El descubrimiento de una cinta donde Diana Piazzolla le hacía confesiones y reproches a su padre, fue el puntapié para la creación de un sensible cortometraje producido por Marcela Villaflor Piazzolla, nieta de Astor y cofundadora de una entidad dedicada a difundir su obra y ayudar a músicos, historiadores, productores, amigos del tango en general e incluso niños, esto último a través del programa Piazzolitas, ya concretado en algunas escuelas. Charlamos con ella.
Marcela Villaflor Piazzolla y su corto familiar: "Astor era del mundo, no nuestro"
La nieta del músico presentó un audiovisual que narra la historia íntima de su abuelo. La relación con su madre, poeta y militante exiliada en México. Diálogo con la autora.
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Astor Piazzolla, leyenda del tango a nivel mundial.
Periodista: A modo de presentación, podría decirse que usted es escritora, gestora cultural, tiene una sonrisa muy agradable, cuatro hijos, dos perros, una casita con fondo de plantas y hamaca, y dos apellidos de peso, a los que hace honor.
Marcela Villaflor Piazzolla: Mi hermano Daniel y yo nacimos en México, donde nuestros padres estaban exiliados. Allá se usa tener dos apellidos. Después vinimos y nos preguntábamos si éramos de acá o de allá. Escribí una novela sobre eso. En parte somos la historia de nuestros padres, y uno con eso hace lo que puede.
P.: ¿Cómo nace este cortometraje, que ya se consagró en el Festival de Cine de Mar del Plata, y cómo lo hicieron?
M.V.P.: Un día, para rememorar sus voces, empecé a escuchar los cassetes que mis padres mandaban a la familia desde México. Llamar por teléfono salía carísimo, así que enviaban cassetes. De pronto, sorpresa, encontré uno muy posterior, que Diana grabó cuando el padre ya había muerto. Eran confesiones y reproches al padre que no pudo decirle en vida. ¿Qué hacer con eso? Escribí a Flor Berthold y Carla Scatarelli, las directoras, que son mis amigas. “Encontré esto, ¿qué hacemos?” Pensamos en una película. Mejor empecemos por un corto con la voz de mi madre y una actriz encarnándola en sus paseos por la playa. Lo llamamos “Mientras tanto” porque así se llamaba su casa en Cariló. El actual dueño me la prestó para unas tomas (se conserva tal cual) y el del balneario también nos ayudó. Todo el equipo se fue sumando de un modo muy lindo, sentí que nos elegíamos como familia. Y en el rodaje sentí que mi madre estaba ahí. El último día llevé un bandoneón de Astor y de pronto, cuando abro la caja empiezan a volar fotos por la playa. Fue algo mágico.
P.: ¿Quién encarna a Diana Piazzola?
M.V.P.: La actriz Queli Berthold, ¡ah, es muy parecida a mi madre! La vio el tío Pipi y me dijo: “Marcelita, por un momento creí que era Diana”. Queli es artista plástica, escritora como era ella, también tiene una enfermedad, pero la enfermedad no la doblega. Así era mamá, nunca se victimizó. Mientras pudo andaba por el pueblo, no parecía enferma. Pero tenía Epoc, al final le costaba respirar, la he visto volverse violeta, sin aire, tratando de lle
gar al tubo de oxígeno. Es muy cruel esa enfermedad.
P.: Y le pesaba la relación con su padre.
M.V.P.: Ella era escritora, publicó poemas, novelas, cuentos, también escribió dos temas con su padre, pero además era miembro del Peronismo de Base, estuvo en la ocupación de YPF bajo el gobierno de Isabelita, y se salvó porque Bernardo Neustadt le avisó al abuelo “su hija está en una lista negra, tiene que irse cuanto antes”. Entonces, año 1974, ella viajó a México, que siempre fue cálido con los exiliados, y allá formó un hogar con José Osvaldo Villaflor, que en Argentina había sido obrero gráfico y dirigente de la CGT de los Argentinos. Mamá y el abuelo estuvieron años alejados. Son cosas de la vida. Hasta que un día él quiso conocer a sus nietos, y luego le propuso a mamá escribir una biografía novelada, “Astor”, que fue la excusa para el reencuentro. Habrá sido una relación muy difícil para ambos, porque no era una cosa común tener un padre como Astor Piazzola. En el cassette ella dice, por ejemplo, “nunca te vi llorar”. Esa distancia era tremenda.é
P.: ¿Era muy bravo, don Astor?
M.V.P.: Tenía un carácter especial, mucho sentido del humor (le recomiendo un libro de Oscar López Ruiz, “Piazzola ¡loco, loco, loco! 25 años de laburo y jodas conviviendo con un genio”), pero a la vez era muy serio, muy estricto, muy exigente, ante todo consigo mismo. Hay que pensar que desde niño tuvo que armarse un carácter fuerte, aprendió boxeo para defenderse de los otros niños del Bronx, encima tuvo todas esas operaciones en la pierna.Fue un niño muy especial que empezó luchando. Y cuando agarró el instrumento lo agarró desde la seriedad, la pasión. Y luego, Astor era del mundo, más que nuestro. No hubiera podido ser él sin haber dejado su familia. No podía tener una vida de hogar. La vida lo hizo así. Nadie elige 100% cómo va a ser. Como puede se va armando.
P.: ¿Cómo era con los nietos?
