2 de agosto 2002 - 00:00

Novedades editoriales son otra especie en extinción

Vidrieras sin novedades
Vidrieras sin novedades
L as vidrieras de las librerías están exhibiendo casi los mismos libros desde hace ya más de medio año. Los lectores, habituados a encontrar todos los meses títulos nuevos, ven cada vez menos novedades. Según muchos editores la oferta de nuevos títulos en 2001 fueron 40 por ciento menos que en 2000, pero en los últimos meses la caída superó largamente el 50 por ciento.

Una Argentina donde los libros importados cayeron entre 90 y 95 por ciento, o sea que prácticamente no se traen obras del extranjero (porque, como señalara a este diario un editor-distribuidor, «la poda de importaciones fue drástica»), se ve privada, entre otros libros, de «La lecciones del terror» de Caleb Carr y «Guerra bacteriológica» de John Miller (Ediciones B), «Confesiones de una adicta al arte» de Paggy Guggenheim y «Cartas de la cárcel» de Louis-Ferdinand Céline (Lumen), la biografía de «Susan Sontag» de Carl Rollyson y Lisa Paddock (Circe), «Pájaros a punto de volar» de Patricia Highsmith (Anagrama), «Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay» de Michael Chabon (Mondadori), «El futuro de la imaginación» de Harold Bloom.

Para cualquier lector informado, sea por la lectura de suplementos literarios de diarios extranjeros o la consulta de sitios de internet, la Argentina se ha desactualizado. No sólo casi no se importan libros (Planeta, por ejemplo, sólo trae de España «Harry Potter»), o los precios de los que podrían adquirirse por internet son en algunos casos prohibitivos («Entre mentira e ironía» de Umberto Eco comprado en Amazón sale 112 pesos), sino que las editoriales que en la Argentina publicaban mensualmente una gran cantidad de novedades, ahora lo hacen a cuenta gotas y, en algunos casos, trimestralmente.

El país está hoy limitado a las ediciones locales, y la crisis ha hecho que se publique, comparado con años anteriores, poco y nada, y se hagan, fundamentalmente, reimpresiones de obras de venta asegurada.

En lo que va de este año -según estadísticas de la Cámara Argentina del Libro- se imprimieron, comparativamente, en volumen, 59 por ciento menos libros que en 2000 y 40 por ciento menos que en 2001, se pasó de 47 millones de ejemplares a 19 millones, una caída de 60 por ciento.
Y en el momento de mayor cantidad de ejemplares, 74 millones en 2000, en España se llegaba a 262 millones de ejemplares, cosa que permitió que el Secretario de Cultura de España, Luis Alberto de la Cuenca, dijera que «la Argentina hoy depende del libro español, del mismo modo que España dependia del libro argentino y mexicano en los años '60».

En cantidad de títulos hubo 32 por ciento menos que en 2000 y 36 por ciento menos que en 2001. Estas cifras corresponden tanto a libros nuevos como a reediciones y reimpresiones, estas últimas -que en el pasado eran de entre 15 y 25 por ciento-han crecido notablemente este año por razones económicas fundamentalmente (menores costos, porque ya está la traducción y la puesta en página, y un mercado cautivo, por caso textos u obras de consulta en planes de estudio).

Reimpresiones

La ampliación de las reimpresiones son, a la vez, un indicador de que se ha reducido aún más el número de obras nuevas, esas que algún irónico librero, utilizando una jerga del mundo del espectáculo, llama «nuestros estrenos, donde hay desde tanques a bodrios, desde obras de culto a novelitas pochocleras». Apenas un año atrás Argentina todavía tendía a parecerse a EE.UU., España, Francia o México por la sobreoferta mensual de nuevos libros de ficción y no ficción. Los grandes grupos -Planeta, Bertelsmann, Santillana- no sólo traían de sus sucursales obras recientes, sino que publicaban en la Argentina una importante cuota mensual de novelas y ensayos. Random House-Mondadori-Sudamericana (Bertelsmann) llegó a adueñarse de las mejores ubicaciones en las librerías gracias a su «cantidad de estrenos». Las editoriales criollas, salvo alguna momentánea excepción, no escapan al derrumbe.

«Este año sacamos sólo 10 novedades, de 30 que teníamos que editar, y ésas porque las teníamos en marcha. Estamos 70 por ciento abajo, publicamos apenas un tercio de lo planeado», explica
Aurelio Narvaja, de editorial Colihue.

Esas cifras muestran el nivel de la crisis si se piensa que en la primera parte del año están los mas importantes momentos de venta: Reyes, comienzo de clases, Feria del Libro.

«En Atlántida pasamos de 10 novedades a 2. Tratamos de seguir manteniendo las líneas -infantiles, autoayuda-pero la ficción se dejó de publicar en noviembre, cuando se fue
Jorge Naveiro», comenta Silvia Portorrico.

«Me estoy planteando sobre todo reediciones y hasta fin de año sólo 10 novedades, es la mitad de 2001, una baja de más de 50 por ciento», dice
Horacio García, de Catálogos. Esta tendencia general la confirman editoriales mayors.

«En Planeta bajamos 50 por ciento. Reducimos en los bordes, en libros de autoayuda, por ejemplo. Pasamos de 14 títulos a 7. En Emecé pasamos de 8 títulos a 6, achicamos 30 por ciento», comenta
Ricardo Sabanes. Emecé ya venía haciendo recortes de novedades desde antes de ser adquirida por el Grupo Planeta.

Preferencia

«¿Novedades? 60 por ciento menos» -señala Fernando Esteves, de Alfaguara-«imprimir algunos títulos para afuera está atenuando la dureza de la crisis. Preferimos no bajar tiradas y hacer menos títulos. Nos va muy bien con «El vuelo de la reina» y con «La reina del sur» y para fin de año tenemos nueva novela de Saramago y nueva novela de Vargas Llosa».

«En Biblos somos una excepción», afirma
Javier Riera, «casi mantuvimos el nivel de publicaciones, estamos 10 por ciento abajo. Tenemos un público, el de las universidades, pero nos afecta la recesión y las fotocopias que están destruyendo los textos y las obras de consulta. Nuestros planes están a la expectativa porque hoy sacar un libro es mal negocio, el que publica 1000 vende 300. La cuestión es cuánto tiempo va a durar esto y como vamos a llegar las editoriales a una nueva etapa».

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