17 de diciembre 2003 - 00:00

"Me vuelvo detective al escribir biografías"

Alicia Dujovne Ortiz
Alicia Dujovne Ortiz
L a escritora argentina Alicia Dujovne Ortiz reside en París desde hace 25 años pero no ha logrado alejarse de su patria, lo demuestran sus biografías «Maradona soy yo» y «Eva Perón». Volvió a Buenos Aires para presentar su nuevo libro, «Anita cubierta de arena» (Alfaguara), sobre la amante de Giuseppe Garibaldi.

Periodista:
¿Por qué después de sus biografías de Eva Perón y de Maradona, escribe sobre Anita Garibaldi?

Alicia Dujovne Ortiz: Tienen un común denominador, son todos marginales, con su identidad fragmentada no son personas cómodamente instaladas en la vida. Todos son mujeres, porque cuando hablo de Maradona, en «Maradona soy yo», soy yo, una mujer, quien habla en primera persona sobre Maradona. Jamás me meto en la cabeza de un hombre.


P.:
En el caso de Anita Garibaldi une lo marginal con lo exótico.

A.D.O.: La historia de Anita la conocí por primera vez a los 11 años de labios de mi madre, Alicia Ortiz Oderigo, que en el Giannicolo de Roma, señalándome la estatua de una mujer a caballo que sostenía con la izquierda las riendas y el bebé, y con la derecha un fusil, me dijo: «Esa es Anita Garibaldi». Esa imagen me marcó, acaso porque en mi adolescencia me pensé como una madre guerrera, y no como escritora. Luego de eso investigué. No hay biografía histórica sin volverse detective. Cuando leí las memorias de Garibaldi hubo un párrafo que mandó la historia a otra dimensión. Garibaldi cuenta cómo, luego de la muerte de Anita, de su fracaso en el sitio de Roma en 1852, baja en la costa peruana y se encuentra con una señora gorda y paralítica, con la que habla durante horas y se despide llorando. Es Manuela Sáenz, que fue la amante de Simón Bolívar.


P.:
¿Por qué ese encuentro dio a la historia otro sentido?

A.D.O.: Me llevó a pensar en Aninha Ribeiro Antunes, mujer de Rio Grande do Sul, chinaza brava, de grandes pechos, inculta, locamente enamorada de un idealista y masón italiano admirado por ácratas y fascistas, y descartado por los marxistas. A Anita la pongo frente a Manuela Sáenz, infinitamente más culta, refinada, que ha tenido tiempo de reflexionar sobre su relación con Bolívar y sobre las últimas palabras tan desencantadas del prócer: «Hemos hecho una república sin republicanos».


P.:
¿Le gusta contar de mujeres de armas llevar?

A.D.O.: En este caso, concretamente. La mía es una épica femenina. Me gusta desenterrar a heroínas encubiertas. Aquí cuento de una mujer inculta y enamorada hasta la absoluta entrega, cuya vida es comprendida más tarde por una mujer culta y desencantada. No niego que Anita pudo ser una buena madre y querer a sus hijos, pero amaba la aventura. Cuando en el sitio de Montevideo Garibaldi -gringo candoroso ante el caudillismo-defiende la ciudad, Anita se tiene que quedar en un conventillo teniendo hijos, muerta de rabia porque la relación que tiene es de amor desaforado por ese ser pálido y pecoso, de barba roja y rizos dorados. No sólo tenía celos de mujer, porque él la traicionaba, sino celos de guerrera, porque quiere luchar junto a él. Hay un hecho que la describe: cuando Anita siente que Garibaldi está perdiendo en Roma, embarazada de 5 meses, viaja desde Niza a pelear junto a él; cuando llega, Garibaldi le dice: «Vas a ser una carga más», pero al ver sus ojos de fiera, dice a sus tropas: «Les presento a un soldado más». Muere en la huida y es enterrada con una capa de arena.Yo la desentierro, como quiero desenterrar a otras mujeres olvidadas.


Entrevista de M.S.

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