29 de septiembre 2005 - 00:00

Lección musical sólo para jóvenes

«Decidí canción». Guión y Dir.: G. Tarrío. Int.: V. Carzoglio,R. Lozupone, D. Velázquez, L. Stivelman y V. Lois. Coreog.: D. Velázquez, V. Carzoglio. Vest.: F. Gaitan y A.Press. (Club Mantis, Pringles 753.)

Definido por sus creadores como un «documental musical, clandestino, autobiográfico y remasterizado» este curioso espectáculo destinado al público joven propone un veloz recorrido por la industria de la música a través de los testimonios de cuatro fanáticos de la canción.

La acción transcurre en una especie de galpón, ambientado como un bar «cool», con su barra de tragos y un entrepiso de cemento que permite multiplicar el espacio escénico sin aludir a ninguna topografía en particular. Por más que la decoración del lugar remita a un boliche bailable, ésta no funciona como escenografía sino como un espacio virtual en el que los protagonistas (más una actriz invitada) bailan, hablan de su fanatismo por la música, inventan coreografías o recitan canciones de Björk y Annie Lennox traducidas al español, sin que medie una estructura teatral que condense cada cuadro o situación.

No hay conflicto a la vista ni construcción de personajes, por lo tanto el espectáculo puede ser leído como un collage visual y sonoro que intenta reproducir «en vivo» la estética del videoclip junto a la del documental de última generación, un género que coquetea con la ficción sin desvirtuar el dato enciclopédico.

En «Decidí canción» conviven las anécdotas personales y la dramatización de canciones («Mi árbol y yo» de Alberto Cortéz) con la bajada de información técnica. Todo lo que uno quiera saber sobre equipos, soportes, tracks o archivos digitales está expuesto aquí con un tono simpático y juguetón. Pero, lógicamente, no a cualquier espectador -por más melómano que sea- le interesa recibir una clase sobre la inminente decadencia del compact disc y el triunfo de los archivos digitales. También es probable que el esquematismo conceptual de la obra y su falta de articulación entre escena y escena distraigan la atención del público.

En compensación, la puesta tiene a su favor la contagiosa vitalidad de sus intérpretes, entre los que se destaca el actor Diego Velázquez. «Decidí canción» sólo intenta poner en escena una monomanía de índole universal que también es representativa de la juventud de hoy. De esta manera, no es difícil comprender que aunque la pasión por la música sea algo adictiva, también ayuda a que cuerpo y mente se liberen del abrumador peso de la realidad. Como dijo Nietszche alguna vez: «Sin la música la vida sería un error».

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