17 de septiembre 2002 - 00:00

"Los artistas deben transmitir esperanza aunque no la tengan"

Alberto Cortez
Alberto Cortez
Nueva York - Durante su paso por Estados Unidos, invitado a participar en el Festival Cultural Latino en el Queens Theatre in the Park de Nueva York, dialogamos con Alberto Cortez, un cantante que cree en la función terapéutica del arte en momentos de crisis: «El artista debe ofrecer esperanza, nunca lo contrario», declara. «Sabemos que la crisis es dura, que los decretazos diarios pulverizan a la gente, pero el artista tiene que ser el antídoto. Cómo artista no sólo puedo sino que tengo la obligación de ver un futuro mejor». Claro, nunca se sabrá si él realmente lo ve así o no. Su propia declaración anula la repregunta.

Nacido en Rancul en 1940, a los veinte años Cortez cruzó el Atlántico y se instaló en Espa-ña, donde vive desde comienzo de la década del sesenta. Allí, por primera vez en el mundo de habla hispana, transformó en canciones los textos de Antonio Machado, Lope de Vega, Quevedo y otros clásicos.

Ha hecho giras por los principales teatros de América y Europa, incluyendo el Opera de Buenos Aires, el Teatro de la Ciudad de México, el Lincoln Center y el Carnegie Hall de Nueva York. Rara vez la Argentina deja de estar en su agenda: en estos días, por ejemplo, está planeando su próxima gira al país donde quiere repetir la experiencia que tuvo el año pasado en México junto a Estela Raval y Los 5 Latinos.

Periodista: ¿Qué lo trajo a Nueva York?


Alberto Cortez:
Cada tanto me doy una vuelta por esta ciudad que, a pesar de que es un lugar que me agobia físicamente como cualquier otra gran metrópoli, al mismo tiempo me atrae. Nueva York es una ciudad apasionante y con un buen público. Vine porque me invitaron nuevamente a participar en un festival de música latina que se lleva a cabo todos los años.

P.: Cuénteme de su próximo viaje a Buenos Aires.


A.C.:
Será a finales de septiembre o principios de octubre, quiero volver a hacer algo con Estela Raval y Los 5 Latinos. Lo de México fue una experiencia maravillosa, y estoy decidido a repetirla en Buenos Aires. No quiero olvidarme de la Argentina en este momento. Aunque sea quiero proyectarle la esperanza a la gente. Este desastre algún día tiene que acabar, tiene que terminar. Antes resolvíamos todo con una cosecha, ahora vamos a necesitar varias.

P.: Usted dijo en México que «le habían robado el país».


A.C.:
Es así. No me lo robaron a mi sólo sino que se lo ro-baron a todos. Me han robado la infancia, la adolescencia, las esperanzas, la producción futura.

• Supervivencia

P.: ¿Por qué se fue del país?

A.C.: A mí no me hubiera gustado irme, me hubiera gustado quedarme, pero buscaba oportunidades y si no me las dan las tengo que buscar en algún lado, la supervivencia de la ilusión y la esperanza tiene que proyectarse hacia donde tenga una posibilidad de realizarse. Me he tenido que ir del país para poder proyectarme donde yo creía que podía hacerlo, y como yo hay miles y miles de personas, especialistas, médicos, arquitectos, abogados, ingenieros y gente que triunfa afuera. En Madrid, que es donde vivo, los arquitectos argentinos son de lo más reconocidos como maestros en lo suyo y han ayudado a conformar incluso un nuevo aspecto de la ciudad. Y con ellos no se acaba, hay argentinos en todas las especialidades, y son muy bien recibidos y aceptados. Eso significa que nuestro país no ha hecho lo suficiente como para darnos oportunidades y quedarnos. Me da mucha bronca por la gente joven pero es la realidad.

P.: Hablando de los jóvenes ¿Qué le produce saber que grupos de rock en Argentina reproducen sus canciones?


A.C.:
Cuando uno compone una canción se produce un fenómeno único. Una canción es algo que se convierte automáticamente en viento, es decir está en el aire y en consecuencia quien quiera que la cante. No solamente lo hicieron grupos de rock, también otros lo han hecho, como la Mona Giménez. No me molesta pero también diría que es un poco peligroso lo que está sucediendo porque hay mucha oreja y la música no es solamente eso, es mucho más que oído, y estos pibes que tienen grandes intuiciones musicales deberían procurar intentar conseguir una formación lo suficientemente amplia como para poder extender mucho más su talento.

P.: ¿Cuál es el peligro?

A.C.:
Si uno quiere escribir y no conoce el idioma lo más probable es que escriba una porquería, que no pueda leer nadie, en la música sucede eso también, es un idioma que se lee y se escribe. Es lamentable que los chicos no se preocupen de esto, con el hecho de hacer cuatro cortes con una guitarra eléctrica y cantar una canción piensan que ya está todo hecho, y no es así. Sí se quiere permanecer o perdurar en el mundo de la música hay que estudiar. Fito Páez, por ejemplo, sabe música, sabe tocar, sabe escribirla y manejarla, en consecuencia tiene más posibilidades de exponer su talento.

P.: ¿Y de su generación a quién valora?


A.C.: María Elena Walsh
, que es una poeta magistral con canciones magistrales y que ha adoptado la música como vehículo para transmitir su poesía. Yo también he tratado de ponerle música a distintos autores como Machado o Almafuerte, he proporcionado otro vehículo para conocerlos, además del libro. Hoy en día la gente no lee pero sí escucha mucha música. María Elena Walsh también utiliza la música en su literatura. Hay pocas canciones tan perfectamente hechas como «La cigarra». Hay otros se hay mostrado talentosos, como Facundo Cabral y Luis Alberto Spinetta.

P.: ¿Nunca estuvo tentado en subirse al éxito que viene teniendo el tango en el mercado internacional?


A.C.:
Hay dos formas de ver la música, una es buscar el éxito y otra sencillamente hacer música como una necesidad íntima. Yo a veces canto tangos pero no me atrevo a subirme a un escenario y cantarlo al público porque considero que hay especialistas en tango y yo no lo soy.

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