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Chet Faker salió de su silencio con gran álbum

Aquellas personas con un alter ego más célebre que ellos mismos suelen tener serios conflictos psico-emocionales. Pero hay que ver el lado brillante de las cosas, y esto es lo que hizo el australiano Nick Murphy, más conocido por su seudónimo Chet Faker, con el que irrumpió triunfalmente en la escena del trip hop y el acid jazz hace una década. Con su nombre real se dedicó a cosas raras, como el álbum instrumental “Music for silence” para un sello discográfico especializado en sonidos para la meditación. Hacía más de un lustro que Faker no aparecía para cosechar millones de reproducciones en las plataformas digitales (literalmente, más de mil millones), Pero en medio de la Manhattan desoladora del 2020, Murphy necesitó resucitar a Faker para salir de la oscuridad con canciones como “Get High”, “Feel Good” o la impresionante “Oh Me, Oh My” que abre el álbum con un estilo retro soul, digno de lo mejor de Curtis Mayfield, con un monólogo lunático sobre el “el extraño poder de la música”. Varios de los 10 tracks de “Hotel Surrender” fueron lanzados hace meses como singles, incluyendo una masiva aparición en vivo en el programa de TV de Ellen DeGeneres, y está claro que son lo mejor del disco, que de todos modos nunca decae. Los arreglos funky soul o acid jazz son fabulosos, igual que el sonido gentileza de Dave Fidmann (Flaming Lips). Más allá de “Oh me Oh My”, hay canciones para escuchar una y otra vez, especialmente “Low”, “I Must Be Stupid” o “Whatever Tomorrow”.

Diego Curubeto

=“Hotel Surrender”, Chet Faker, BMG/Australia/Detail Records 4050538647730.

Notable electro-pop en el debut de Punto y Pacífico

Este muy buen álbum debut de “Punto y Pacifico” tiene muchos puntos en común con el flamante álbum de Chet Faker, lanzado casi al mismo tiempo, y que se comenta arriba. “Tierra en trance” apuesta a un sonido tecno pop sucio y vintage, con letras cargadas de imágenes, por lo general más luminosas que el tema principal de las canciones sobre el poder libertario de la noche. El factótum de “Punto y Pacifico” es el cantante, compositor y multiinstrumentista Francisco Zuleta, quien arranca el álbum con dos temas que lanzan una sobredosis poética furibunda, desbordada, que está más arriba que los sonidos –estrategia eficaz para que el oyente desprevenido preste atención al asunto-. La vorágine se equilibra en el tercer tema, el excelente “Nada x mí”, y a partir de ahí Zuleta alterna sonidos extraños y a veces sorprendentes, incluyendo arpas electrónicas y efectos sonoros extraños. “Tierra en trance”, tal vez una cita al film clásico de Glauber Rocha, funciona sobre todo gracias a la voz de Zuleta, genuina y convincente, algo no muy común en las bandas indies argentinas del siglo XXI. Y, desde ya, la parafernalia electro pop tiene grandes momentos (casi podría ser parte del mítico sello indie que fundó Daniel Melero en los 80, “Catálogo Incierto”). El “one man band”, Francisco Zuleta, contó con el aporte del productor Moreu y las “guitarras mágicas” de Panchito Villa.

D.C.

=“Tierra en trance”, Punto y Pacifico – Yolanda Records YDO 020-

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