"Ni Dostoievski estaba a la altura de esta pasión"

Espectáculos

El viernes subirá a escena en el Camarín de las Musas (Mario Bravo 960) uno de los estrenos más esperados de la temporada del circuito off Corrientes. Se trata de «Los sensuales», obra escrita y dirigida por Alejandro Tantanián, que además de reunir a talentos de la escena alternativa aborda un tema de actualidad: la caída de la figura paterna.

No se trata de un drama psicológico sino de un desaforado melodrama plagado de relaciones incestuosas y pasiones fuera de control. El nuevo espectáculo de Tantanián tuvo su punto de partida en una libérrima adaptación de «Los hermanos Karamasov», que luego se dejó de lado. Aunque en esta versión sobreviven algunos núcleos temáticos de la novela de Dostoievski -entre ellos el parricidio que pone bajo sospecha a todos los hijos del muerto- su trama es diferente y ha sido enriquecida con canciones y coreografías. Integran el elenco Luciano Suardi, Nahuel Pérez Biscayart, Stella Galazzi, Pablo Rotemberg, Javier Lorenzo, Mirta Bogdasarian, Diego Velázquez, Gaby Ferrero y Ciro Zorzoli con quien dialogamos antes del estreno. El actor tiene a su cargo el papel de Teodoro, un padre tiránico y brutal cuyo asesinato produce estragos entre sus hijos.

Periodista: ¿Qué consecuencias acarrea este parricidio?

Ciro Zorzoli: El asesinato de Teodoro equivale a una ausencia de ley y esto desencadena una explosión de sensualidad, enamoramientos y pasiones. Hay mucha confusión porque Teodoro ha tenido hijos con distintas mujeres y estos, a su vez, ignoran que son hermanos. Cuando lo descubren es demasiado tarde porque ya se han consumado varios amores prohibidos.

P.: ¿No ocurre nada feliz?

C.Z.:
No. El final es cruento. Odette, la última esposa de Teodoro, venga la muerte de éste culpabilizando al más conflictivo de los hijos y además se encarga de anunciarle a todos su condición de hermanos incestuosos.

P.: Ya veo... ¿Va en serio o hay algo de parodia?

C.Z.: La intención de Tantanián fue apostar al melodrama desde un lugar de verdad y con un tono expresivo muy jugado debido a la exaltación de los sentimientos. Las cosas no suceden de acuerdo con una lógica racional porque, de ser así, nunca sucederían. Lo que prima es lo impulsivo y en ese sentido las canciones funcionan como si fuesen otro plano de lo dramático: cuando las palabras ya no alcanzan para expresar lo que uno siente se pasa al plano musical.

P.: ¿La muerte del padre genera una suerte de maldición?

C.Z.: Lo complejo de la relación con el padre es que, por más que éste haya sido un ser despreciable, el vínculo con él siempre es ambivalente. Su muerte puede provocar en el hijo una fantasía de liberación, cuando en realidad genera todo lo opuesto. Y no resuelve nada, sólo produce un enorme vacío.

P.: ¿Podemos relacionar este parricidio de resonancias míticas con la crisis de autoridad que está padeciendo la Argentina?

C.Z.: Sí, claro. Yo trabajo en docencia desde hace varios años y observo un fuerte cuestionamiento de parte de los alumnos hacia quienes ejercen determinadas funciones. Como si ahora todo el mundo fuese sospechoso de no merecer el espacio que ocupa. El cuestionamiento al saber está a la orden del día y esto sucede en todos los ámbitos, incluso en relación a la figura presidencial.

P.: ¿Cómo sería en ese caso?

C.Z.: Un cargo elegido por el pueblo ya no es suficiente, importa más el carisma que tenga el gobernante y no tanto su idoneidad para ocupar determinado lugar. Hoy se sospecha de la autoridad como si fuese algo negativo. Quizás se deba a lo que ha vivido la sociedad argentina siempre oscilando entre el autoritarismo y el laissez faire. No estamos acostumbrados a que alguien pueda ocupar un lugar de autoridad asumiendo la responsabilidad que le compete a su función sin necesidad de recurrir a medidas autoritarias ni a medidas populistas y permisivas.

P.: En el elenco de «Los Sensuales» hay varios directores -usted incluido- que muy generosamente se han sumado a este proyecto en calidad de actores. ¿No es un gesto atípico en un ambiente que se ha vuelto cada vez más individualista y competitivo?

C.Z.: Creo que es un mal de la sociedad argentina donde cada vez es más difícil el encuentro con el otro. Como sucede en otros rubros, todos se quejan de que hay muchos haciendo lo mismo que uno. Convengamos que la ciudad está saturada a todo nivel ¿por qué no habría de estarlo en el ambiente teatral? Por otro lado ciertas políticas culturales han reducido los espacios para la creación y eso genera un alto nivel de crispación y de rivalidad entre aquellos que aspiran a tener un subsidio o una determinada producción. Felizmente, hay otra gente que está empezando a generar tramas solidarias y no se queda rumiando «a mí no me dan y a otros sí», sino que se esfuerza en buscar otros modos de hacer y de pensar el teatro. Son artistas hacen lo suyo sin hablar en «contra de» o en «oposición a». Lo importante es que piensan en términos positivos y se vinculan con los demás sin envidia ni divismos.

Entrevista de Patricia Espinosa

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