Llaman a proteger la diversidad cultural

Espectáculos

Valencia (Enviada especial) - El «Simposio Internacional de Iberoamericanos», que congrega a casi un centenar de críticos, operadores culturales y curadores de todo el continente, con las comunidades hispanas de EE.UU. y el Caribe, se centró durante su sexta edición en el tema: «Reenfocando visiones, problemas y posibilidades del mundo del arte». El lunes pasado, y en coincidencia con el esplendor de las Fallas, el coloquio se abrió con las palabras del alcalde de San Pablo, José Serra, invitado por Consuelo Ciscar, hoy directora del IVAM, Instituto Valenciano de Arte Moderno, pero responsable durante años del destino de la cultura de Valencia, que inauguró la modalidad tan europea de reunir figuras políticas con intelectuales. En el anterior Simposio, el ex presidente de Uruguay Julio María Sanguinetti demostró que los políticos aportan datos de la realidad que los intelectuales suelen ver desde otras perspectivas, y que el diálogo suele ser fecundo para ambas partes.

Serra
, en perfecto español, describió el contexto económico y político de su país y de Latinoamérica, y puso el acento en la necesidad de proteger la producción agrícola e industrial, que en países como EE.UU. o la Unión Europea se cuidan y subsidian. A su vez, Ciscar reclamó «proyectos concretos para rescatar una serie de valores identitarios», y agregó que «del otro lado del Atlántico, la todavía muy joven Latinoamérica muestra señales de madurez, al abrazar sin miedo la democracia y la estabilidad política, y al conseguir abrir, en ocasiones de modo demasiado acelerado, su economía». Ambos marcaron un punto donde confluyen los intereses políticos y culturales.

Frente a la posición mundializante de EE.UU., los discursos subrayaron que Latinoamérica debe implementar políticas que protejan la diversidad cultural, ante el riesgo de que continúe imponiéndose una cultura ajena, universal y dominante, igual para todos.

Y aunque Serra centró la urgencia en las patentes medicinales, calzaba al dedillo con el reclamo de Kevin Power y Fernando de Castro, coordinadores académicos del encuentro, quienes luego de decir que la industria cultural «está obligada por lucro a expandirse hasta convertirse en cultura global», cuestionaron: «¿Hasta qué punto no se trata de una nueva recolonización? ¿El estilo internacional, adoptado por tantos artistas de los 90, y a menudo tan criticado por su complicidad abierta con los sistemas de poder, es acaso la única e inevitable solución? ¿Lo nacional, hasta que punto se convierte en anécdota? O,¿cuáles son las posturas que, más allá de la comparación, la oposición o la negación, pueden adoptar los artistas del Sur para situarse frente al Norte?».

Demasiados interrogantes, acaso, para una semana. Estas cuestiones irresueltas, más otras vicisitudes, planteó
Emanoel Araújo, secretario de Cultura de San Pablo, quien expresó la necesidad de conciliar la diversidad interna de Brasil entre negros y blancos, desafío que asumió en 2004 al crear y asumir la dirección del nuevo Museo Afrobrasileño.

Como siempre en este Simposio, las tensiones entre la producción intelectual y artística que se produce dentro y fuera de Cuba, quedaron a la vista. En esta ocasión se reconoció la obligatoriedad del cliché, pues tanto en Miami como en la Isla, demandan un arte que hable de la situación política. Los claros ejemplos fueron las comunicaciones telefónicas interrumpidas y otros relatos derivados del exilio, en las pinturas de
José Bedia, y referencia a las balsas en las obras de Kacho.

El colombiano
José Roca, habló sobre las «Construcciones curatoriales de la identidad nacional», enfatizando con ironía (ver Actualidad), la posición subordinada de Latinoamérica, ya que en los circuitos del Norte piden «un arte figurativo, mágico y colorido». «No quisiéramos que se nos vea sólo como un país violento y de narcotráfico, que el arte sea otra víctima del conflicto, o como dice la artista Nadín Ospina, que figure como un daño colateral de la información sensacionalista», señaló.

En las conclusiones,
Power, habló sobre la avalancha de textos referidos al tema de la belleza, «no como valor universal, sino como instrumento de cambio en una sociedad a menudo petrificada». Destacó que este revival «tal vez sea una respuesta al agotamiento del arte neoconceptual, sociológico y político, y diluvio de imágenes en ciba crom». Afirmando este concepto del retorno a la belleza en un mundo de alta tecnología, Ciscar concluyó, citando a Borges, que a veces «el mapa no coincide con el territorio», y que «la sola aspiración a la belleza, ya nos trae una promesa de felicidad».

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