumador hasta la repugnancia. Lo bueno es que con él crece todo el resto del elenco para disfrute del espectador. El tiempo que su grotesco personaje tiene en pantalla es lo mejor de esta película, aunque sería más acertado decir que ese fragmento es directamente otra película.

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