21 de junio 2004 - 00:00
Muestra de Portinari inicia buen intercambio con Brasil
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Una de las obras que integran la importante exposición de Cándido Portinari que abrirá sus puertas a principios del mes que viene dando inicio a un significativo programa de intercambio cultural argentino-brasileño.
Las semejanzas son muchas, incluso ambos incursionan en el muralismo sin despreciar la pintura de caballete. «Café» (1935), probablemente la pintura más importante del brasileño, es una obra con «un fuerte sentimiento mural», al igual que «Desocupados» de Berni. Pero también son muchas las divergencias, como los mexicanos Rivera o Siqueiros.
El brasileño logra acceder al poderoso mercado de EE.UU. Además de las favelas, los «canganceiros» y negros de los cafetales, Portinari retrató a la familia Rockefeller y la de Arthur Rubenstein, pintó cuatro grandes murales para el Congreso de Washington y, en 1939, el Museo de Arte Moderno de Nueva York compra «Morro» (la primera obra de un sudamericano que el Museo incluye en una muestra) que se exhibe en la Feria Mundial de esa ciudad. Al año siguiente la exposición «Portinari of Brazil» del MoMA recorre varias ciudades de EE.UU.. En 1941 la Universidad de Chicago publica el primer libro sobre su obra y su vida y, de vuelta en París, ilustra varias novelas de André Maurois y Graham Greene para Gallimard y expone en la galería Charpentier.
A pesar de todos sus éxitos, Portinari comparte con Berni el mismo destino sudamericano. El crítico brasileño Antonio Callado, llega a la conclusión de que fatalmente, «o un artista forma parte de ese círculo mágico donde la historia del arte está siempre viva y próspera, o debemos velar para que su nombre sea de tiempo en tiempo vivificado, evocado».
El conjunto de obras que llegará a Proa pertenece a colecciones públicas y privadas de Brasil y Argentina, y la exhibición está diseñada en cuatro módulos que exploran lo social, lo brasileño, lo universal y la producción del artista en Buenos Aires y Montevideo. En este renglón se destaca la exposición que realizó en 1947 en el Salón Peuser de Buenos Aires, y la conferencia «El sentido social del Arte» que dicta ese mismo año en Buenos Aires y reitera en 1948 en Montevideo, cuando el artista se refugia en estas ciudades huyendo de la persecusión política en Brasil. En su exilio porteño, mientras entabla amistad con Rafael Alberti, Nicolás Guillén y Enrique Amorin, Portinari retrata a las bellas argentinas Carmen Gándara y Bettina Rodríguez Larreta de Alzaga Unzué.
La crítica brasileña Aracy de Amaral explica el contradictorio fenómeno que configura una historia común para el artista latinoamericano, que «oscila siempre entre el 'arte por el arte' y el 'arte de compromiso'; entre sus convicciones como intelectual y la solicitud de un mercado -que lo hace sobrevivir profesionalmente- cuya demanda está en las manos de una élite adinerada y vinculada al poder político».



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