21 de junio 2004 - 00:00

Muestra de Portinari inicia buen intercambio con Brasil

Una de las obras que integran la importante exposición de Cándido Portinari que abrirá sus puertas a principios del mes que viene dando inicio a un significativo programa de intercambio cultural argentino-brasileño.
Una de las obras que integran la importante exposición de Cándido Portinari que abrirá sus puertas a principios del mes que viene dando inicio a un significativo programa de intercambio cultural argentino-brasileño.
A partir del 2002, la devaluación y la crisis impusieron una prolongada pausa a las costosas exposiciones que llegaban desde el exterior, y los museos y espacios culturales se vieron en la obligación de replantear su política de exhibiciones. La austeridad sirvió sin embargo para ponerse al día con el arte argentino. Las instituciones que planearon una estrategia para llenar el vacío, presentaron muestras exhaustivas y excelentes trabajos de investigación, sobre Liliana Porter, la década del '80, Federico Peralta Ramos, Manuel Espinosa, Rodolfo Azaro, Guillermo Kuitca, Jorge de la Vega y, entre otros artistas más, Victor Grippo, a quien el Malba dedica una exposición que se inaugura el jueves.

Pese a que las circunstancias no han cambiado demasiado, la temporada despuntó este año con la muestra «Dadá y surrealismo» que llegó al Malba desde el Museo de Israel, y con el arribo de «Arqueologías Mexicanas» a la Fundación Proa de La Boca, que ahora se apresta a inaugurar «Portinari». Organizada por el Proyecto Portinari, la Fundación Centro de Estudios Brasileños y Proa, la exposición que abrirá sus puertas los primeros días de julio, marca el inicio de un significativo y esperado programa de intercambio cultural entre Brasil y Argentina.

Más allá de la relación de Cándido Portinari (1903-1962) con el ambiente del arte rioplatense, dado que en 1930 conoce en París a una uruguaya y se casa con ella, la muestra permitirá explorar las afinidades del brasileño con los artistas argentinos, que van desde las vivencias hasta la estética.

• Paralelismos

Al igual que Spilimbergo, Berni y otros artistas del llamado «Grupo de París», Portinari, un hijo de inmigrantes italianos, realizó el consabido viaje iniciático a Europa y allí frecuentó el taller de Othon Friesz. Al regresar, a principios de la década del '30, y como Berni, el problema que se plantea Portinari es encontrar un nuevo lenguaje para expresar sus inquietudes sin desaprovechar sus experiencias europeas. En el caso de Berni (que vuelve a la Argentina en 1930), sin desvincularse de la vanguardia surrealista; en el de Portinari (que regresa a Brasil en 1931), sin olvidar las enseñanzas del arte de todos los tiempos que había «absorbido como una esponja». Ambos encuentran en sus países un contexto social que determina el vínculo entre arte y realidad.

En 1934, Berni pinta « Manifestación» y «Desocupados» (rechazado por el Salón Nacional), y ese mismo año, Portinari pinta su primer cuadro con temática social, «Despejados», «Estibador» y «El Mestizo» (adquirido por la Pinacoteca de San Pablo).

Las semejanzas son muchas, incluso ambos incursionan en el muralismo sin despreciar la pintura de caballete.
«Café» (1935), probablemente la pintura más importante del brasileño, es una obra con «un fuerte sentimiento mural», al igual que «Desocupados» de Berni. Pero también son muchas las divergencias, como los mexicanos Rivera o Siqueiros.

El brasileño logra acceder al poderoso mercado de EE.UU. Además de las favelas, los «canganceiros» y negros de los cafetales,
Portinari retrató a la familia Rockefeller y la de Arthur Rubenstein, pintó cuatro grandes murales para el Congreso de Washington y, en 1939, el Museo de Arte Moderno de Nueva York compra «Morro» (la primera obra de un sudamericano que el Museo incluye en una muestra) que se exhibe en la Feria Mundial de esa ciudad. Al año siguiente la exposición «Portinari of Brazil» del MoMA recorre varias ciudades de EE.UU.. En 1941 la Universidad de Chicago publica el primer libro sobre su obra y su vida y, de vuelta en París, ilustra varias novelas de André Maurois y Graham Greene para Gallimard y expone en la galería Charpentier.

A pesar de todos sus éxitos,
Portinari comparte con Berni el mismo destino sudamericano. El crítico brasileño Antonio Callado, llega a la conclusión de que fatalmente, «o un artista forma parte de ese círculo mágico donde la historia del arte está siempre viva y próspera, o debemos velar para que su nombre sea de tiempo en tiempo vivificado, evocado».

El conjunto de obras que llegará a Proa pertenece a colecciones públicas y privadas de Brasil y Argentina, y la exhibición está diseñada en cuatro módulos que exploran lo social, lo brasileño, lo universal y la producción del artista en Buenos Aires y Montevideo. En este renglón se destaca la exposición que realizó en 1947 en el Salón Peuser de Buenos Aires, y la conferencia «El sentido social del Arte» que dicta ese mismo año en Buenos Aires y reitera en 1948 en Montevideo, cuando el artista se refugia en estas ciudades huyendo de la persecusión política en Brasil. En su exilio porteño, mientras entabla amistad con Rafael Alberti, Nicolás Guillén y Enrique Amorin, Portinari retrata a las bellas argentinas Carmen Gándara y Bettina Rodríguez Larreta de Alzaga Unzué.

La crítica brasileña
Aracy de Amaral explica el contradictorio fenómeno que configura una historia común para el artista latinoamericano, que «oscila siempre entre el 'arte por el arte' y el 'arte de compromiso'; entre sus convicciones como intelectual y la solicitud de un mercado -que lo hace sobrevivir profesionalmente- cuya demanda está en las manos de una élite adinerada y vinculada al poder político».

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