8 de enero 2002 - 00:00

Mecenazgo sigue en debate

Secretaria de Cultura, Teresa de Solá
Secretaria de Cultura, Teresa de Solá
Tras el veto de Eduardo Duhalde a la Ley de Mecenazgo, también llamada «ley Brandoni», impulsado por la Secretaria de Cultura, Teresa de Solá, y ante la evidencia de las arcas vacías del Estado, se torna más imprescindible que nunca estimular la participación privada. Al menos esto es lo que parece haber movido al Senado a convocar a una reunión este jueves, cuando se dispone tratar los términos de un nuevo proyecto que será presentado con urgencia ante las Cámaras.

El viernes pasado, con el gobierno ocupado en las nuevas medidas económicas, y cuando parecía que nadie podía estar pensando en los problemas del sector cultural, el presidente Eduardo Duhalde firmó el veto a la Ley de Mecenazgo, que fuera sancionada en diciembre por la Cámara de Diputados, y otorgaba un beneficio fiscal a los patrocinantes de la cultura.

Mal día sin duda para el ex diputado Luis Brandoni, redactor e impulsor de la norma, que acaba de publicarla en un libro que resume su gestión y ostenta su sonriente rostro en la carátula. El pedido de veto, recomendado por técnicos de la Secretaría de Hacienda, ya había sido elevado por artistas, coleccionistas y operadores culturales a los sucesivos presidentes, De la Rúa, Rodríguez Saá y Duhalde, cuando desde la Secretaría de Cultura, Teresa de Solá lo presentó a la firma y logró la anulación.

•Retroceso

El argumento de quienes rechazaron la ley, es que lejos de significar un beneficio para los auspiciantes de la cultura, significaba un retroceso. Para comenzar, porque hasta la fecha, las empresas se pueden imputar como gasto de promoción 100% de los patrocinios a la actividad cultural, mientras en la norma diseñada por Brandoni se reducía el beneficio a 60%, e implicaba que la AFIP prohibiera que se impute como gasto, dado que tiene desgravación aparte. Como se sabe, las empresas son las que realizan mayores aportes. Ante este dato, la Comisión de Cultura de la Cámara de Senadores propuso una modificación, y pidió también que el destino de las donaciones no fuera elegido exclusivamente por el Fondo de las Artes, organismo de aplicación de la ley.

Aunque en principio hubo un acuerdo y Brandoni aceptó los cambios, cuando entre la marea de los casi 300 proyectos presentados se promulgó la ley, estas modificaciones no fueron tenidas en cuenta.

Si bien Solá anunció que no permanecerá en el cargo, asistirá al encuentro a realizarse en el Senado el jueves. La fugaz secretaria se retira dejando una huella de su paso con el veto de una ley que no conformaba a nadie y, sobre todo -y aunque acaso no sea su mérito-, porque con su nombramiento recuperó la silla que había perdido la Secretaría de Cultura en el Gabinete. Se debe tener en cuenta que en los últimos meses del delarruísmo, el sector había quedado relegado a un insignificante segundo plano con la creación del Ministerio de Turismo, Cultura y Deporte.

La Ley de Mecenazgo tendrá ahora una nueva oportunidad.

Y se podrá aprovechar la experiencia de España y la de Brasil, países que brindaron un poderoso impulso a la cultura con sus respectivas normas y que luego de aplicarlas durante casi una década, están en condiciones de exhibir tanteto sus logros como sus defectos. En España reconocen que el beneficio otorgado resulta hoy insuficiente y pocos lo utilizan; en Brasil, que las fundaciones y empresas aplican el dinero de la desgravación a sus propios proyectos privados y así retiraron el aporte a los museos públicos, que hoy padecen mayores carencias que antes de la sanción de la ley. En cuanto al fantasma de la evasión, que siempre ronda cuando de otorgar ventajas impositivas se trata, la ley que cayó en desgracia lo exorcizaba al delegar toda responsabilidad en el Fondo de las Artes, organismo que en la actualidad se destaca por su buena gestión. Pero, en rigor, una norma virtuosa no debería conjurar fantasmas, sino, por el contrario, generar rigurosos mecanismos de control que impidan la posible evasión.

Por ahora, el gran interroganes quién ocupará la función que deja libre
Solá y qué criterios impondrá a su gestión. En principio, la secretaria a quien todavía no le aceptaron la renuncia, señala la necesidad de una reestructuración de la Secretaría de Cultura. «No tiene sentido -observaque existan una Dirección y una Comisión de Patrimonio que cumplen prácticamente la misma función. Otro tanto ocurre con la Dirección y la Comisión de Arquitectura. No todas las 2.000 personas que trabajan en Cultura cumplen una labor necesaria».

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