2 de marzo 2020 - 00:00

Magnífica muestra le da visibilidad a Kantor

Un artista versátil que fue pintor, retratista, muralista, precursor de la caricatura moderna en el periodismo porteño, y escritor comprometido.

Kantor. Portada del libro-catálogo con una de sus caricaturas.

Kantor. Portada del libro-catálogo con una de sus caricaturas.

En el Museo Quinquela Martín se exhibe una muestra homenaje a Manuel Kantor (Buenos Aires, 1911 - Jerusalén, 1983). Se trata de revalorizar la obra de un artista versátil: dibujante, pintor, retratista, muralista, precursor de la caricatura moderna en el periodismo rioplatense, escritor comprometido contra el nazifascismo y el franquismo. Bajo la curaduría de Yamila Valeiras, autora del texto principal del excelente libro-catálogo, y el equipo de investigación del Museo, la muestra se divide en siete ejes.

“La Biblia y el cajón de querosene” cubre la recopilación de sus memorias en un libro autobiográfico publicado en Milán en 1971, “Kantor Disegni”. ¿Por qué la Biblia? Fue a través de un ejemplar del Antiguo Testamento, atesorado por sus padres, judíos ortodoxos, que Manuel Kantor tomó contacto con el arte, ya que eran 241 grabados en madera, muchos de ellos relacionados con el Diluvio Universal. El cajón de querosene remite al único juguete que tuvo a los 6 años y que se convertiría en transporte para su imaginación.

Otro de los ejes, “Periódicos, café y perspicacia”, señala su ingreso al mundo académico y al de la bohemia. A los 14 años ingresó a la Academia Nacional de Bellas Artes y a la sección teatral de un periódico. Quinquela y Filiberto comandaban las peñas del Tortoni y muchas de las obras de carácter político se originaron en el mítico café. En sus caricaturas se nota la influencia de Picasso -a quien admiraba- por atreverse a usar la bifrontalidad. “Mirar el río, pensar en la otra ribera”, es un eje que remite a su condición de viajero. Hay un personaje inventado “Don Casifrundo, un modo de andar”, personaje de un cuento que nunca pudo editarse.

“Dibujos que se hacen con odio” es una serie de caricaturas políticas relacionadas con la Segunda Guerra Mundial. En palabras del artista, “está el dibujo que se hace con amor, con ternura”. El otro, “cuando un mundo subhumano surgió de los infiernos y se apoderó de la mitad de la tierra martirizándola con sus crímenes jamás igualados”. Hacia 1950 emprende lo que se dio en llamar “el grand tour”, un período de formación para los intelectuales que buscaban en Europa y otros lugares del mundo, el modelo a seguir para desarrollar sus inquietudes estético-literarias.

Muy lejos de la invasión actual de los museos por muchedumbres que miran las obras sacándose selfies, Kantor dice: “El Museo del Prado fue mi calvario y mi fiesta”. Es el momento en el que Kantor toma el pincel. Otros artistas lo impulsan; en la Argentina, Spilimbergo, y en Brasil Portinari, con quien ejecutó algunos murales. Obras realizadas en Río de Janeiro y Bahía se incluyen en el eje “De Bahía a Tel Aviv: itinerarios de la línea al color” que Miguel Ángel Asturias alaba cuando en 1958 escribe: “hay una magia americana, se siente o no se siente. Kantor la siente y la hace sentir en sus dibujos y pinturas”.

Forman parte de su itinerario pictórico Safad, Acre, Eilat en Israel, el tango, la pesca, el fútbol, el mural de la AMIA destruido en el atentado de 1994, México. Todo desembocará en “La Boca Metafísica” en las décadas de 1960 y 1970. Estática, geometrizada, melancólica y nostálgica. Entre los escritores que se refirieron a su obra están el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, los argentinos Manuel Mujica Lainez, Osiris Chiérico, Ernesto Schoo, Julio Payró, Lorenzo Varela, José Luis Lanuza; los españoles Arturo Cuadrado y Rafael Alberti, cuyo poema “Kantor de viaje” (1954) dio lugar al título de esta muestra abarcativa que da visibilidad a un artista fecundo. (Clausura el 28 de marzo).

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