«Mi
hermano es
hijo único»
transcurre
en el mismo
período
italiano de
«La mejor
juventud»
aunque no
es tan
lograda,
igual
interesa,
divierte y
también
duele.
«Mi hermano es hijo único» (Mio fratello é figlio unico, Italia, 2007, habl. en italiano.). Dir.: D. Luchetti. Guión: D. Luchetti, S. Petraglia, S. Rulli, A. Pennachi.; Int.: E. Germano, R. Scamarcio, A. Finocchiaro, L. Zingaretti, A. Bonaiuto, M. Popolizio, A. Celestini.
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Latina, 1962. No es lo mismo decir Roma, 1961, envanecida por la dolce vita y el éxito de las Olimpíadas del año anterior, ni Milan, 1963, la industrial, con el aire cada vez más enrarecido, que decir Latina, 1962, y empezar allí esta historia, más o menos inspirada en la novela de Antonio Pennachi «Il fasciocomunista». Una ciudad chiquita, luminosa, de las tantas que fundara, veinte años antes, il duce. Quieras que no, il duce es todavía el héroe, al menos para varios de sus habitantes, entre ellos el protagonista, un chico poco agraciado, nervioso, que se vuelve energúmeno ante las injusticias, la inacción, o las burlas.
Su hermano mayor, en cambio, es lindo, seductor, canchero, de buena labia, y militante comunista. Entre medio está la hermana, fea la pobrecita, que no viene al caso, salvo cuando se engancha con su profesor de música, un hombre grande, también comunista, a quien el padre, un buen tipo, medio apagado, enfrenta de modo, digamos, inocente. Se entiende que, con un padre desdibujado, y una madre gruñona que admira al hijo lindo, el menor encuentre su lugar, al menos pasajero, junto a un pelado fascista, vendedor ambulante, que le pasa línea («los americanos hace 200 años eran indios y ahora quieren enseñarnos democracia», etc.), y lo lleva en peregrinación al mausoleo de Benito Mussolini. Cuando crezca un poco, el chico encontrará otro lugar, también pasajero, con la mujer del fascista. Vale decir, son italianos, y esto es una comedia. Los hermanos discuten, se aporrean, pero se quieren. Pero es una comedia dramática. Entre 1962 y el final de la película, Italia irá cambiando, surgirán grupos demasiado peligrosos dentro de la izquierda, ciertas cosas dejarán de causar gracia.
No corresponde contar las vueltas de tuerca que nos esperan. Digamos, sí, que el director Daniele Luchetti prefirió centrarse en los afectos y los recuerdos, más que en los discursos políticos o las reflexiones ideológicas, como había hecho en sus anteriores -y muy destacables- «Sucederá mañana», «La investigación» (Il portaborse), o en su fragmento de «Un'altro mondo é possibile». Y que los colibretistas son los mismos de «La mejor juventud», la obra magna de Marco Tullio Giordana. De hecho, «Mi hermano es hijo único» (título tomado de una canción de Rino Gaetano) toma similar período pero no es «La mejor juventud». No vale compararla. Pero igual interesa, informa, divierte donde tiene que divertir, y llega a dolernos.
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