7 de septiembre 2021 - 00:00

Retrato de las señoritas que vinieron del norte

Laura Ramos reconstruye la epopeya, vida personal y amoríos de las maestras de los Estados Unidos que trajo Sarmiento a la Argentina.

Laura Ramos. “Fue una extravagancia rica en resultados pedagógicos”.

Laura Ramos. “Fue una extravagancia rica en resultados pedagógicos”.

La epopeya educativa y personal de sesenta y nueve maestras que Domingo Faustino Sarmiento “importó” de Estados Unidos entre 1869 y 1898, hizo que la enseñanza en la Argentina se volviera pública y laica. Sobre esta historia vuelve Laura Ramos en “Las señoritas” (Lumen) a través de las luchas pedagógicas, amores, aventuras y relaciones prohibidas. Ramos ha publicado “Infernales. La hermandad Brontë”, “Buenos Aires, me mata” “Corazones en llamas” y “La niña guerrera”. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Traer maestras de Estados Unidos fue “un loco proyecto” del “loco Sarmiento”?

Laura Ramos: Era una persona extravagante, con políticas extravagantes, y esa fue una de ellas. Pero los resultados fueron ricos en términos pedagógicos. Hubo una fusión de varias culturas a través de las maestras que trajo. La mayoría eran estadounidenses pero llegó a venir una polaca como Emma Caprile, que fue la planificó el histórico Normal 1 de la avenida Córdoba. Otra, Agnes Trégent, implantó en el Colegio para Huérfanas de la Sociedad de Beneficencia clases de tipografía y linotipia porque decía que las mujeres tenían que aprender oficios para poder sobrevivir. El intercambio con esas mujeres fue de una enorme riqueza cultural que se fue multiplicando a través de las generaciones porque fueron formadoras de maestras y maestros.

P.: Más que “señoritas” ¿no eran aventureras?

L.R.: ¿Cómo los exploradores del siglo XIX, pioneras, colonizadoras? Revolucionaron la educación. Llegaron a un país en formación. Hasta 1876 la educación para mujeres estuvo en manos de la Iglesia, en manos de las Damas de la Sociedad de Beneficencia, ese año el Estado tomó la educación y la hizo pública y laica.

P.: ¿Sarmiento exigía ciertas características físicas de las maestras?

L.R.: Las pedía jóvenes, solteras y atractivas. Quería que se casaran con argentinos y se crearan familias mixtas. Ninguna se casó con un argentino, pero veinte se quedaron a vivir acá y muchas formaron familias que fueron teniendo hijos argentinos. Reclamaba ese tipo de mujer, joven y atractiva, siguiendo ideas de Pestalozzi de que los alumnos aprenden más por imitación que por memorización. Sarmiento tomó esas ideas de la nueva pedagogía para promover la educación entre nosotros. Él tuvo un affaire con una estadounidense que quiso meter en los contingentes de maestras, pero la sabia Mary Mann, su aliada en el proyecto, no lo aceptó porque no era maestra, era una mujer casada, infiel a su esposo, enamorada de Sarmiento, o del diplomático que le regalaba vestidos. Ninguna de las que vinieron tuvo queja alguna sobre conductas inapropiadas de Sarmiento, todo lo contrario, si se quejaron fue porque se enojaba cuando se negaban a ir a las provincias que estaban en armas. Sarmiento era más político y pedagogo que mujeriego.

P.: Gracias a su libro nos enteramos de que la abuela de Borges tenía una pensión.

L.R.: Antes de que el Coronel Borges fuera a morir en la batalla de La Verde, antes que naciera su hijo Jorge Guillermo, Fanny Haslam, la abuela inglesa de Borges, se fue a vivir a Paraná, a casa de su hermana donde tuvo a su hijo, donde recibió la noticia de la muerte de su esposo. Tenía 33 años y debía subsistir, para superar los problemas económicos le dio pensión a maestras estadounidenses. Eso nos habla de nuestra historia, de los cruces y de los supuestos linajes.

P.: ¿Por qué esas maestras fueron a parar a una pensión en Entre Ríos?

L.R.: Sarmiento no se dio cuenta de que esas mujeres venían a enseñar a un país del que desconocían el idioma. Eran cultísimas pero no hablaban castellano. Traían un montón de conocimientos en inglés que no podían transmitir. Sarmiento ordenó que las que llegaban fueran a Paraná a un curso intensivo de cuatro meses de castellano, y luego partían hacia Corrientes, Tucumán, Jujuy, San Juan, Córdoba, su destino. Gracias a eso Fanny Haslam tuvo sus clientes cautivos, ¿qué más podían desear esas mujeres que las alojara una angloparlante? Así que el pensionado de Fanny funcionó muy bien, y lo siguió cuando se vino a Buenos Aires. Hubo en Paraná otros pensionados de estas maestras que muchas eran amigas entre sí.

P.: Se cuentan distintos amores, entre ellos que el de las maestras de Mendoza eran pareja,

L.R.: Mary Morse conoció a Margaret Collord en el barco que las traía a la Argentina desde Nueva York. Las dos tenían 25 años. Hicieron una amistad muy particular. Mary estaba destinada a la provincia de Mendoza. Margaret, que no era una maestra sarmientina, viajó a Montevideo como misionera. Mary le dijo que si un día cambiaba de idea la invitaba a que fuera a trabajar con ella de maestra en Mendoza. Dos años después Margaret se decidió, y al llegar a Mendoza la esperaba Mary que ya era directora y le dio el cargo de subdirectora. Yo me encontré con la bisnieta del administrador de la finca que llegaron a tener esas mujeres; él me contó que su mamá convivió con las dos maestras y su impresión fue que eran pareja. Esas dos extraordinarias maestras vivieron 53 años juntas y fueron enterradas juntas a su pedido. El pueblo las estimaba mucho, las respetaba, pero cuando el sobrino de Mary fue a cobrar su herencia de los viñedos y las fincas –ellas habían donado su jubilación a las jóvenes sin recursos que quisieran estudiar magisterio- enfurecido hizo una gran fogata en el patio de la casa en la que quemó las cartas, los libros, todo lo que demostraba la convivencia de las dos maestras. Así fue como se perdieron las palabras de Mary y Margaret, aquella niña mendocina sólo logró salvar dos libros de poesía y un par de vestidos. Resulta una delicia leer en las cartas que enviaban esas maestras desde distintos lugares de la Argentina; cómo vivieron las revoluciones, insurrecciones y combates junto a la historia doméstica de nuestro país.

P.: ¿En qué trabaja ahora?

L.R.: Con personajes de mujeres de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Estoy viendo personajes con historias que transcurren entre el Río de la Plata y Europa.

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