12 de marzo 2004 - 00:00

Nostalgias por viejas muestras

Mar del Plata - Como si la pauta de hacer buena letra con todo el mundo hubiera bajado también hasta la gente de cine, el primer encuentro serio del festival marplatense de este año se titula «Coproducciones iberoamericanas: la hora del balance», un intercambio de experiencias y reproches entre algunos productores de México, Brasil y la Argentina, con otros de España mientras el público, ajeno a estos problemas, aprovechó el mal tiempo para llenar las salas como de costumbre.

En ese sentido, los organizadores del festival esperan lograr este año una cifra record de espectadores, lo que sería posible por el agregado de dos nuevas salas (esto suma un total de doce), y el mantenimiento de una entrada de valor político: apenas dos pesos.

Por supuesto, con esa entrada, o incluso con una de precio común, ni aun con récord de público se podrían sacar mayores ganancias ya que, según estiman los especialistas, poner cada película extranjera en pantalla sale unos 5000 dólares entre flete, seguro, aduana, subtitulado y extras, y, por reglamento internacional, ningún festival puede pasar una película más de tres veces.

Lo que baja, en cambio, es la cantidad de curiosos que se mantienen parados durante largas horas al frente del Auditorium para ver pasar las estrellas, ya que prácticamente no hay ninguna, aunque se destaquen varios buenos intérpretes. « Festival hubo uno solo», comentaba un taxista, «el del 54, cuando vinieron Juan Perón y Errol Flynn». Y detallaba: «El gobierno puso una flota de pequeños Mercedes, y la gente se agolpaba a todo lo largo de la Avenida Luro (no una o dos cuadras, sino a todo lo largo), dejando libre una sola mano. Los autos pasaban despacito, de tanta gente que había».

La nostalgia puede ser más cercana: el año pasado, el «Tren de las Estrellas» fue una continua sucesión de bocadillos y brindis, y desde la estación a los hoteles hubo todo un desfile de autos viejos tocando bocinas.

Memorables, las hermanitas Ethel y Gogó Rojo paradas en un descapotable. Pero ayer sólo hubo tres empanadas y cuatro buses.

También el director del INCAA,
Jorge Coscia, añora el 54. «Este debería ser el 50° festival, y no el 19°», señaló en forma escrita y oral, destacando lo representativo de estos números, como signos de frustración, pero también de empeño e insistencia. Mientras, como signos de la tan mentada amistad latinoamericana que el festival se empeña en proclamar, las figuras más bonitas de ayer fueron Angela Correa, la actriz brasileña esposa de Pino Solanas, y la cubana Audrey Gutiérrez Alea, que ya está haciendo carrera en la Argentina.

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