26 de julio 2005 - 00:00

"No quiero subsidios; me comprometen"

El director defiende su decisión de dar funciones todos los días diciendo que «si uno haceteatro alternativo, tiene que ofrecer propuestas alternativas, y esto incluye, por supuesto,horarios alternativos».
El director defiende su decisión de dar funciones todos los días diciendo que «si uno hace teatro alternativo, tiene que ofrecer propuestas alternativas, y esto incluye, por supuesto, horarios alternativos».
El Abasto, actualmente uno de los barrios con mayor número de teatros independientes, acaba de sumar una nueva sala en Guardia Vieja al 3500, a la que Miguel Guerberof, su programador, bautizó Beckett Teatro. En su larga trayectoria teatral, Guerberof nunca dejó de frecuentar a este dramaturgo e incluso llevó al escenario varios títulos de su narrativa como «Company» y «Mercier y Camier», pero «hoy sus representantes prohíben adaptar cualquiera de sus textos», se lamenta el director en diálogo con este diario. Considerado un gran conocedor del mundo beckettiano, Guerberof señala con naturalidad: «Mis puestas podrán gustar o no, pero algún día se va hablar de los actores que he formado en relación a Beckett y a Shakespeare». Por eso no sorprende que inaugurara su nueva sala con «Acto sin palabras». Salvo los martes, día de descanso, la sala ofrece una programación diaria con títulos como «La chira», «Cachito mío» y «El castillo» de Kafka. Para la segunda quincena de agosto está previsto el estreno de «Alcestes» de Eurípides y «El amante» de Harold Pinter, ambas dirigidas por el mismo Guerberof.

Periodista:
¿No es muy arriesgado dar funciones todos los días? Un productor de experiencia como Carlos Rottemberg ya lo intentó y no le fue bien.

Miguel Guerberof:Yo tengo la teoría de que si uno hace teatro alternativo, tiene que ofrecer propuestas alternativas, y esto incluye por supuesto horarios alternativos. Además, yo tuve una experiencia muy exitosa, el año pasado, con «El castillo» de Kafka. La hicimos los lunes y miércoles, en el Teatro del Abasto, con sala llena en todas las funciones.


P.:
¿Su sala recibió algún subsidio?

M.G.: No quiero pedir subsidios porque me comprometen. Hay una serie de normas que uno tiene que cubrir, como por ejemplo, no cobrar seguro de sala a los elencos. No es que yo sea partidario del seguro sino que prefiero manejarlo a mi criterio, ver en cada caso si hay que cobrar o no. Yo quiero ser independiente en serio y lo soy. En cambio, los subsidios para obras son otra cosa. A mí Proteatro siempre me ha dado dinero, pero ahora no sé qué despelote tienen que tuve que arreglármelas solo. Creo que todavía no se ha expedido el jurado o algo así. Esta es la primera vez que cuento con un productor privado para hacer Beckett. Se trata de una empresa llamada Travesías que ahora se va a instalar para producir cine.


P.:
¿No teme que lo encasillen como director «beckettiano»?

M.G.: Si lo dice por el nombre de la sala, le aclaro que pensaba ponerle Guardia Vieja; pero mis amigos me aconsejaron que no lo hiciera porque iba a recibir muchas cargadas. La calle «Guardia vieja» se llama así en homenaje a los tangos anteriores a Gardel, parece que a partir de él se empezó a instrumentar el tango de otra manera. Pero volviendo a Beckett, para mí es un genio. Creo que es el gran escritor del siglo XX, mal que le pese a muchos.

P.: Beckett
no es justamente un autor masivo ¿Cómo logra promocionarlo?

M.G.:Yo hice «Acto sin palabras» en el Sala Mayor del Teatro Cervantes que es enorme y nos fue muy bien. Fue en el año '86 y la hice con los mismos actores que ahora. Estaba de moda el mundo del clown y del bufón y yo dije: «Pero ¿dónde está la novedad? Esto ya lo hizo Beckett hace 40 años» e hicimos ese espectáculo que era un homenaje al clown metafísico que él inventó en «Esperando a Godot». Facundo Ramírez y Gerardo Baamonde eran muy jovencitos en aquella época, ahora están más maduros y por lo tanto el espectáculo tiene el doble de densidad. Pero si no le gusta Beckett... este espectáculo tampoco le va a gustar. Sin embargo, la gente que vino a verlo salió encantada. Es que al no tener palabras es un Beckett menos angustiante. En definitiva, sólo son dos tipos realizando sus acciones habituales.


P.:
Pero usted irrumpe con un monólogo fuerte...

M.G.: Es verdad.Yo hago el monólogo de un tipo que está solo mirando por la ventana sin ver nada y empieza a recordar funerales de seres queridos. El dice: «Nacer fue su perdición. Desde entonces rictus de cadáver, en el moisés y en la cuna, primer fracaso ya en el útero....» Sí, es terrible.


P.:
Se diría que sus obsesiones coinciden con las de Beckett.

M.G.: Así es, lo inminente de la muerte, la pérdida de la ilusión y... -bueno, esto lo voy a decir aún en contra de mi mujer- también la pérdida del amor.

Entrevista de Patricia Espinosa

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