5 de mayo 2004 - 00:00

Memorias de una amistad

Andrés Bufali «Con Soriano por la ruta de Chandler» (Bs.As., Seis Barral, 2004, 255 págs.)

El Gordo y El Flaco (Stan Laurel y Oliver Hardy), Chaplin, Jane Fonda, Philip Marlowe (el detective de las novelas de Raymond Chandler) y él mismo, son los personajes de «Triste, solitario y final», la primera y acaso mejor novela de Osvaldo Soriano, que transcurre en Los Angeles, ciudad que su autor sólo conocía por películas y fotos. En 1973, su trabajo como periodista dió a Soriano la posibilidad de visitar Hollywood, donde soñaba homenajear a esas figuras del cine que había convertido en sus personajes. Bufali, que fue su acompañante, cuenta las peripecias que vivieron, las charlas con el escritor Ross Mc Donald y su mujer, la escritora Margaret Millar, y con el guionista de «El Ciudadano», John Houseman, y el ritual de Soriano frente a la tumba de Stan Laurel, enterrando un ejemplar de su obra en medio de la lluvia.

Trás las diertidas anécdotas de Los Angeles, crece la historia de la amistad de dos periodistas, una relación que por momentos remeda la de Don Quijote con Sancho, y donde el narrador se adjudica el rol del escudero. Esa excusa le sirve a Bufali de marco para derivar en una historia personal del periodismo renovador que surgió en la Argentina a fines de los años '60 en la redacción de «Primera Plana», y que luego continuaría en «Panorama» y «La Opinión», entre otros medios. Desfilan nombres que son hoy figuras históricas, clave, de nuestro periodismo. Se remonta a sucesos que conmovieron a la opinión pública (los asesinatos de Aramburu, Vandor, José Alonso, Rucci, entre otros), y al pasar va ofreciendo esos datos inesperados o curiosos que son uno de los rasgos de estilo de ese periodismo que transformó en buena parte nuestra prensa escrita. Andrés Bufali logra unas memorias con momentos controversiales y discutibles pero que, acaso por eso, atrapan y llevan hasta las últimas conmovedoras páginas donde confiesa al lector cual es ese «Rosebud» que tanto le reclamaba su colega Soriano.

M.S.H.

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