10 de febrero 2002 - 00:00

"No termino de entender lo que ocurre en Sudamérica"

John Malkovich
John Malkovich
(11/02/2002) L leva dos años sin aparecer en el cine, y es que John Malkovich, el actor norteamericano nominado en dos ocasiones al Oscar, ha estado muy ocupado dirigiendo su primer largometraje, «Pasos de baile». Protagonizado por Javier Bardem, Juan Diego Botto y Laura Morante, rodado en inglés y producido por Lolafilms, se trata de una recreación cinematográfica de la captura de Abimael Guzmán, fundador del grupo guerrillero peruano Sendero Luminoso.

Dialogamos con el actor y director, con cuyo primer film inaugurará el Festival de Cine de Sundance. Al fondo se oye la algarabía de unos chiquillos, probablemente sus hijos Amandine y Lowey, que a veces se impone al timbre de voz de Malkovich, un medio tono que nace de su inconfesa timidez.

Culto, intenso y serio, el actor norteamericano afincado en París busca la palabra exacta y la respuesta pertinente, y su discurso a través del teléfono es sereno, de una lentitud insufrible para quien no esté dispuesto a escuchar. Es fácil imaginarle en su residencia parisense, con la pose petrificada del dandy, más cerca del exquisito caballero de «¿Quieres ser John Malkovich?» y del aburrido intelectual de «El cielo protector» que del amoral seductor Valmont de «Las amistades peligrosas».

Es el hombre de las mil caras, pero su poliédrica condición no está sólo reservada a sus selectos papeles en la pantalla. También escribe y dirige obras teatrales, realiza videos promocionales para sus amigos diseñadores, produce films y, ahora, dirige largos.

Con una distinción y estilo que hace honor a su carácter eminentemente cosmopolita, Malkovich ha esperado a los 48 años para debutar en la dirección cinematográfica. En «Pasos de baile», una producción ambiciosa basada en una novela de Nicholas Shakespeare, relata la captura de Guzmán. Un complejo y misterioso thriller que entreteje la investigación policial y el drama político con una epopeya de amor imposible.

Periodista: La historia relata hechos reales, pero oculta datos concretos. El guerrillero se llama Ezequiel y nunca se nombra el país en el que se desarrollan los acontecimientos. ¿Por qué esa ambigüedad?


John Malkovich:
Ya formaba parte de la novela de Nicholas Shakespeare, esa forma de combinar lo verdadero y lo falso. Me gustó mucho ese tono y quise mantenerlo en el film. La ambigüedad es provocada porque creo que esencialmente los hechos acontecidos podrían haber ocurrido en cualquier país de América del Sur, y en ningún momento me atrajo la idea de rodar un documental, porque esta película es ante todo una película de ficción, nunca un documental.

Interés

P.: ¿Qué interés despertó en usted el grupo terrorista Sendero Luminoso para que se decidiera a debutar como realizador contando la captura de su líder?

J.M.:
Visité Perú en muchas ocasiones. Es un país que siempre me ha impresionado, en el que se dan las circunstancias para un movimiento violento contra el orden establecido. Nunca he conocido a nadie de Sendero Luminoso, he leído algunos comunicados suyos y llevo siguiéndoles la pista desde 1986. Pero nunca me ha interesado mucho su ideología, me cuesta entender algunos de sus fundamentos kantianos... quiero decir, de Marx a Kant hay muchísima distancia. Lo que siempre me llamó la atención es su extraña forma de actuar.

P.: Supongo que se refiere a sus métodos intimidatorios, relatados con mucha verosimiltud en el film, como los apagones generales, las ejecuciones rituales, perros ahorcados y claves apocalípticas. ¿Cuál es su punto de vista sobre el terrorismo?


J.M.:
Me interesa como concepto: de dónde surge, qué motivos lo sostiene y cómo se ejecuta. Pienso que las personas que matan por motivos políticos o religiosos se mueven por impulsos tribales y victimistas, y muchas veces paranoicos. Pero no siempre estamos capacitados para comprender sus motivaciones. Adoptan la táctica del terrorismo para hacer oír sus reivindicaciones, que es una táctica con la que nunca podré estar de acuerdo. «Pasos de baile» no pretende ser una película sobre el terrorismo. Me interesa más las historias personales de los protagonistas que los detalles históricos. Es una película sobre un policía que debe enfrentarse al terror y al amor en medio del caos.

P.: ¿Es cierto que nunca pensó en otro actor que no fuera Bardem para protagonizar el film? ¿Trabajar con él ha colmado sus expectativas?


J.M.:
No podía ser de otro modo. A nadie le debe quedar la menor duda de que Javier es uno de los mejores actores del mundo. No podía imaginarme la película si no era con él. Posee un talento sobresaliente y una presencia arrolladora y su forma de trabajar es apasionada y disciplinada. En ese sentido, es muy distinto a mí como actor. Él es apasionado y estudioso. Tenía varias libretas llenas de apuntes sobre su personaje... y no paraba de hacerme preguntas. Cuando le conocí hace cinco años no hablaba nada de inglés, y ahora se puede medir con grandes intérpretes anglosajones.

