5 de mayo 2004 - 00:00
"Los mandarines ya no controlan la cultura"
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Arturo Pérez-Reverte
Periodista: ¿Su personaje Alatriste llega finalmente al cine?
Arturo Pérez-Reverte: Tardé mucho en permitirlo. Alatriste está en los colegios. Ha crecido más de lo que imaginaba. El primer país en que estuvo en las escuelas, antes que en España, fue en la Argentina. Aquí empezó. En España es un recorrido turístico por los lugares de sus aventuras, un juego de roll y está en comics. Por eso no quería que Alatriste fuera al cine. Cuando se crea en el imaginario del lector un personaje es peligroso perturbárselo, darle una figura y un rostro. Hubo un primer proyecto norteamericano. Cuando leí el tratamiento que iban a darle, le dije adiós a Hollywood y a hacer una película. Pero hace seis meses Agustín Díaz-Yañez, que además de cineasta es historiador, hizo un guión notable. La película con presupuesto de 30 millones de dólares, es coproducción españolafrancesanorteamericana, comenzará a rodarse en diciembre y se estrenará en 2005.
P.: Usted es uno de los pocos escritores españoles cuyas obras pasan rápidamente al cine.
A.P-R.: Han hecho ocho, y no todas me han gustado. La de Roman Polanski, basada en «El club Dumas», «La novena puerta», se podía ver la primera mitad, el final no me dejó contento. Comprimió la novela, y puso esos demonios muy a su estilo. Bueno, el director es un lector que da su versión del libro. Ahora Luis Mandoki, el de «Mensaje de amor», está por llevar al cine «La Reina del Sur».
P.: ¿Qué película, basada en una novela suya, le gusta más?
A.P-R.: «El maestro de esgrima» que dirigió Pedro Olea, y que, paradójicamente, fue la primera. Es la más elegante, la que mas respeta el estilo del personaje.
P.: ¿Cuánto cree que hizo por España con el Capitán Alatriste?
A.P-R.: Por España no sé, pero sí se lo que he hecho por la generación de mi hija. Alatriste nace para que la generación de mi hija conozca aquello que los planes de estudio le han quitado. Me propuse que al leer esa saga se entendiera mejor la palabra España, en esa amplitud que abarca, en los tiempos que actúa Alatriste, de Estambúl a la Patagonia.
P.: ¿Buscó participar del auge mundial de la novela histórica?
A.P-R.: Si se da es porque la gente busca en las librerías lo que le niegan en colegios y universidades. Hoy todo es técnico, las humanidades se están desmantelando en el mundo, y la gente necesita saber quienes fueron sus abuelos, sus raíces. Quiere enterarse y va a las librerías. Es buenos para los libros y para los novelistas. Aunque no fue esa mi intención al escribir la historia del Capitán Alatriste.
P.: ¿Cuál fue la suya?
A.P-R.: Quería que mi hija conociera su memoria con lo bueno y con lo malo -por eso la impliqué, en 1966, en el primer libro de la saga, cuando tenía doce años-, porque sin la historia no puede entenderse el presente.Y el siglo XVII, del que trato, fue decisivo para Europa y para el mundo hispano. ¿Por qué elegimos ese dios equivocado? Apostamos por un dios oscuro, que quemaba herejes y libros, en vez de por ese dios moderno, anglosajón, protestante, que quería comercios, economía, liberalismo. De allí para acá arrancan todos nuestros males: redentores fanáticos, gobernantes incapaces y políticos corruptos. Alatriste es mi modo de recuperar de forma objetiva todos eso. Fuimos basura y fuimos gloria, las dos están ahí: la Inquisición pero también Velázquez, Lope y Quevedo. Eso fue lo que, para mi sorpresa, atrajo a los lectores jóvenes.
P.: Y los no tan jóvenes, que lo han convertido en miembro de la Real Academia Española.
A.P-R.: Me hicieron una broma. Cuando me convocaron, dije que no me consideraba para un sitial en la Academia. Me plantearon: Mire, queremos hacer académico al autor de «El Capitán Alatriste» porque ha trabajado con la lengua, ha trabajado con nuestra historia, tiene formación clásica y lo demuestra; y queríamos saber que diría si usted no fuera el autor. Dije: Sí, por qué no; y me hicieron académico en la primera votación con 15 votos a favor y 2 en blanco. El haber estado en tantas guerras y visto los frágiles que somos, hace que esto no se me suba a la cabeza.
P.: Su llegada a la Academia debió desconcertar a los que lo criticaban.
A.P-R.: Cuando comencé me atacaban los que tenían el control del mundo cultural porque no era uno de los suyos, era un intruso. Cuando «Le Monde» me dedicó la primera página o «The New York Times» la tapa de su suplemento literario, no supieron como colocarse. Las cosas cambiaron en España, ha habido una revolución literario democrática que dejó de lado las capillas. Afortunadamente, ya no controlan la cultura los mandarines de hace 20 o 30 años.
Entrevista de Máximo Soto




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