11 de abril 2005 - 00:00

Multitud en primer show electrónico

Faithless,una de lasbandas demúsicaelectrónicamásapreciadaspor quienesconcurren aeste tipo deshows.
Faithless, una de las bandas de música electrónica más apreciadas por quienes concurren a este tipo de shows.
Conforme se multiplica el mercado de las fiestas electrónicas, aumenta la cantidad de festivales por año, se mudan a espacios cada vez más grandes y, desde luego, suben los precios. En su primera edición, «Creamfields» convocó unas 25 mil personas en el Campo Argentino de Polo, mientras este año ese número fue superado por la fiesta del sábado, «Southfest Buenos Aires», que se realiza en abril a modo de antesala de la «Creamfields» de noviembre. Sin embargo, en 2005 la escena abrió más temprano que nunca, en enero, con un lujo como Fat Boy Slim en Mar del Plata.

El predio donde se desarrolló el «Southfest» fue el que había ocupado la «Creamfields» en 2003. Pero con la vertiginosa multiplicación de clubbers -60 mil fieles el año pasado- la «Creamfields» se mudó a un espacio cercano al Casino Flotante y le cedió el Dique 1 de Puerto Madero a la «Southfest». La entrada comenzó a venderse a 60 pesos -con descuento- y durante las últimas semanas terminó costando entre 80 y 90 pesos.

En el aspecto de la seguridad no hubo sobresaltos. Pero en materia de sustancias estimulantes, no era justamente tranquilidad lo que mostraron los más de 25 mil saltarines el sábado. Para ingresar hubo rigurosos controles: pedían documentos a quienes tuvieran aspecto de menores de edad, cacheaban velozmente a la gente para no entorpecer el ingreso y sometían a detector electrónico a los tickets, para corroborar las frecuentes falsificaciones.

Si bien se anunciaba que habría una cola especial para aquellos que llevaran mochilas o bolsos, para evitar elementos prohibidos como bengalas, bebidas, comida, aerosoles, botellas, también retuvieron cámaras de video y fotográficas, con el fin de frenar la circulación «trucha» de imágenes vía Internet.

Curioso que dentro del item objetos peligrosos no figurara la droga, pues volvió a abundar como en todas las fiestas. El «bicho» (éxtasis) siguió siendo lo más consumido, generando en la masa saltarina sensación de incansable esplendor, matizada con momentos de abrazos y caricias entre los grupos.

También conocida como «droga del amor», todos sonríen con pupilas dilatadas tras sus gafas de sol y beben agua para no deshidratarse. Dentro de la megapista se delimitan claras «tribus», con sectores donde la gente además del «bicho» consume otras drogas. En un sector se veía ketamina (similar a la cocaína), en otro lugar se olía el típico aroma del «lanzaperfumi» (líquido que se vuelca en la ropa y se aspira) o el «popper»; otro grupo, el más grande, fumaba marihuana.

El Southfest estuvo claramente concebido más como megaboliche que como sede para exaltar el consumo. Hubo sólo un main stage, sin demasiados lugares anexos por explorar, excepto los dos vips y la larga barra donde se adquirían las botellas de agua mineral, speed con vodka o algún comestible. Pero nada de locales de sushi, pizza o todo tipo de variedad, cual patio de comidas de shopping. Fue notable la ausencia de merchandising y sponsors publicitando sus marcas de manera no tradicional.

A diferencia de «Creamfields», donde hay tantas fiestas como carpas se monten, toda la fiesta pasó por el escenario principal, razón por la cual resultó uno de los más grandes e imponentes que se recuerdan en los últimos años. Es que para albergar a tan solo un DJ, o grupos de tres intregrantes como mucho, sobresalía la inmensidad, la calidad lumínica y la pantalla de plasma con imágenes abstractas y coloridas.

Los DJ's invitados estuvieron a la altura de las circunstancias. Abrieron la fiesta a las 6 de la tarde los locales
Capri, Fabián Dellamonica y Rama, cuando el grueso de gente aún no había llegado. La primera oleada apareció con la revelación del año, Mylo, quien se presentó junto a su banda.

La fiesta comenzó a levantar con el argentino
Hernán Cattaneo, que reside en Londres y cuenta con multitud de seguidores en el país, que lo van a ver al interior e incluso a Brasil.

Cattaneo suele recorrer cuatro ciudades por semana tocando en diversas fiestas europeas y asiáticas, razón por la cual es mundialmente conocido y ocupa el sexto puesto en el ranking de DJs.

Al cierre de
Cattaneo hubo un intervalo de 20 minutos y arrancó la otra fiesta, con Faithless, una de las bandas de música electrónica más importantes del mundo, donde dominaron varios temas de su último trabajo «No robots», con el inconfundible teclado a cargo de Sister Bliss y las canciones rappeadas interpretadas por Maxi Jazz. El público bajó varios decibeles con los Faithless pero tuvo el descanso necesario para recibir a lo mejor de la noche: un show de cuatro horas a cargo de la dupla conformada por Sasha & John Digweed, quienes se presentaron por primera vez en Latinoamérica con la fórmula «back to back».

Dejá tu comentario

Te puede interesar