P.: ¿Cómo hace un actor para dirigir a otro actor?


J.M.:
Mi idea de dirigir actores es buscar un buen reparto. A partir de ahí, todo resulta más fácil. Si se tienen los actores adecuados luego no hay que dar demasiadas instrucciones, simplemente mucha confianza. Cuando filmamos la escena en la que Javier mira a través de la ventana cómo baila su hija, él estaba un poco confuso, no tenía muy claro qué debía hacer. Me preguntó y le dije que simplemente mirara bailar a la niña. Son este tipo de instrucciones las que he dado a los actores, para que se haga una idea de lo fácil que resulta dirigir a los intérpretes si se parte de un buen trabajo de casting.

Monólogo

P.: El film arranca y termina con una reflexión sobre el tiempo, entendido como una gran mentira. La historia que relata la película es como un enorme paréntesis en medio de esta reflexión. ¿Podría explicar por qué ha incluido este monólogo en off, por otra parte muy filosófico?

J.M.:
Es difícil de explicar. Creo que el film es una reflexión en sí mismo. De algún modo quería mostrar, sobre todo al final de la película, que el tiempo es implacable, y que en términos generales no importa demasiado todo lo que haya podido ocurrir, todos los acontecimientos que narra la historia. Quiero decir, las cosas siguen su rumbo y el hombre no puede hacer nada para evitarlas. Hay una frase de Carson McCullers que se me quedó grabada cuando la leí hace muchos años, que viene a decir algo así como que antes de que existiera el hombre ya existía la guerra. Queramos o no, la violencia siempre está ahí, aunque intentemos evitarla. Por otra parte, en «Pasos de baile» se muestran unos hechos atroces, con consecuencias terribles para el ser humano, pero de los cuales no se puede extraer una conclusión particular, ni siquiera una lección clara, nada queda resuelto y el problema sigue ahí, intacto.

P.: Es una reflexión pesimista y conformista, ¿no cree?


J.M.:
Me resulta muy difícil echar un vistazo a la historia de los pueblos de América del Sur y pensar que las revoluciones eran inevitables. Ha habido y hay tanta explotación y miseria, tanta corrupción en las clases gobernantes, tanta riqueza mal repartida, que la situación de los pueblos siempre ha bordeado el caos. Esas revoluciones nacen del hambre y de la injusticia aunque el terrorismo nunca es justificable.

P.: Ha trabajado para grandes cineastas y aunque «Pasos de baile» sea su debut en la dirección no se puede decir que sea nuevo en el oficio. ¿De qué cineastas ha aprendido más y cuáles son sus referencias?


J.M.:
Sinceramente, no puedo decir que haya aprendido más de unos que de otros, y no sólo de los directores, sino sobre todo de los técnicos con los que he compartido muchos rodajes. No creo que ningún director haya ejercido una gran influencia sobre mí. Supongo que Carol Reed es mi cineasta preferido, y amo poderosamente películas como «La batalla de Argel» o «El mago de Oz», pero sería una tontería decir que estas películas y directores me han ayudado a la hora de dirigir «Pasos de baile». Valoro más o he encontrado más utilidad en mi experiencia como director de teatro, ya que he dirigido historias muy complejas... melodramas, comedias, dramas, comentarios sociales. No me fijo demasiado en lo que han hecho otros cineastas en el momento en que tengo que resolver alguna escena, y menos cuando se trata de un thriller tan poco convencional como
«Pasos de baile».

P.: ¿Por qué ha dirigido el film con una producción española? ¿Le otorgaba más libertad que una producción americana?


J.M.:
En Estados Unidos no podría haber hecho esta película. No creo que sea posible trabajar en completa libertad, porque cuando se produce un film siempre hay que intentar hacer lo que se quiere y al mismo tiempo ser responsable con el público. Pero para una película como ésta, eminentemente reflexiva, no hubiera querido un presupuesto de 80 millones de dólares, porque cuando se filma una producción de gran magnitud, hay que hacerlo pensando en los beneficios, y yo no estoy interesado en eso. Prefiero hacer algo que me guste y me motive, y Andrés Vicente Gómez me ofreció justo lo que necesitaba.

P.: Hablando de libertad cinematográfica. Su película inauguró el Festival de Sundance. ¿Cree que el cine independiente es sólo una utopía?


J.M.:
Yo, desde luego, no lo conozco. Aunque haya podido existir, no creo que ahora mismo haya muchos directores completamente independientes. Nunca he estado en Sundance y no puedo decir gran cosa de él, aunque me entusiasma la idea de estrenar allí. Creo, sin embargo, que sí se puede hacer una distinción entre el cine que tiene una motivación artística clara y el que se hace como resultado de una simple transacción financiera. Con este último, prefiero no tener nada que ver.

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