M.V.P.: No es que fuera a visitarnos muy seguido. Era del mundo. De chica pensaba que mi abuelo vivía en los aviones, pasaba un avión y yo levantaba la mano, “adiós, nono”. Me recuerdo sentada en sus rodillas cuando vino a conocernos, traía un juguete. O una vez, ya en Argentina, cuando me llevaron a verlo en un recital y entró Carlos Menem al camarín a saludarlo. Muy seductor, muy cariñoso conmigo, “esta nena me la llevo”, y el abuelo “ah, no, no, esta nena es mi nieta”, recuerdo que me emocioné, me puse toda orgullosa.Pero realmente pude reconocer a mi abuelo como abuelo recién cuando se enfermó. Antes no me animaba a decirle “te quiero”. Recién cuando yo tenía 14 años y él estaba enfermo, dos años estuvo enfermo y ya no podía hablar, ahí yo le tomaba la mano, le decía “te quiero”, y se le llenaban los ojos de lágrimas.
P.: Con la abuela era otra cosa.
M.V.P.: Abuela Dedé (Dedé Wolf) era maravillosa, era fantástica. Le encantaba contarnos cuentos verdes, y yo: “¡Abuela! ¿Qué me estás diciendo?”. Era una artista tremenda, cantaba, pintaba, hacía esculturas, siento que no pudo desplegar sus alas. Siempre lo amó, aún después de la separación. Y al final se dejó morir. La tenía muy clara. Yo quería cuidarla y me decía “Dejame ir. Quiero estar con Astor”.En junio, en el teatro Carlos Carella, pondremos una obra sobre ella. Cómo trató de encontrar su propia voz a la sombra de él. También explicamos la relación de esos chicos, porque eran chicos cuando se enamoraron. Creo que a la gente le va a encantar. A través de esa obra diré “Les presento a Dedé”. Estoy poniéndola en un lugar más amoroso, tal vez porque quiero estar un ratito más con ellos. Todo es desde el amor. ¡Recuerdo una vez que él la perseguía en broma por toda la casa, y yo corriendo detrás de ellos, muerta de risa!
P.: No hemos hablado de José Osvaldo Villaflor, su padre, obrero peronista cuya familia casi entera tuvo un triste final. ¿Cómo se llevaba Piazzola con su yerno?
M.V.P.: Se respetaban mucho. Se respetaban por la manera de manejarse en la vida, y también creo que se admiraban mucho, porque ambos querían mejorar la sociedad, fueron revolucionarios, cada uno en lo suyo. Pero hay algo muy triste: nosotros, de niños, en México, creíamos que éramos felices, pero nuestros padres estaban rotos. Papá ya venía de años de cárcel y tortura bajo diferentes gobiernos, y años de ilusiones perdidas. Conviví con la enfermedad de mi padre desde que tuve uso de razón. Vi cómo se iba yendo. Siempre lo quise rescatar, lo veía en su habitación, me costaba sacarle una sonrisa. yo era muy compañera suya. Cuando sucedió la muerte del abuelo, muy poco después murió papá. Siempre supe que iba a morir así.
P.: ¿Así cómo?
M.V.P.: Se tiró del balcón. Sentí un ruido, enseguida sonó el portero eléctrico, mamá bajó a ver, y cuando subió, de solo verle la cara enseguida entendí lo que había pasado. No lo pude llorar, por un tiempo no pude perdonarlo. Pero él vivía con sus compañeros muertos, con los primos y sobrinos Villaflor que murieron torturados, Raimundo, Josefina, Azucena... Hoy lo entiendo. Escribí una obra de teatro para recordarlo, “Qué parte de él”. La directora será Scatarelli.
P.: Así que ha escrito dos obras de teatro sobre respectivos miembros de su familia, y produjo un corto, quizá también haga un largo, sobre su madre.
M.V.P.: Unas personas tan complejas. Y Astor está en todo, y están todos. El corto también es un homenaje a él, y al tío Pipi, que era otro músico extraordinario. El abuelo en concierto era asombroso, esa mirada que tenía mostraba su poder, yo sentía fascinación, me sentía conmovida, es mi sangre.
P.: En la página web de la Fundación Piazzola ustedes pusieron la discografía completa, desde 1945, cuando dirigía la Orquesta Típica de Fiorentino, hasta un disco grabado en Alemania y editado recién en 1999, no falta nada.
M.V.P.: De esa recopilación se ocupó Daniel, un trabajo impecable, bien expuesto, para que pueda consultarla tanto una persona común y corriente como un tanguero, un músico o un historiador que quiere saber más. Ahora Alejandra López Ruiz me donó muchísimo material para poner en otras partes de la página, el mundo de Astor es inmenso. Por todos lados encuentro fanáticos que me van contando cosas que no sabía.
P.: Hay mucho que todavía no sabemos. En la Sociedad Francesa de Autores y Compositores Piazzola registró un total de 685 obras, como para no tocar las mismas de siempre.
M.V.P.: Todo eso queremos recopilar y difundir, tenemos muchas ganas de encontrarnos con músicos que quieren tocar temas de Piazzola, la Fundación es el vehículo. Hace año y medio que somos Fundación, la llevamos adelante los nietos, con mucho orgullo y entusiasmo. En todo orden, se vienen proyectos muy lindos, ya está en marcha Piazzolitas, un programa de actividades que empezamos el año pasado en algunas escuelas. La idea es que los chicos descubran una música distinta, conozcan cómo fue la infancia de Astor, la pasión que tenía.
P.: Algo que ustedes evidentemente han heredado.
M.V.P.: Una vez, yo era muy niña, me preguntó qué quería ser cuando fuera grande. “Bailarina”, le dije. Me miró y me dijo “Podés ser lo que quieras, podés hacer lo que quieras, pero lo que hagas hacelo con pasión”. Creo que tengo pasión en lo que hago, se me pone la piel de gallina cuando escribo. Ese fue su legado, ir siempre hacia adelante con pasión, estudio, perseverancia.
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