18 de febrero 1999 - 00:00
"MIS PEQUEÑOS INQUILINOS "
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Al menos, ¿qué cosa más maravillosa puede encontrar un niño entre sus juguetes, sino esos seres que parecen muñequitos, pero tienen vida propia, y se mueven por todas partes, dándole un uso especial a los clips, las tapitas, y otras minucias que la gente suele perder en su casa, sin afligirse demasiado? El problema es que la casa está a punto de ser demolida. Los padres del referido niño iban a heredarla, pero para ello necesitan un testamento que ha desaparecido. En cambio apareció un escribano gordo y perverso, el doctor Pillo (Ocius Potter en el original, pero conviene advertir que la cinta viene doblada al castellano). En suma, así empieza la historia, que algunos encontrarán levemente, pero solo levemente, parecida a «Un ratoncito duro de cazar», y otros descubrirán basada en los cuentos que la inglesa Mary Norton escribió a comienzos de los cincuenta.
Largos años anduvo el productor Walt de Faría con los derechos de esos cuentos bajo el brazo, haciendo, ya un telefilme para la Hallmark en 1972, ya una serie británica a comienzos de los '90, con efectos visuales cada vez más precisos. La película que ahora vemos, con De Faría como productor ejecutivo, tiene la inteligencia de conservar un toquecito näif en esos efectos, así como de ambientar toda la historia en una Londres de cuento, como evocando las ilustraciones de los libros originales de Mary Norton. Eso es bueno.
Por lo demás, se trata de una historia sencilla, con personajes de relativo carisma, salvo el gordo John Goodman y el exterminador Mark Williams, pero que, en su conjunto, tiene suficiente atractivo como para distraer debidamente un rato a cualquier criatura.



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