17 de marzo 2003 - 00:00

Nueva York: pese a temores, Matisse-Picasso es un éxito

El lujo de Henri Matisse
"El lujo" de Henri Matisse
Nueva York - Tras su exitoso paso por París y Londres, la muestra itinerante «Matisse-Picasso» cruzó el Atlántico y llegó a Nueva York, donde fue inaugurada hace pocos días en la sede de Queens del Museo de Arte Moderno.

La apertura fue exitosa y la muestra está teniendo una repercusión muy favorable por parte del público y de la crítica. Hasta hoy, según Ruth Kaplan del Departamento de Comunicaciones del MoMA, la cantidad de visitantes está superando las expectativas con un promedio aproximado de 3.500 personas diarias.

«Muchos creían que los temores a posibles ataques terroristas y la situación creada en torno a Irak alejaría a los espectadores» amplió Kaplan. El problema no es menor ya que incluso afectó a algunos coleccionistas quienes, temerosos de algún atentado, se resistieron a dar sus cuadros al museo de Nueva York.

El caso de Stephen Wynn, dueño la mayoría de los casinos de Las Vegas, que a último momento se negó a prestar la obra «El Sueño» de Picasso a pesar de haberla prometido es el más paradigmático. Tan importante es dicha pintura que iba a aparecer en la tapa del catálogo original que acompaña la exhibición, pero tuvo que ser reemplazada a las apuradas por las autoridades del MoMA al ver que la negativa de Wynn para prestarla continuaba.

Otro problema muy ligado a ese miedo es el tema de los seguros, que sigue causando debates en Nueva York; la semana pasada, por ejemplo, la periodista de «The New York Times», Carol Vogel, afirmó que la verdadera razón por la que Wynn no prestó su cuadro era por la baja cobertura del seguro que el MoMA le ofrecía.

Pero más allá de esos inconvenientes la realidad es que la mayoría de los museos y coleccionistas accedieron a facilitar sus pinturas y el resultado es un ensamble sin precedente de trabajos realizados por ambos artistas. Los museos que estuvieron detrás y que aportaron la mayoría de los trabajos son la Tate Modern Gallery de Londres, el Museo Picasso y el Centre Georges Pompidou de Paris y el mismo MOMA de Nueva York.

«Amigos y rivales, Henri Matisse y Pablo Picasso se conocieron en París en 1906, desde ese momento y hasta la muerte del primero en 1954 mantuvieron una relación única. Sus personalidades eran como el día y la noche; Matisse, nacido en el norte de Francia era formal y reservado; Picasso, nacido en el sur de España, fue apasionado e impulsivo» explica Glenn Lowry, director del MoMA, quien de inmediato agrega: «a pesar de esas diferencias, lo que hizo posible el diálogo entre ellos fue algo muy simple, su mutua admiración, como el propio Picasso dijo una vez: 'nadie ha visto las pinturas de Matisse más detalladamente que yo, y nadie ha visto las mías más detalladamente que él'. La resultante relación visual entre sus trabajos constituye uno de los diálogos más fascinantes y creativos de la historia del arte».

«Fueron rivales desde el momento en que se conocieron, pero aún así cada uno veía en el otro a su único par»
amplia Kirk Varnedoe, uno de los curadores de la muestra, quien también remarcó sus diferencias citando al mismo Matisse cuando dijo que él y Picasso eran tan distintos como lo son el Polo Norte del Polo Sur. «Matisse fue un amante del color, de la belleza, de las formas planas, abiertas, empíricas y al mismo tiempo racionales. Picasso por el contrario aceptaba lo irracional, la fragmentación de las formas y la complejidad de las composiciones», concluye Varnedoe.

Pero, a pesar de las rivalidades profesionales y estilísticas, la de ellos fue una relación amistosa que a lo largo de los años tuvo sus alzas y sus bajas como, por ejemplo, la pelea tragicómica entre ambos que se generó cuando llegó a los oídos de
Matisse que amigos de Picasso utilizaban una obra suya como objeto de tiro al blanco al que arrojaban dardos con punta de ventosas de goma. Años más tarde Picasso reconoció el error y se arrepintió de no haber detenido a sus amigos y conservó esa pintura de Matisse a su lado hasta el momento de su muerte.

•Cronología

La exhibición se inicia en 1906, con los autorretratos pintados por ellos casi al mismo momento de su primer encuentro, y con trabajos que se intercambiaron al poco tiempo. Termina en 1961, con una escultura en la que Picasso p aga tributo a Matisse fallecido pocos años atrás. En total pone juntas 132 obras maestras, agrupándolas de tal manera que revela la amistad personal y también sus afinidades, influencias y contrastes.

Una de las diferencias que más se destacan es la que pone de manifiesto la respuesta que
Matisse da al cubismo que Picasso inventó. Refiriéndose al famoso cuadro de Picasso «Las Señoritas de Avignon», Kirk Varnedoe dice que «es la pintura más anti Matisse que existe. Picasso eligió un contexto urbano y comercial, un burdel de Barcelona sobre la calle D'Avignon, es anti Matisse en el sentido que la sensualidad no es el principal sentimiento que uno observa en esta obra sino una profunda ansiedad. Todo es un insulto a la idea que Matisse tenía de belleza femenina, de la armonía y consolidación. Lo que Picasso quiso expresar con esa obra es la idea de provocación, insulto y agitación. Y es muy interesante compararla con la respuesta que creemos que dio Matisse».

La respuesta a las «
Demoiselles» que se refiere Varnedoe es la pintura «Bañeras con Tor tuga». Refiriéndose a ésta última el especialista en la obra de Matisse y tambien jefe curador de la muestra, John Elderfield, dijo que «Matisse prefirió ir a otro tipo de primitivismo, similar al que se observa en pintores del renacimiento temprano como Giotto en lo que más importaba es la contemplación de la belleza contraria a la idea de fealdad que tanto seducía a Picasso».

Por supuesto no todo eran desacuerdos en esta relación artística, ya que las similitudes entre ambos maestros son en algunos casos increíbles; en ciertas partes de la muestra, por ejemplo, el espectador puede incluso entrar en la duda de saber sí está frente a una pintura de
Picasso o una de Matisse, lo cual se transforma casi en un desafío que fascina hasta a los visitantes más sofisticados. Y ese es el juego del que hoy hablan muchos neoyorkinos que continúan haciendo cola para acceder al MoMA a pesar del frío polar y las alertas de posibles atentados terroristas que azotan la ciudad desde hace varios días.

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