Obra singular de nuestro patrimonio arquitectónico, la famosa Casa sobre el arroyo o Casa del puente de Amancio Williams se encuentra en muy lamentable estado de conservación. El reconocido arquitecto la había diseñado y erigido en Mar del Plata, entre 1943 y 1945, para su padre, el célebre compositor Alberto Williams.
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Esta residencia de dos plantas, situada en medio de una frondosa arboleda, que cabalga sobre el arroyo de las Chacras -que divide en dos al terreno-, es una estructura tridimensional sin columnas, que deja el suelo casi enteramente libre.
Como teórico, Williams (1913-1989) gozó del privilegio de ser, para Le Corbusier, el iniciador de un soplo renovador en la reflexión arquitectónica argentina. Las palabras del padre del movimiento racionalista moderno tienen mucho valor: destacan el soplo vital de nuestro continente y su difusión a partir de los grandes talentos de las Américas. Cuando se habla de Williams se habla, como lo señala Le Corbusier, de lo nuevo, de lo que irradia creatividad. Williams se dedicó sobre todo a los proyectos, a la construcción de maquetas, al diseño. En forma práctica, enseñó que es ésa y no otra, la verdadera actividad del arquitecto, si tenemos en cuenta que lo construido realmente es desarrollo de los proyectos y no al revés.
En momentos en que Le Corbusier escribía sus palabras de reconocimiento para Williams, en 1947, tenía 34 años y ya había realizado el proyecto de Viviendas en el Espacio (con la colaboración de Delfina Gálvez de Williams y Jorge Vivanco), el estudio para el Aeropuerto de Buenos Aires y, en especial, había proyectado y dirigido la construcción de la mencionada Casa sobre el Arroyo en Mar del Plata, que fuera considerada en su momento «la creación más audaz e independiente de aquella generación de arquitectos argentinos».
Durante la década de 1940 a 1950, elabora una serie de iniciativas que habrían de influir notoriamente sobre un medio profesional que aún estaba sujeto a los estilos ortodoxos. Desafortunadamente son muchos más sus estudios y proyectos que las obras que efectivamente construyó, pero siempre se caracterizó por su calidad.
En 1947, el gobierno de Francia montó un stand en París sobre su obra, en colaboración con el taller de Le Corbusier: Exposición Nacional de Urbanismo y Arquitectura. En 1948, se presentó en Milán una muestra organizada por otro argentino de talento, Tomás Maldonado; y en 1955, la obra de Williams fue expuesta en la Universidad de Harvard. En 1958, intervino en la Exposición Internacional de Moscú, con motivo del Congreso Internacional de Arquitectos; y en 1961, la VII Bienal de Sao Paulo lo invitó presentando su obra en una sala exclusivamente dedicada a él. En el '68 y el '75, el Museo de Arte Moderno expuso obras suyas, y George Collins, el notable historiador norteamericano, lo incluye en 1979 en la muestra «Diseños visionarios de arquitectura», también en Nueva York, junto a 30 pioneros del siglo XX. En 1980, el autor de esta nota, en ocasión del Encuentro Internacional de Arquitectos, organizó una muestra retrospectiva de este singular arquitecto en el Museo de Arte Decorativo, que inauguró el famoso historiador romano Bruno Zevi.
Admitiendo que la arquitectura abarca un campo inmenso del conocimiento, Williams planteó como una de sus problemáticas fundamentales la necesidad de liberar el suelo de las ciudades, respetar y crear lugares verdes.
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