En lugar de «Amalita» la llamó «Amelita», y dijo: «¿Qué ideológico ni ideológico? ¿Qué Amelita ni Amelita? Amelita sí que era ideológica». Así habló el coordinador del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Ricardo Horvath, cómodamente instalado en el despacho de reuniones del directorio del Fondo Nacional de las Artes, convocado con el objetivo de presentar un acuerdo entre ambas instituciones para otorgar los Premios Osvaldo Pugliese y Raúl González Tuñón.
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La reunión había comenzado con las distendidas palabras de Héctor Valle, dedicadas a explicar la alianza entre un organismo estatal y privado. El financiamiento del CCC procede de los fondos de una cooperativa de la cultura y de sus socios, según explicó a este diario en tono moderado su presidente, Juan Carlos Junio, sin dejar de aclarar que el Centro «tiene una visión crítica de la cultura». Lo cierto es que el énfasis de los directivos del Fondo, los del Centro y algunos miembros del jurado, estuvo mayormente dedicado a destacar el «compromiso social» del FNA, «que tiene las puertas abiertas a la cultura popular» y algo que «no deberíamos llamar federal sino nacional».
Pero las disquisiciones fueron interrumpidas de modo tajante cuando el director de la revista «Vea Tango», visiblemente alterado por la lectura de las bases de los concursos dedicados a presentar «un arreglo inédito sobre cualquier composición de Osvaldo Pugliese» o «un poema sugerido por una poesía o fragmento de Tuñón», cuestionó el artículo 5° de ambos reglamentos, que dicen: «El jurado (Rodolfo Mederos, Mauricio Marcelli, Raúl Garello, y Jorge Boccanera, Daniel Freidemberg, José Luis Mangieri, respectivamente) emitirá un Acta con la nómina de ganadores que será elevada para su consideraciónal directorio del FNA, quien convalidará o no el dictamen presentado».
Llegado este punto, la misma persona recordó el rechazo que manifestó Amalia Fortabat con la premiada novela «El anatomista», y uno de de los presentes agregó que difícilmente en los tiempos de Amalita se hubiera homenajeado a una figura como Tuñón. «Afortunadamente no está más Amalita», dijo la actual directora del Fondo Liliana Hecker.
Así las cosas, al explicar «quién convalidará o no el dictamen», la discusión ingresó en la tan mentada categoría «popular». Más que nada, porque le endilgaron a Valle la profesión de «banquero», presuponiendo que éstos no saben nada de música o de poesía. Entre sandwichito y sandwichito, gaseosa y gaseosa, un coro de voces disonantes dejó en claro que dicha convalidación corre finalmente por cuenta del jurado, diga lo que diga el reglamento.
Ante la consulta de porqué suponían que a Amalia Fortabat no le gustaban los versos de Tuñón («Tomaes te mundo, es tuyo. Te lo entrego./ El oficio del hombre es bello y duro») y, sobre todo, si el premio estaba impulsado por alguna «ideología» que condicionara el talento artístico, Horvath, lanzó su exabrupto. Pero los prejuicios sobre las preferencias poéticas de Fortabat quedaron sin explicar. Hecker se encargó entretantode justificar que etiquetaran la pulida poesía de Tuñón como «popular», aduciendo que «está enraizada en el pueblo», como si no fuera ésta la misma raíz de gran parte de la poesía «culta» de Borges, por caso. Pero el error que quedó flotando en medio de la algarabía.
El miércoles próximo y luego de varios meses de demora, dado que el presidente Néstor Kirchner no firmó sino hasta hace pocos días el nombramiento de las nuevas autoridades del Fondo, la institución otorgará los subsidios y becas correspondientes a 2005. El retraso no es atribuible a Héctor Valle, quien también vio demoradosu nombramiento -al igual que Fortabat durante la presidencia de Duhalde-. Pero sin mencionar este tema, Valle anunció: «el excedente presupuestario se destinará a ampliar las becas y se habilitará a los artistas y artesanos sin personería jurídica para que puedan acceder a los subsidios».
Interrogado si el acuerdo con el Centro de Cooperación es exclusivo, o si su intención es continuar con otras instituciones privadas, como el Malba, contestó que «desde luego», y que ya existe un acuerdo con el Banco Central para instaurar el premio Antonio Berni.
El presupuesto del Fondo, que en 1991 ascendía a sólo 2,5 millones de pesos, escaló en 1999 a 9,3 millones y entró luego en una curva descendente, hasta los 4,6 millones de la actualidad. «Hasta ahora trabajamos ad honorem», sentenció Hecker, esgrimiendo el conocido argumento de Nacha Guevara para que el trabajo del directorio sea rentado.
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