Rodolfo Nigro (1942), ha trabajado desde siempre con la memoria, con su subjetividad, por eso su obra jamás rozará las heladas zonas discursivas, herméticas, de cierto arte del que muchas veces el observador sensible se siente marginado. Su muestra actual en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta provoca esa «pequeña felicidad» que significa gozar con los colores, admirar cómo un objeto utilitario, o un papel que descartamos pueda ser resignificado, comprobar, una vez más, que él continúa deleitándose en armar con tan personales elementos una obra que puede considerarse universal.
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La obra de Nigro apela a los sentidos, llega al hombre, tiene que ver con el yo del hacedor y del observador, es fiesta, celebración y juego. La exposición está compuesta por una selección antológica de objetos, collages y assemblages que no responden a un orden cronológico de acuerdo al criterio curatorial de Liliana Piñeiro y comprenden más de 30 años de prolífica labor. El Objeto-Nigro está perfectamente identificado: barquito, luna, piolín, pez, corcho, broche, tapita, boleto, carta, fósforo, cartón, estampilla, naipe, madera, el tema es cómo dialogan, se integran, multiplican, modifican, a través de las distintas series. Entre ellas, «Buscadores de Almejas», «Cartas Modificadas», «Papeles de Calyecat», «Cartas de Dinamarca», «Los Juguetes», «Móviles y Barriletes», « Homenajes», todas de carácter autobiográfico. Por eso la repetición de elementos a través del tiempo y, consecuentemente, sufrirán alteraciones de acuerdo a lo que el artista quiere significar. También están las «Jironadas»(1998/ 99), papeles rasgados, colocados verticalmente, un entretejido compacto de colores uniformes, a veces lujosos por el dorado y el plateado que constituyen, como lo señala Claudia Laudanno en el texto del catálogo, «un estímulo directo a nuestra sensibilidad al provocar diversos mecanismos de percepción». ¿Qué provoca la obra de Adolfo Nigro?. Reiteramos, en primer lugar, alegría. Una comunicación directa, ir descubriendo cómo el azar del encuentro con un objeto va conformando una obra informal en lo que concierne a las convenciones marco-cuadro pero muy severa en su estructura plástica y, last but not least, una poética, porque estos son objetos-poema. Una poética de las pequeñas y grandes cosas que nos rodean y nos ocurren, los sueños, los recuerdos, la realidad, a veces dolorosa, ya cantada por grandes poetas de los que Nigro se nutre: Oswald de Andrade, Rafael Alberti, Paul Eluard, Juan L. Ortiz, Hugo Padeletti, César Bandin Ron, Néstor Candi, entre muchos otros. Nigro es como su obra, vital, optimista, riguroso, verdadero porque habla de las cosas que existen, porque es «como el rumor de la crecida,... no se sabe adónde lo llevará...». Clausura el 18 de abril.
La temporada oficial 2004 del Museo Eduardo Sívori (Av. Infanta Isabel 555, frente al Rosedal de Palermo) se inaugura el sábado 27 de marzo con la apertura del 48° Salón de Artes Plásticas Manuel Belgrano. Los Primeros Premios fueron otorgados a Julio Racioppi (Pintura), Lidia Galego, Carlos Boccardo y Paulina Webb (Escultura), Jorge Alvaro, Omar Panosetti y Juan P. Fernández Bravo (Dibujo), Lidia Paladino, Néstor Goyanes y Juan A.Arjona (Grabado), y Oscar Smoje (Monocopia). El Premio Manuel Belgrano es, desde 1945, uno de los Salones más prestigiosos de la Argentina por el que se estimula y reconoce la tarea de los artistas de todo el país a los que se otorga premios vitalicios y pensionables en todas las secciones. Según el cronograma todos los premios y la sección Grabado se exponen hasta el 11 de abril. Desde el 15 de abril al 2 de Mayo: Pintura. Desde el 7 al 30 de Mayo: Dibujo y Escultura y nuevamente todas las obras ganadoras.
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