Hace 23 años apareció por primera vez esta autobiografía. Parecía otro de esos libros del tipo “cómo gané mi primer millón”. Michael Bloomberg contaba las etapas que lo habían llevado a ser una figura mundial del ámbito de las finanzas y los medios de comunicación. Cuando al poco tiempo se presentó como candidato a alcalde de Nueva York, para suceder a su amigo Rudolph Giuliani, se supo que el libro era parte de la campaña que lo llevaría a administrar la “Gran Manzana”. Y rescatarla, porque asumió tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Gobernó 12 años, de 2002 a 2013. Su labor se considera una de las mejores que tuvo la ciudad.
Bloomberg: cuando las memorias son campaña
La primera versión apareció cuando se postulaba a la alcaldía de Nueva York para suceder a Giuliani.
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Más que una apologética rendición de cuentas, la reaparición actualizada de “Bloomberg por Bloomberg” tiene nuevamente que ver con una campaña. El autor compitió con Joe Biden en la interna del partido Demócrata a la candidatura de presidente de los EE.UU., pero el libro no se queda ahí. Ofrece el modelo del self-made man estadounidense. Más allá del inevitable autobombo no deja página sin datos, experiencia, métodos, sorpresas. Bloomberg es hijo de una familia judía de la clase media de un barrio de Boston. El padre era contador. Michael estudió en una escuela pública. Luego, para pagar la Universidad John Hopkins, trabajó en una playa de estacionamiento. A la vez buscó codearse con los muchachos de las fraternidades tipo Alpha Beta Kappa (modelo que usaría luego con los ejecutivos de su empresa, y lo relacionaría con Kappa Beta Phi, la sociedad secreta que rige Wall Street). Se recibió de bachiller en Ciencias, con título de Ingeniería Eléctrica. Consiguió una beca y un préstamo, y entró en la Escuela de Negocios en Harvard logrando un master en administración de negocios.
Con ese diploma le fue fácil entrar en el Banco de Inversión Salomon Brothers, pero en el nivel más bajo. Desde el primer día hizo valer su título, tuvo palmadas de jefes y envidias y odios de compañeros. En la vida de Bloomberg no hay puntada sin hilo. Años después era Jefe de Operaciones Financieras. Trabajó bien, lo asociaron a la empresa. Demasiado bien, lo pasaron a Jefe de Desarrollo de Sistemas. Tenía ideas de avanzada, quería computadorizar toda la información. Se veía en la vicepresidencia de la empresa. Pero Salomon Brothers se fusiona con Phibro Corporatión, y lo echan. A los 39 años queda en la calle. Pero con un despido, millonario. Obtiene 10 millones como indemnización.
No se queda tranquilo. Una oficina, tres amigos y una cafetera eléctrica. Le sobran ideas. Está lo que quería hacer en Salomon. Vender terminales a quienes operan con Wall Street con datos financieros e información privilegiada al instante y posibilidades de interacción. “Antes de que existiera internet”, dice Bloomberg, “habíamos creados la internet más poderosa del mundo. Y antes de que la expresión “redes sociales” apareciera, ya habíamos creado una para la industria de los servicios financieros”. Funda la agencia Bloomberg L.P. (Limited Partnership) de asesoría financiera, software, data y media bursátil. No para de desplegarse. Añade revistas, radio y TV.”Si se tiene que competir por capital el gigante siempre gana. Si se compite con inteligencia, flexibilidad y voluntad de dar más por menos, las pequeñas empresas entran con ventaja”. Bloomberg cuenta sus éxitos, del crecimiento que con 90 mil millones de dólares lo hizo la novena fortuna de Estados Unidos, su labor como político y como filántropo, pero uno entra a subrayar cuando escribe, por ejemplo, “a medida que el panorama de los medios se ha fragmentado, también lo ha hecho la sociedad” o “la imparcialidad y la objetividad se han convertido más en la excepción que la regla”.
=“Bloomberg por Bloomberg” (Indicios, Madrid, 2020, 284 págs.)
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