1 de agosto 2002 - 00:00

"MINORITY REPORT: SENTENCIA PREVIA"

«Minority Report: Sentencia previa» («Minority Report», EE.UU. 2002, habl. en inglés). Dir.: S. Spielberg. Int.: T. Cruise, M. Von Sydow, P. Stormare, S. Morton, L. Smith, J. Harper.

A ntes de ser adaptado al cine, Philip Kindred Dick se consideraba condenado a cobrar menos dinero por sus libros por formar parte de un ghetto literario: la ciencia-ficción. Cuando Ridley Scott lo convirtió en el autor del momento al filmar Blade Runner, Dick se burló de la distinción de géneros del establishment: «Hoy que ha salido del ghetto, la ciencia-ficción se volvió demasiado ligera, tonta. Y uno puede decir que cualquier cosa es o no ciencia-ficción. Por ejemplo, el lector que compre mi próxima novela en la edición lujosa de tapa dura seguramente sentirá que está leyendo literatura de calidad, mientras el que prefiera la edición barata de tapa blanda seguro pensará que se compró un libro de ciencia-ficción».

Con «Minority Report» nadie tendrá dudas: es el libro de tapa dura. Spielberg puso todo su talento -y todo el despliegue de producción y efectos especiales- al servicio del diseño de un futuro tan sorprendente como creíble. El tema es el de las fallas en un sistema judicial que dentro de medio siglo sería capaz de detener a un sospechoso mucho antes de que sepa que algún día va a cometer un asesinato.

Sin ser sólo una excusa, la historia es por lo menos un medio para que Spielberg -con un pie en «Blade Runner»- elabore un futuro lleno de detalles, que por más alucinantes que puedan lucir, tienen una altísimima dosis de sentido común. Empezando por la publicidad que desde las paredes de una estación de subte dirige sus anuncios personalizadamente a cada pasajero, spam que surge de la posibilidad de reconocer la identidad de cada persona a través de un registro en su retina.

Desde «Rescatando al soldado Ryan», Spielberg no mostraba su mejor pulso como director, ni ese lado oscuro que le dio fama en «Reto a muerte» y «Tiburón»; la pesadillesca secuencia en la que Tom Cruise debe someterse a una operación clandestina de cambio de ojos es uno de los momentos más audaces y crudos en la carrera del director de «E.T.».

En «Minority Report» también pueden encontrarse algunas de las mejores interacciones entre buenas actuaciones y magníficos aspectos visuales que hayan surgido del Hollywood reciente. Lástima que igual que con el «Soldado Ryan», Spielberg monta una maquinaria perfecta y luego la daña con un error humano absurdo: su desenlace conciliador obliga a preguntarse para qué tanto trabajo en describir un mundo totalitario, si total todo se va a arreglar en un par de días.

Ese error, de todos modos, no impide que se disfrute de un film que por otra parte no se puede juzgar en una sola proyección: hay mucho para ver, y justamente lo mejor de esta gran película es su obsesión con el detalle de un mundo que se vuelve aterrador por lo creíble de sus mecanismos de control.

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