Presentación de «Quieto o disparo». Migue García (voz, teclado). Con J. Mattano (guitarra), F. Arancibia (bajo) y M. Baraj (batería). Artista invitado: Ch. García. (Teatro Coliseo; 9/6.)
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Papá Charly García acompaña y escucha escondido en los camarines. Mamá María Rosa Yorio camina por los pasillos del teatro con nerviosismo como si el chico estuviera llevando la bandera por primera vez en un acto escolar.
Una empresa productora acostumbrada a grandes figuras y conciertos multitudinarios piensa en la razonabilidad de la jugada. Los ejecutivos de la discográfica multinacional -la misma con la que trabaja Charly actualmentehacen planes a futuro mirando con atención el presente. Ahora bien, un texto en el programa de mano que compara este debut en vivo, varios meses después de la aparición del primer disco, con los de Almendra o Serú Girán ¿no será demasiado compromiso?. Una sala que tiene muchísimas más butacas que las que el joven artista debutante puede llenar. Y un compositorcantantetecladista que no puede ocultar los nervios que le produce estar frente a semejante expectativa de tanta gente importante.
Así fue la aparición, frente al público porteño, de Migue García, que subió al enorme escenario del teatro Coliseo para presentar su álbum «Quieto o disparo». Quedó claramente demostrado desde la aparición del CD, que García Jr. tiene cosas para decir. Armó su primer trabajo solista -después de mucho tiempo de trabajar con perfil bajo, junto a Kabusacki y Samalea primero, como parte de A-Tirador Láser, después- con una serie de canciones propias, compartidas con su amigo Lucas Martí.
La factura de estos temas y su interpretación rondan el rock pero desde una postura pop que no esconde los mandatos familiares, por lo que los más grandecitos no pueden dejar de escuchar, a ratos, flashes de Sui Generis o PorSuiGieco.
En el show, en cambio, Migue optó por un estilo más fuertemente rockero, respaldado por una banda de músicos también jóvenes que apuntan a un sonido más duro. El concierto tuvo, entonces, todos los temas del disco, incluida una versión de «Penumbra» de Luis Alberto Spinetta, algunas novedades propias, temas agregados de otros autores y un cierre con «Dos edificios dorados» de David Lebón, con Charly como invitado especial.
Podría decirse que Migue cumplió con lo que podía esperarse de un debutante y que, superada esta primera prueba, tiene un gran potencial a desarrollar. El único error, quizá, fue exponerse a tanta presión sin haber calentado los motores con la suficiente anticipación.
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