Lo importante son los climas

Espectáculos

Es muy poco lo que ocurre en escena pero lo suficiente como para construir una historia que cambia de color según el punto de vista de quien la observe. En esta pieza escrita y dirigida por Romina Paula se cuenta sólo lo imprescindible. Los diálogos se han reducido al mínimo y el conflicto que liga a sus tres protagonistas permanece siempre entre sombras. Y, sin embargo, su fuerza se percibe hasta en las acciones más superficiales.

Se trata, en suma, de una variante escénica de la conocida «teoría del iceberg», elaborada por Ernest Hemingway a partir de su propia narrativa. Según el escritor: «Hay siete octavos de témpano bajo el agua por cada parte que se ve de él. Todo dato que uno conozca y pueda eliminar sólo contribuirá a fortalecer el iceberg».

En «Algo de ruido hace», esas zonas ocultas tienen que ver, entre otras cosas, con un secreto pacto entre hermanos. Tras la muerte de su madre, Nacho y «el Colo» siguen viviendo en la misma casa.

Ambos son muy callados, algo abúlicos y por qué no decirlo, bastante opas. Viven aislados, no atienden el teléfono y sus pequeños rituales domésticos llevan a sospechar que la conducta de estos muchachos está impregnada de algunos rasgos psicóticos. La llegada de una prima altera ese orden enfermizo y como detenido en el tiempo. Su presencia sacude hormonalmente a estos antiguos compañeros de juegos que no saben cómo responder a esta atractiva joven, simpática y habladora, que moviliza sus recuerdos de infancia compartidos, pero que a la vez los perturba con sus preguntas y observaciones.

La obra está estructurada en base a apagones que marcan el paso del tiempo y permiten subrayar con más énfasis los vaivenes de este extraño triángulo entre dos hermanos simbióticos y una intrusa. La ambientación tiene una calidad cinematográfica y su iluminación reproduce gratamente todas las variantes de la luz diurna. Para completar la enorme seducción que generan estas imágenes se incluyen algunos temas musicales. La articulación entre ambos lenguajes es muy sutil y equilibra los prolongados silencios de los hermanos. El clima de amenaza y de violencia sexual que va rodeando a la visitante, está suavizado con algunos rasgos de humor.

Se trata pues de un espectáculo más de atmósfera que de contenidos y que además concentra toda su fuerza expresiva en la magnífica labor de Pilar Gamboa, verdadero eje de esta puesta.

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