La feria suiza Art Basel, considerada la más importante del mundo por el monto de sus ventas y su excelencia, acaba de cerrar las puertas de su primera edición en Miami, estratégico enclave que le permitió reunir galeristas y coleccionistas de Europa, EE.UU. y Latinoamérica. El ambicioso proyecto transnacional del director de Art Basel, Samuel Keller, se canceló el año pasado luego del atentado del 11 de setiembre, pero la feria se inauguró finalmente en los primeros días de diciembre.
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Más allá del montaje espectacular, el dato llamativo, según los entendidos que recorren todos los escenarios del mundo, fue la ausencia total de obras menores y el predominio absoluto de piezas de primer nivel, desde pinturas de Picasso, hasta las obras más rabiosamente contemporáneas.
Predominó el arte europeo y de EE.UU. y, aunque en menor medida, Latinoamérica también estuvo presente. En marzo, durante la última Bienal de San Pablo y en una comida organizada por la Fundación Arte Viva que reunió los operadores top del circuito inter-nacional, Keller conversó con este diario sobre el arte de Latinoamérica y su decisión de encumbrarlo en su feria.
• Vidriera
«Es un arte que considero muy bueno y que no se conoce lo suficiente», destacó. « Presentarlo en ferias internacionales es la clave para que sus artistas ingresen a la gran vidriera internacional. Los europeos no han visto todavía lo suficiente para apreciarlo y Miami me parece que es el sitio propicio para que lo descubran. Creo que en Latinoamérica no existen suficientes museos y galerías, ni tampoco una gran estructura de promoción, por eso es importante el trabajo que realizan en Brasil algunas galerías como Luisa Strina o Camargo Vilaca, y en Argentina Ruth Benzacar, dado que ayudan a difundir la obra de sus artistas entre los críticos y marchands de todo el mundo».
Con implacables exigencias curatoriales y costos extremadamente altos, Art Basel seleccionó 260 galerías de las 900 que aspiraban a presentarse, entre ellas la argentina Diana Lowestein radicada ahora en Miami, y Ruth Benzacar de Buenos Aires.
Los compradores, confirmando la tendencia de las últimas subastas neoyorquinas, se volcaron decididamente al arte contemporáneo y las ventas abundaron en ese gran centro del poder económico. Diana Lowestein exhibió obras de los argentinos Gallardo, Machado, Rivas y Morttaroti. Orly Benzacar, en un amplio stand que conjugó esculturas, fotografías y pinturas, presentó obras de Berni, De la Vega, Iommi, Grippo, Porter y los jóvenes Costantino, Hasper, Macchi, Marcaccio, Siquier, Pombo, Ballesteros, Weber, Sanguinetti, Gravine se y De Girolamo.
• Ventas
Las obras de los jóvenes se vendieron casi en su totalidad, pero como sus valores son moderados, el margen de ganancia de los galeristas es por igual estrecho y no alcanza para cubrir gastos que hoy se miden en dólares. Por otra parte, en Miami se reiteró el tradicional silencio de los funcionarios de la Cancillería Argentina, dato que revela la ausencia de un plan cultural y de cualquier tipo de apoyo institucional.
«Nadie reclama ayuda económica en tiempos de crisis, pero nada cuesta ofrecer la sede del Consulado para ofrecer un cocktail y así estrechar relaciones y favorecer contactos que podrían contribuir al éxito de nuestros artistas», se-ñalan los coleccionistas argentinos que viajaron a la feria, pues a nadie escapa la importancia de las ferias internacionales como centros de lobby. En ese sentido, se destacó que el gasto público del país en el extranjero y con un dólar alto, necesita una urgente revisión.
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