25 de mayo 2000 - 00:00

"MISION A MARTE"

N i el título del film, ni los antecedentes de su director ( Brian De Palma) dejaban suponer que «Misión a Marte» sería una nueva proclama de la hermandad marciano-hombre, un canto al amor del tercer tipo. La película, cargada de dólares, efectos especiales y buenos sentimientos, termina por hacer desear, aunque más no sea, un poquito de maldad, alguna aparición de esos aliens desvergonzados y ladinos de «Marte ataca», con sus armas destructivas y sus sonrisas canallas.
Esta película, a la que sí le cabría el título de «Vuelo en busca del amor», es una edificante fábula de ciencia ficción que oscila entre el espiritualismo new age y la propaganda política a la NASA.
«Misión a Marte» es la historia del rescate comandado por los buenos actores Gary Sinise y Tim Robbins al plane-ta rojo, donde una accidentada misión anterior dejó, presuntamente, sólo un sobreviviente. Llegar hasta él no les resulta sencillo ni a los cuatro astronautas ni a los cuatro guionistas, que tropiezan con una larga serie de peripecias de distinto tono, aunque todas ellas dejan su moraleja.
Qué raro que Brian De Palma, alguna vez llamado el mejor alumno de Alfred Hitchcock, haya pasado por alto casi todas sus recomendaciones.
Por ejemplo, que cuanto mejor es un villano mejor es la historia, o que el peor pecado de una película es aburrir al espectador, o que los mensajes sólo eran para los carteros. Aquí, el final no sólo no despierta demasiada intriga, sino que cuando llega se termina pareciendo a un «Gente que busca gente» interplanetario.
«Misión a Marte», sí, es deslumbrante en lo técnico y tiene efectos especiales de maravillas, aunque no en todos los casos se entienda qué hacen allí (como el clip de la evolución de las especies, que iría mucho mejor en un documental del Discovery Channel). Otros mensajes que deja el film tienen que ver con el amor conyugal, el sacrificio, la solidaridad y el cultivo de plantas en ambiente hostil.

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