6 de octubre 2005 - 00:00

Mezquino estreno de buen documental sobre Malvinas

SergioDelgadocuenta susexperienciascomosoldado enMalvinas en«No tannuestras»,conciso,doloroso y ala vezdivertidodocumentalque seestrena sóloen una salaalternativa.
Sergio Delgado cuenta sus experiencias como soldado en Malvinas en «No tan nuestras», conciso, doloroso y a la vez divertido documental que se estrena sólo en una sala alternativa.
«No tan nuestras» (Argentina, 2005, habl. en español). Guión y dir.: R. Longo. Documental.

Es una pena que este muy destacable documental tenga que estrenarse sólo en una sala alternativa de Corrientes al 1500, que además no lo da todos los días. Deberían darlo también en otras salas, privadas u oficiales, deberían darlo en las escuelas, pasarlo por TV. Es un relato breve, de apenas 75 minutos, es conciso, aleccionador, doloroso, y a la vez divertido.

Con ese humor propio del argentino que se admira de sus propias desgracias, y se ríe por no llorar, y porque la puede contar, un flaco de cuarenta y pico, con pinta de rockero suburbano, recuerda su adolescencia y cuenta su paso por la colimba, Malvinas incluida. Le tocó estar en la primera línea de Monte Longdon, justo la misma batalla que cuenta «Iluminados por el fuego». Le tocó ver la primera muerte en la forma de un compañero caído encima suyo, y en el dolor de una pierna herida en la batalla. La sacó barata. En cambio el olvido y el alivio son caros, no hay cómo pagarlos. Miembro del Séptimo de Infantería, una unidad de castigo, él cuenta lo suyo de modo bien ilustrativo. «Me sentía como un soldado de San Martín, como un burro que se caía», «La primera vez que ves un bombardeo es como la primera vez que ves una mina en bolas», «Ese tipo estaba para matar a alguien, yo no estaba ni para jugar a las escondidas», «Alguien disparó y empezó Año Nuevo. Un cachengue bárbaro», «Y por esos agujeros entraba la luz de la luna».

Lo cuenta sentado a la mesa, o en la plaza de Lanús donde una placa recuerda a los caídos y los heridos, y ya debería haber otra recordando a los suicidas. Cada tanto, alternando con su relato, en ácido montaje se insertan imágenes de archivo, cotejos con la ficción, propagandas, testimonios desde otro ángulo. Por ejemplo, el de un capitán en el Museo Julio Argentino Roca: «Les hizo mal que les digan chicos de la guerra. Eran soldados». Y tiene razón. Hoy son tipos de cuarenta y algo. Los que quedan.

P.S.

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