11 de diciembre 2001 - 00:00

Obras premiadas en el Museo de Bellas Artes

Para quien suenan las campanas, de Marie Orenzanz
"Para quien suenan las campanas", de Marie Orenzanz
El próximo martes, a las 19 se inaugurará la muestra de los Premios Banco Ciudad a las Artes Visuales, en el Museo Nacional de Bellas Artes. La convocatoria se ha propuesto el reconocimiento a la creatividad de los artistas argentinos, teniendo presente la pluralidad de orientaciones contemporáneas.

El Primer Premio ($ 30.000), fue para Marie Orensanz, que integra dos líneas constantes en su trabajo por más de tres décadas: el fragmentismo y el diálogo entre pensamiento y objeto. «De qué lado sopla el viento» es un texto sobre el muro, desplegado en un círculo, rodeando una hélice de acero. La obra tiene una referencia conocida, simbólica y se abre a distintas interpretaciones, sobre todo después del 11 de setiembre, que cambió aun en el mundo del arte, todos los criterios, categorizaciones y propuestas.

Los textos en su obra «Para quién suenan las campanas», son las distintas respuestas -«para los que juzgan», «para los que esperan»- y aparecen en los badajos de acero, de las campanas de cristal.

En 1998, cuando presentó en Bellas Artes «Las hojas de la vida», el texto aparecía sobre la pared blanca. El pensamiento «tomaba cuerpo» en una sala negra, y la llamada «historia de la búsqueda», se exhibía en una sala blanca: negro y blanco como resumen de todos los colores. «El pensar es un hecho revolucionario», trabajo en cemento de seis metros de altura, fue una de las obras seleccionadas para el «Parque de la Memoria».

En todas estas piezas la artista continúa trabajando en torno al fragmentismo: las hojas, los pensamientos, y también los mármoles. A mediados de los años 70, cuando se fue a Milán y después a Carrara, comenzó a utilizar fragmentos de mármoles con distintas simbologías (talladas) siguiendo la dialéctica del ir y venir, entre pensamiento y objeto. Eran ideas, conceptos, que apoyaban su discurso visual, pedazos de mármol de Carrara, que proponían un diálogo abierto con el espectador, que reconstruía así, el mensaje-fragmento con su propio pensamiento.

La retórica de Orensanz es, decididamente, de símbolos. Es un verdadero despliegue de una imaginación conceptual, en la que las palabras se unen y complementan con símbolos y formas muy organizadas. «Pensar es un hecho revolucionario, pensar es un trabajo que cada uno de nosotros debe llevar a cabo en todo momento... Pensar significa dudar, analizar, buscar, proyectar, dialogar. Es de esta forma como empieza la transformación. Transmitir la energía del pensamiento: esto es lo que quiero decir sin ornamentos, simplemente, haciendo un todo, una unidad, de gesto y pensamiento. Lo repito una vez más: producir cambios a través de las ideas...».

En estas frases Orensanz encierra el leitmotiv de su creatividad. El pensamiento es condición de toda transformación y ella ha plasmado su propia actividad mental en juegos visuales (símbolos matemáticos, flechas, líneas de puntos, rayas, números) que muestran, de inmediato, clara y sencillamente su forma de aprehender el mundo. Utiliza los símbolos de los códigos científicos pues a través de ellos no sólo propone aproximaciones, sino genera ideas adicionales. Con este procedimiento, logra algo así como una universalización de sus ideas.

En efecto, el lenguaje de la física es internacional, mientras los planteos que encabezan cada una de sus obras, están escritos en un idioma determinado. La polisemia de sus símbolos aluden al sentido de lo universal, ya presente en los postulados científicos o mágicos. La magia y la ciencia ofrecen su simbología a la creación en las artes visuales, a la multiforme imaginería de
Orensanz, permitiéndole universalizar su mensaje. Sus obras son, por este motivo, parcialmente descifrables y parcialmente herméticas, como lo es, por otro lado, toda escritura, todo acercamiento a la ciencia.

0En el diálogo con palabras y objetos, deja al espectador la posibilidad de elección, una opción real. Sus objetos tienen valor facultativo en el sentido de que la polivalencia y la ambigüedad que contienen, son un estímulo para lo que podríamos llamar la «creatividad receptiva a través del fragmentismo».

No hay posibilidad de contemplación pasiva frente a sus obras; provocado el asombro, el espectador aguza su ingenio. Ante lo indescifrable, pone en juego el motor de la interpretación estética. Transforma al destinatario haciéndolo razonar, proponiéndole enigmas y símbolos, explotando su capacidad de encontrar sentidos siempre renovados.

El conceptualismo siempre está presente en su obra, ya que sus símbolos son mensajes acerca de algo. Las capacidades de pensar y transformar se integran a una retórica dinámica. Es uno de los efectos buscados: el vaivén de una visión inicialmente desconcertada, frente a un universo simbólico cerrado, lleva a una lectura repetida de ambos tipos de signos: los lingüísticos y los no lingüísticos.

En ocasión de su muestra
«Fragmentismo» (París, 1978), señaló «El fragmentismo busca la integración de una parte de un todo, transformándose, por sus múltiples lecturas, en un objeto inacabado e ilimitado a través del tiempo y el espacio». Los bloques de mármol no son sino un ejemplo de esta parte que busca integrarse al todo, y decimos un ejemplo, porque el fragmentismo alude al mundo, comenzando por los seres humanos, partes de una realidad que se trasmuta continuamente y que admite numerosas lecturas.

En esta primera edición de Los Premios Banco Ciudad en el MNBA, el jurado estuvo integrado por
Alicia de Arteaga,Ana María Battistozzi, Fermín Fevre, Fabián Lebenglik, Ana Martínez Quijano, Rosa María Ravera, el autor de estas líneas y el presidente de la Fundación Banco Ciudadm, Aníbal Jozami. Al jurado local se incorporaron tres destacados críticos y curadores extranjeros, con vasta actuación internacional, Alfons Hug (curador de la próxima Bienal de San Pablo, a inaugurarse el próximo 23 de marzo), Llilian Llanes (Fundadora de la Bienal de la Habana) y Fátima Ramos (Directora de la Galería de Arte Culturgest, Lisboa).

Los jurados nacionales seleccionaron 96 obras, de las 1350 recibidas. Luego se incorporaron los jurados internacionales y junto a los críticos argentinos, otorgaron los siguientes premios entre las obras preseleccionadas:
«El anhelo de Berenice», de Martín Di Girolamo, obtuvo el Segundo Premio ($ 15.000) para un artista joven de menos de 40 años. También fueron discernidas cinco Menciones de 2.500 pesos cada una: la primera de ellas a Josefina Robirosa, Mención Especial del Jurado; «Espacios-Contenidos», de Lucía Pacenza; «Homenaje a Ernesto de la Cárcova», de Tomás Espina; «Autorretrato», de Mónica Van Asperen y «El vestuario», de Marcos López. Además el jurado decidió por unanimidad distinguir con una Mención de Honor al Video, «Hágalo usted mismo», de Federico Mércuri.

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