Mirar lo que no se mira: el arte de Maier y Ressia

Espectáculos

Por diferentes caminos, sus tesoros en imágenes fueron descubiertos de forma casi accidental (en el caso de la primera, de manera póstuma).

FOLA, la Fototeca Latinoamericana, mantiene sus amplias salas abiertas en los Arcos de Palermo con las exhibiciones de las fotógrafas Vivian Maier, “Color Work” y, Romina Ressia, “Retratos del siglo XXI”.

Cada muestra cuenta su historia. La estadounidense Vivian Maier (1926-2009), trabajó como niñera durante toda su vida y simultáneamente tomó miles de fotografías que se conocieron después del año 2007, cuando sus posesiones fueron a parar a una subasta. Allí estaban los rollos sin revelar con alrededor de 100.000 negativos. Uno de los compradores, John Maloof, subió alguna imagen a internet que se viralizó de inmediato. De este modo descubrió el valor estético y comenzó a organizar un archivo que resultó ser un tesoro. FOLA mostró hace tres años una extensa exposición de fotografías urbanas de Maier en blanco y negro, y el año pasado llegó la obra en color. La mirada de la fotógrafa parece cargada de humor y tornarse ingeniosa a partir de las diapositivas Kodak Ektachrome que utilizó desde los años 70 hasta su muerte.

La argentina Romina Ressia (1981) estudió administración y contabilidad, carreras que abandonó para dedicarse a la fotografía de modas, primero, y luego, definitivamente al arte. Su obra llegó a FOLA de modo casual. El director de la institución, Gastón Deleau, descubrió sus fotos en Instagram. El coleccionista, juez y conocedor del arte, Gustavo Bruzzone, recorre desde hace décadas las galerías y talleres de nuestros artistas y registra en video la producción. Hoy, en el universo cibernético, Bruzzone tiene sus fans. Y así advirtió Deleau la calidad de las fotos de Ressia, artista que no conocía y estaba a un paso de FOLA, en un loft de la calle Darwin. Fue a verla y le propuso presentar la muestra actual. Nada gratifica más a los galeristas y coleccionistas que incorporar al circuito nuevas figuras.

Los retratos de Ressia se asemejan a pinturas escapadas de la historia del arte del Renacimiento, el Barroco o el rococó. Hay una mujer con gesto riguroso vestida de negro que atrae con el artificio del claroscuro, la luz que nace de la sombra, tiene los labios dramáticamente rojos y un globo también rojo entre sus manos. La estrategia conceptual de Ressia consiste en montar en la misma foto dos planos distintos del tiempo: el pasado y el presente. Con el objetivo cuasi borgesiano de mostrar dos mundos paralelos, fotografía sus modelos travestidos en personajes del siglo XV al XVI, y les agrega un objeto disruptivo del presente, como el globo, unos patines o una bolsa de Popcorn. Así quiebra el contexto del pasado de modo abierto y más o menos armónico.

En el desfile de retratados hay un personaje con el aspecto de los viejos malhumorados de Rembrandt. Con su blanco cuello gola mira desafiante hacia el frente, mientras se abraza con fuerza –la tensión se torna visible en sus brazos desnudos- a una colorida patineta de skate. Ressia se sirve de las estrategias publicitarias, pero también se apropia de Fragonard y los tonos verdes de las escenas de amor cortesano. Así presenta un joven con gesto sensual, el pelo ensortijado y un cubo mágico en la mano. Las imágenes fuerzan la realidad para entablar nuevas relaciones con la pintura y, sobre todo, con el tiempo.

El referente ineludible de Ressia son los “Retratos históricos” (autorretratos en realidad) de Cindy Sherman, artista estadounidense que al promediar la década del 70 contribuyó a torcer el rumbo del arte. Sherman montó escenas teatrales, asumió distintas personalidades, mayormente de estereotipos femeninos, para burlarse, criticar, homenajear o simplemente hablar de sus protagonistas.

No obstante, la doble fascinación de Ressia por la exuberancia de la pintura histórica, por un lado, y por la elección de objetos del siglo XXI, por otro, establece una conexión extremadamente inestable y por momentos peligrosa. Entretanto, el texto de Camila Stehling que acompaña la muestra, alude a cuestiones políticamente correctas como las “formas y texturas corporales disímiles, dentro de una vasta franja etaria”. Y añade que Ressia propone: “Una articulación inclusiva, que escapa de los discursos estereotipados y de la gerontofobia instalada en la actualidad”.

Lejos de los artificios de la pintura antigua y del discurso político, Vivian Maier ofrece un respiro. Sus imágenes eluden cualquier pensamiento heroico y hay algunas que inspiran una saludable sonrisa, como una mujer segura de sí misma que camina por la calle con un imponente sombrero color rosa, con forma de rosas. La protagonista de esta toma luce guantes largos hasta el codo, el típico collar de perlas y la estola de visón. De este modo, ostenta los atributos distintivos de una mujer que disfruta sin reservas de cierto bienestar económico y social. Meier descubre estos caprichos callejeros con un ojo sensible y cargado por momentos de ternura. La muestra porteña exhibe la primera monografía completa de fotografías en color. “Aunque han pasado varios años desde el descubrimiento del notable trabajo de Vivian Maier, la mayoría de los detalles de su vida siguen siendo un misterio”, concluyen los curadores.(https://fola.com.ar/exhibiciones/)

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