Tributo a Vincenzo Bellini. En programa: «Norma», «I Puritani», «La Sonnambula» e «I Capuleti e I Montecchi», tres canciones y el Estudio Op. 25 N° 7, de Chopin. Orquesta Estable. Dir.: E. Gantzer. (Teatro Argentino de La Plata.)
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Sólo 33 años vivió Vincenzo Bellini S (Catania, 3 de noviembre de 1801, Puteaux, 23 de setiembre de 1835). En tan corto lapso, el compositor logró concretar algunas óperas que constituyen un aporte sustancial a la historia del arte lírico italiano como «Norma», «La Sonnambula» e «I Puritani», ya que, sin ser un revolucionario en materia musical, fue dueño de una inspiración melófica infinita, rasgo por el cual se lo reconoce como uno de los grandes operistas de principios del siglo XIX.
El bicentenario de su nacimiento se celebra mundialmente por estos días. El Teatro Argentino de La Plata se sumó a los festejos, organizando una gala de carácter antológico que mezcló los fragmentos de óperas con la música de cámara del autor, más la inclusión de un estudio de Chopin inspirado en un pasaje de «Norma».
El primer centro lírico provincial debería haber puesto en escena una ópera completa para adherirse a la celebración o, por lo menos, haberla hecho en forma de concierto, como hizo el Teatro Roma de Avellaneda con un gran esfuerzo (se cantó «La Sonnambula», comentada en estas páginas). En su lugar se optó por algo más modesto. También lo fueron los resultados. En la fundación que comentamos se suprimió el dúo de la ópera inconclusa de Bellini, «Hernani», por enfermedad de la mezzo Alicia Cecotti, por lo que el programa se redujo más de lo necesario.
Lo mejor resultó la escena conjunta de «I Capuleti e I Montecchi» (con Layseca, Cipriani Zec, Ullán, Sorarrain y Peregrino). También lo fue la de «I Puritani», que aunaron en quinteto y cuarteto a un puñado de muy buenas voces, que merecían destacarse con mayores responsabilidades individuales. Las canciones de cámara dejaron apreciar cualidades vocales de Cipriani Zec, Layseca y Vasallo acompañados por Adrián Martínez en piano. Patricia Gutiérrez, que es una excelente soprano, aun está inmadura para «Casta Diva», aria en la que no fue apoyada por el director Gantzer con «tempi» demasiado lentos, totalmente alejados del heroísmo y la compulsión de «Norma».
Un teatro con muy pocos espectadores siguió este homenaje medio ajado, tristón, con escasos puntos de interés, adornado con macetas de patio y con un irremediable clima de fiesta de fin de curso.
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